Militares e industria



Osvaldo Quinteros-. Debatiendo la nota de Marcelo Brignoni.


El movimiento obrero está en crisis por lo menos desde el menemismo. Es decir, la columna vertebral del peronismo fue puesta en crisis por el propio peronismo en el poder.
Pero hay otra columna vertebral histórica del peronismo, que la última dictadura militar eliminó, ademas de eliminar 30.000 personas, las mayorías de los cuales eran delegados fabriles peronistas: la dictadura militar terminó, a la larga, eliminando al propio Ejército por el desprestigio mundial que junto a la guerra de Malvinas, se ganó merecidamente.
El Ejército fue, en efecto, una columna vertebral del peronismo.
Por lo tanto, el peronismo que emerge de la democracia recuperada en 1983, necesariamente será otro. Un peronismo distinto.


Entre los rasgos distintivos del peronismo que vuelve a gobernar el país en 1989 y el que perdura hasta hoy, en relación al peronismo de Perón en vida siendo presidente, está la cuestión de que el de hoy es un peronismo más democrático, a la vez que menos distributivo. De hecho, el kirchnerismo, la rama del peronismo que se propuso reeditar -por lo menos en el discurso- al peronismo originario, dejó un país con un tercio de los argentinos bajo la línea de pobreza y un 40% de trabajadores en negro. Esos porcentajes distan mucho del país igualitario que dejó Perón al ser derrocado en 1955 y aún, en el tercer gobierno, tras su muerte en 1974.



Se suele adjudicar al cambio de contexto mundial que hoy en día, desde 1989, el peronismo sea menos autoritario.  Lo cual es cierto. Perón fue contemporáneo a Stalin, a Franklin D. Roosevelt, a Mao, y a varios militares latinoamericanos que abogaban por un antimperialismo al que Perón le agregó los intereses de la clase obrera y una fuerte alianza con la Iglesia Católica, que luego se quebró y en buena medida precipitó el Golpe de Estado conocido como Revolución Libertadora. De la cual, Gonzalo García Garro ha hecho un excelente recuento histórico.



Sin embargo, la mayoría de los analistas no considera el factor del debilitamiento militar y su quiebre perdurable con la sociedad y los partidos políticos mayoritarios tras la última dictadura militar y la derrota de Malvinas.

La alianza del peronismo con los militares posibilitó, por un lado, efectivizar ese clima de época de autoritarismo, aún cuando el gobierno de Perón fue sin dudas democrático y más aún para los estándares de su época y la historia anterior de Argentina. Pero también la alianza con los militares permitió enormes progresos en material industrial, en aviación, en industrial mercantil, en tecnologías para el desarrollo.
Porque Perón suplió la carencia de una burguesía nacional, en estos sectores estratégicos de la economía, por la inversión estatal. El instrumento fueron las fuerzas armadas.
Incluso, caído Perón, buena parte de ese legado fue conservado por las diversas dictaduras que le siguieron. He incluso, los gobiernos radicales surgidos de la proscripción del peronismo, también continuaron con los grandes ejes de ese modelo económico, un poco por ideología, otro poco por el condicionamiento militar al que se veían sometidos y otro poco, por supuesto, por el clima de época: el Plan Marshall y el legado de Franklin D. Roosevelt en EEUU habían creado lo que se conoce como Estado de Bienestar, cuya ejecución en Argentina, la realizó Juan Domingo Perón.

La nota de Marcelo Brignoni pasa por alto que Perón fue desalojado del gobierno por un Golpe de Estado militar, aún cuando casi todos los historiadores coinciden en que la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas de la época apoyaban al peronismo o apoyaban la institucionalidad. Una minoría, especialmente sanguinaria, quería el golpe. Lo intentó varias veces y fracasó. Hasta que la escalada sangrienta de estos sectores antidemocráticos, que llegaron al punto de bombardear civiles en Plaza de Mayo, terminó inclinando la renuncia de Perón.
No fue el único factor, pero sí el decisivo.
El planteo de Brignoni, respetable, inteligente y válido para discutir, pasa por alto que si Perón no renunciaba, ingresábamos a una guerra civil o hubieran escalado las acciones militares de los golpistas sobre los civiles.
Por lo cual, la pregunta sobre si defender un proceso popular junto a los militares, además del planteo ético que incrimina, carece de eficacia, por lo menos en lo que hace a la historia argentina inmediata y su principal movimiento nacional y popular, el peronismo, instrumento sin el cual ningún proceso popular es posible.