Macaferri & Asociados y Bob Dylan



Lucas Carrasco-. El kirchnerismo aniquiló el concepto antropológico de "Relato". El macrismo terminará aniquilando el marketing político. ¿Está bien que así sea?


En las Ciencias Sociales, dentro de las cuales (nos guste o no), figura el Marketing y, en un apartado especial, el Marketing Político, existe un desprestigio fundado en la desconfianza hacia esta última disciplina. En parte, esa desconfianza del Marketing por parte de las Ciencias Sociales mayormente consolidadas, se debe a que es una disciplina novedosa. En cierto modo, transita el período de prueba y error que transitaron la Sociología y la Psicología, dos disciplinas científicas que hoy nadie duda que tienen fundamentos duros. Durante mucho tiempo, no fue así.
Lo mismo le sucedió a disciplinas de las Ciencias Sociales más novedosas, como la Semiótica, la Lingüística, los Estudios Culturales, la Psicología Social.
Por otra parte, la desconfianza de las Ciencias Sociales hacia el Marketing se funda en su estatuto epistemológico: el Marketing es puro empirismo, sus categorías provienen de la academia anglosajona y están inscritos dentro del neopositivismo, que es ampliamente rechazado en las universidades argentinas de Ciencias Sociales.


Esta insalvable diferencia conceptual funda la desconfianza, pero se termina de consolidar esta desconfianza cuando personajes grotescos como Durán Barba, irrumpen en la escena pública con sus innumerables chantadas.
Sin embargo, el Marketing Político no para de avanzar. Incluso a contramano de sus verdaderos alcances, bien explicados en esta nota.
¿Está bien que sea así?
¡Yo que sé!

Yo  no  sé  nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
Él  no  sabe  nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada.

Bah, sé algo, o no lo sé pero estoy seguro: me tienen podrido los que se paran en su propio púlpito imaginario para lanzar discursos planos en el plano de la admonición.

El desprecio por el empirismo es lo que ha sumido a las Ciencias Sociales argentinas, antes un faro intelectual en el mundo, en su actual decadencia.
No es justo generalizar, pero sí remarcar que en Argentina imperan criterios sociológicos en desuso en el mundo. Que no aparecen nuevas camadas de intelectuales y que sí avanzan, con los marcos conceptuales e ideológicos anglosajones, los cientistas políticos con una precariedad alarmante. La pasean, a su precariedad, como si fuera una carroza fúnebre tirada por seis caballos con un espantapájaros de papel maché. Como hizo Oliverio Girondo en el primer gran hito del Marketing Literario en Argentina y el mundo.


La Ciencia Política, así como la Comunicación Social en los noventa, se puso de moda durante el kirchnerismo y es probable que se prolongue algunos años más, saturando un mercado laboral inmenso pero aún así.
Son la disciplina que provee de explicaciones a los abogados que ejercen la política práctica. brindan un marco teórico que, cuando fracasa, deriva en los bordes de la Comunicación Social, echando por la borda los marcos teóricos de esta disciplina de avanzada, la Comunicación Social, para reemplazarlos por análisis bobos del "rol de los medios" que parecen hechos por estudiantes de primer grado. Consuelo de lo que no cierra. Las tuercas del Mecano que se hace Robotech, como previó Aristóteles: el acto en potencia. Pero con la potencia imaginada. El camión que tiene que transformarse en tanque se transforma en tanque con las tuercas del Mecano de la Comunicación. Material interminable para boludos extensos. E intensos.

La constante de condiciones opuestas es la misma:





El empirismo también fue rechazado en la Comunicación Social y aún, en buena medida, lo es en las aulas donde se cursa. Claro que los estudiantes que salen de los claustros y empiezan a trabajar en los medios, cuando trabajan en medios de comunicación de alto perfil, se preocupan obsesivamente por las audiencias, el rating, etc. Es decir, el empirismo. Y está bien, qué se yo.
La misma analogía se da en el campo de la Sociología con las encuestas. Se las desconoce o minimiza en el debate intelectual del campo sociológico, se las utiliza como droga en la aplicación práctica.
Estos prejuicios no existen en la Ciencia Política, que en la búsqueda de legitimación científica y límites disciplinarios propios, apela a la matemática e incluso, a conceptos organicistas, rememorando el viejo positivismo.



El Marketing Político va a entrar en la bancarrota producto de Cambiemos, dado que es utilizado como excusa para no hacer críticas de fondo, de la misma manera que la concepción antropológica de "Relato" durante el kirchnerismo.

Por algún motivo que excede a estas líneas, en Argentina nunca la oposición cuestiona frontalmente el programa político del gobierno, sino que lo toma por impostor de sus propias ideas. De sus propios propósitos. Aún cuando luego, con el tiempo, esa crítica al "maquillaje" y una supuesta hipocresía, se vuelva sí una crítica de fondo. La oposición presenta a los gobiernos como anomalías de un transcurso histórico inalterable, en una teleología que el propio gobierno, en sus momentos fuertes, toma para sí como mística fundacional. Un mecanismo que se repite. Con la obsesión de un Mecano. No el grupo, el juego.
Por eso los gobiernos suelen repetir, ante cada adversidad, que el problema fue que "no profundizamos el modelo" y que los candidatos son "el proyecto". Estos dichos, con evidente tinte K, tienen su correlato hoy con la aparición, por derecha, de ideólogos que corren por derecha al gobierno. En los mismos ámbitos simbólicos donde antes corrían por izquierda al gobierno K.

Todas cuestiones menores que, como las transeúntes de las que nos enamoramos por un instante antes de no volver a verlas nunca más, pronto olvidaremos. Y está bien que así sea.