El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

¡Me abandonan los sirvientes y las criadas!


Sara Elena Bruchez De Macchi-. Los dilemas de los colonos europeos que llegaban a San José, Entre Ríos, con sirvientes y criadas que, acá, podía ser libres y ascender socialmente.


Algunos colonos llegaban asociados con solteros, que luego se casaban con mujeres
del lugar, vendían su parte y pasaban a integrar una nueva familia. Tal el caso de G. M.,
Sastre, que adquirió 16 cuadras conjuntamente con dos solteros. Al deshacerse la sociedad
uno de los solteros "se casó algún tiempo después y entró en una nueva familia. F...
queda en la Colonia y tal vez se case también. Mientras que G. M... decidió radicarse en
el Uruguay para trabajar en su oficio". Y continúa el informe de Alejo Peyret:
"...Hay que agregar una porción de solteros que se fueron a Paisandú o al Uruguay;
entre 1os últimos llegados uno padecía nostalgia y después de rematar trastos
y herramientas partió para Europa y otro saboyano medio loco, se ahorcó en
su rancho...
.
Muchas familias traían consigo sirvientes que, una vez en la colonia, las abandonaban
para buscar trabajo en las poblaciones próximas.
Tal el caso del colono J. Clavien quien, según los informes de Peyret, había traído peones de Europa que luego lo abandonaron dejándolo solo en compañía de una sirvienta. Por esa razón vióse obligado a vender la mitad de su terreno a otro colono.
Resabio de viejas estructuras sociales los sirvientes que trajeron algunos colonos,
aun en el supuesto caso de que fueran asimilados a la familia en calidad de parientes subalternos en estas tierras abandonaron su condición social y al amparo de leyes protectoras encontraron libertad de trabajo y oportunidades de movilidad social.

Por el artículo 12º del contrato todo individuo o familia que abandonare la colonia sin el
consentimiento de la administración sufría la pérdida de todos sus derechos, debía reintegrar
el importe de su deuda y abonar una multa de 200 pesos en concepto de indemnización.

El colono Juan Luis Bené había traído un criado que se escapaba con frecuencia. En momentos
en que huía hacia Paysandú fue detenido y enviado a la residencia de San José donde
al parecer ya había estado preso en otras ocasiones y según sus manifestaciones "con barras
de grillos". El colono Bené pide, por mediación de Peyret, que no se lo castigue tan severamente
pero sí que se tomen medidas para que le abone la deuda. Sugiere que se le dé trabajo en San José y luego se le embargue el sueldo hasta cancelarla totalmente. Así lo expresa el Administrador de la colonia al General Urquiza en carta fechada el 17 de marzo de 1858.
La benevolencia del colono-patrón al liberar a su sirviente de la prisión por deudas perseguía un fin pragmático: cobrarse la deuda.

Los inconvenientes derivados de la contratación de sirvientes se manifestaron de inmediato, Carlos Sourigues, el agrimensor que delimitó las parcelas de la colonia, le advirtió al presbítero Cot, en vísperas de viaje de éste a Europa para contratar a futuros agricultores, que la experiencia aconsejaba que las familias no trajeran sirvientes
"...porque estos aquí abandonan sus patrones y quedan entonces las familias solas..."
.
Existe un contrato leonino celebrado en Fenestrelles, provincia de Turín, el 3 de setiembre
de 1859 entre Jean François Ramat en su condición de contratista y Antoine
Bernard, hijo de Alexis Luis, en la de contratado. Por el mismo, el primero se comprometía
a pagar los gastos de viaje desde Génova hasta la colonia San José a Antoine Bernard,
mantenerlo durante un año a contar desde el día del desembarco y de proveerle
zapatos a cambio de trabajo "consciente" en favor del señor Ramat. Aquél se comprometía
a no abandonar su servicio por ningún motivo, ni siquiera por enfermedad. En este último caso debía compensar el tiempo perdido y pagar al patrón 75 céntimos por día de enfermedad. Además debía abonar al mismo en el término de dos meses posteriores al vencimiento del tiempo convenido para el servicio (no se estipula en el contrato), la suma de 50 libras. El contrato, del que se firmaron dos ejemplares del mismo tenor incluidos los testigos del caso, lleva al pie la firma de Jean Francois Ramat acusando recibo, el 11 de octubre de l859, de la suma de 40 francos a cuenta de los 50 convenidos.
El 31 de diciembre del mismo año se embarcaron desde Génova rumbo al Río de la
Plata, donde llegaron el 7 de abril de 1860.
Desconocemos datos posteriores de los protagonistas, si se cumplió el contrato e incluso
cómo éste pasó a integrar los papeles de la Administración ya que se trataba de un
compromiso particular contraído en Europa.

A poco de producirse la llegada de los primeros colonos no faltó quien viera en la
presencia de estos infelices desarraigados la conveniencia de reclutar mano de obra para
el servicio doméstico. Peyret le escribe a Vicente Montero, cuñado y a la sazón encargado
de la Secretaría Comercial del General Urquiza:
“La niña que Ud. ha pedido irá pronto al pueblo; no he podido encontrar francesa:
es alemana, pero es muy inteligente, y pronto ha de aprender el castellano. El
Sr. [...] tiene criado alemán y se entiende perfectamente con él. Sin embargo, sí
no le conviene, buscaré otra. La francesa de que le hablé no puede ir porque su
madre la necesita..."
.
Pocos días después la “alemanita” llega a la casa de Vicente Montero en Concepción
del Uruguay resultando del agrado de la señora quien, al parecer, quería conservarla por
tiempo indefinido pues Peyret le solicita una definición sobre sus pretensiones:
"...Relativamente a la joven alemanita es preciso que Ud. me indique de un modo
menos vago lo que Pretenden su señora e hija. Pienso que el padre no querrá llamar
a su hija tan pronto; pero tampoco creo que consienta en separarse de ella por un
espacio eterno de tiempo. En fin [ilegible] Ud. algo de determinado, y me parece que
no será difícil conseguirlo"