Los mensajes contradictorios de Bordet



Alexis Gravier-. Por qué no resulta creíble que Bordet esté defendiendo los intereses de la provincia y no, en verdad, sus intereses personales.


En los análisis políticos se suele dar extrema importancia al marketing de la campaña o a hechos coyunturales, a los cuales a menudo se les asigna el mote de "cisnes negros" para explicar el error del analista o el publicitario.
Un análisis profundo del fenómeno electoral no debe soslayar sin embargo la importancia del marketing político por sus signos y mensajes al elector. Eso sí, cuando los signos y mensajes son contradictorios, el marketing político se vuelve una herramienta en contra de quienes creen que los benefician. Es el caso de Somos Entre Ríos. Una herramienta que nació muerta.

Ni es copiando la campaña del adversario ni tratando de confundir los intereses personales del gobernador con los de la provincia como va a remontar una elección el peronismo.
Desde un principio advertimos que la provincialización de la campaña y la creación a destiempo de una nueva marca política, iba a resultar en un fracaso.
Hemos escrito bastante sobre el asunto.
En esta nota nos enfocaremos sobre otro tópico: por qué no resulta creíble que Bordet defienda los intereses de la provincia.



Al ponerse el gobernador Bordet en el centro de la campaña para las PASO y fracasar electoralmente, dado que con la friolera de 10 listas estuvo igual 5% abajo de Cambiemos, resulta difícil explicar ahora que en realidad se defienden desde el peronismo los intereses provinciales y no los personales de quien pidió que lo voten a él, aún no siendo candidato.

El marketing político no es solo diseñar un buen afiche. Si se insiste en que "Somos Entre Ríos" la foto con Sergio Massa al otro día del cierre de listas no se entiende. Menos se entiende la carga dramática de pseudofederalismo en la nueva estrategia de campaña: después de todo, solo se elige si Cambiemos pone un tercer diputado nacional o si lo hace Sergio Massa, a través de Gustavo Zavallo, candidato a diputado nacional por Somos Entre Ríos y perteneciente al Frente Renovador.
Menos se entiende el giro discursivo del acto en Villaguay, con escenario copiado al PRO pero elogiando a Busti y Urribarri (sin nombrarlos) y a "Néstor", en referencia a Kirchner.
Menos que menos se entiende que el día de la elección el gobernador anunciara que "estamos debajo por 5 o 6 puntos, es fácil de remontar" y se fuera de vacaciones al exterior para al volver anunciar que va a echar a todos los funcionarios porque perdió la elección. Para luego salir a aclarar que echaría a algunos. Para luego dejar en el olvido ese ataque de autoritarismo.



Como era previsible ante una derrota que nadie esperaba dentro de la clase política y la prensa (con excepciones, la mayoría de las cuales se leyeron en estas páginas por diversos autores) hoy nadie sale a dar la cara por Bordet. Logró el efecto contrario al que buscaba. Y en vez de imprimirle dinámica a su gobierno, arrojó un frenesí de iniciativas sin concreción a la vista, dispersas y sin un objetivo político claro, lo cual es difícil que sea trasladado con éxito al ámbito publicitario.
En la dirigencia política se da por descontado que el peronismo perderá y ya se acomodan para el escenario que viene, aunque cumplen formalmente con decir lo contrario. Lo cierto es que los candidatos no brillan, no hay línea política, la estrategia publicitaria quedó desacoplada del contexto y las perspectivas son pesimistas.
Lo más curioso, sin embargo, es lo que sucede en el tinglado de Cambiemos.

Sabiéndose seguros ganadores, no hacen olas.
Sus segundas líneas sacan alguna que otra declaración pero sin buscar mover el avispero. Trabajan con la comodidad de que el tiempo les juega a favor.
Los candidatos, con excepción parcial de Atillio Benedetti, que encabeza la lista, son desconocidos, pero la marca Cambiemos es fuerte.
Se ven beneficiados también por el centralismo de Cristina Kirchner, cuyo rechazo es alto en todo el país, pero es más alto en Entre Ríos que en provincia de Buenos Aires.
Pero a la vez, Cristina tiene un discurso, una estética, una línea política, un proyecto y un piso alto de votantes que saben lo que quieren.
El excesivo empeño de Bordet durante dos años en despegarse de quien aplaudió durante 12 años, no le ha redituado nada, excepto quedar desperfilado y sin norte. La idea de "alambrar" la provincia ha fracasado. El Plan B, hecho a las apuradas, no parece estar funcionando.

Con independencia de las valoraciones ideológicas, los hechos van decantando. Aunque ya estaban presentes en el escenario: el gobernador se acercó a Cambiemos, se sacó mil y una fotos con los funcionarios del gobierno nacional, para obtener poco y nada a cambio, a juzgar por los resultados, provincializar la elección sin éxito y pegar un giro de 180 grados tras las PASO. En ese giro actuó en solitario. O por lo menos, así aparece en la escena pública.
De manera que es difícil subestimar tanto al elector y hacerle creer que lo que decían los afiches, que había que votar por Bordet, hoy a que hacerlo por los intereses de la provincia. Es subestimar al elector confundir los intereses provinciales con los intereses personales del gobernador. Más allá de que es poco ético, además.