La primavera del narcoboludeo



Lucas Carrasco-. Cantando "Vuelve, Vuelve Primavera" el gobernador Johny Tedesco reflota una fracasada idea para contentar a la policía entrerriana, que mira la preciada caja de las coimas a los dealers evaporarse, al son de los operativos -un tanto más serios- del Ministerio de Seguridad de la Nación. Que excluyen, sistematicamente, a la Policía de Entre Ríos.




El gobernador Leonardo Simons se ha transformado en Johny Tedesco para cantar "Vuelve, Vuelve Primavera" y muestra un activismo hiperactivo, valga la redundancia, que incluye estadías en Entre Ríos casi mensuales, por el dramático fracaso electoral. Las playas de todo el mundo extrañan a ATER, la agencia recaudadora de impuestos a los trabajadores. Sienten nostalgia de la chamarrita de las divisas. Incluso se preguntan, azorados, los gerentes de los hoteles de lujo en el Caribe, sino será que a la ATER se le fue la mano extirpando el bolsillo de los trabajadores entrerrianos, los únicos que pagan impuestos.




Este hiperactivismo incluyó una jornada interminable de casi cuatro horas de estadía en Entre Ríos, donde Leonardo Simons le dio una réplica del bastón de mando a Jorge Busti, festejando que hacía 30 años había ganado una elección. Un festejo que conmovió a los medios oficialistas hasta el punto de que lloraban en las redacciones y hasta hubo quien quiso arrojarse por el balcón "ante la tremenda injusticia de que no se le haga un homenaje a Busti todos los días". A punto de conmemorarse cuatro días de que hace treinta años Busti ganaba una elección, el show de la demagogia está en su punto sublime con la vuelta del narcoboludeo.


La cuestión del narcoboludeo llega en un momento crítico para la policía de Entre Ríos, que ya desangró a los motociclistas y necesita "adicionales" en negro. Con tanta inflación, los prostíbulos no alcanzan para abastecer las comisarías. El asado está carísimo. Y la parte más jugosa del negocio policial la tienen los dealers, cuya concesión, en exclusividad, está en las fuerzas represivas nacionales desde que asumió Cambiemos. Una franquicia tan disputada ameritaba un revival.
Hay que tener en cuenta que la policía confiaba en un triunfo de Scioli, lo que hubiera sido una verdadera fiesta para los milicos, cuya gran aspiración es parecerse, en volumen de negocios, a la Bonaerense.
El repetido intento de dotarles de estas cajas ilegales, de la franquicia de extorsionar kiosquitos, huele a viejo. En esta reedición no hay selfie con la albañil más famosa de Entre Ríos, la presidente del Comando Superior del Tribunal de Justicia, ni el Don Ramón de la Procuración, Amílcar García. Hoy prefieren, leyendo las encuestas electorales, ponerse a disposición del vencedor. Como ayer. Como siempre. Lo que cambió fueron los vencedores.

Cuando Busti tenía el bastoncito de verdad y estaba terminando su primera gobernación, sucedió una anécdota, que cuenta el propio protagonista ahora que juega con un bastón replicado.
Humberto Varisco había vencido a Juan Domingo Zacarías para la intendencia en Paraná, a la par que Busti había ganado la gobernación.
Sin embargo, Zacarías se acercó a la Casa de Gobierno y se solidarizó con Busti "por su derrota en Paraná".
Fue un precursor de la Albañil y Don Ramón.



Los bloques de Cambiemos y los fragmentos del Frente Renovador (que logró renovar, hasta el día de la fecha, el bastoncito de mando a través de una réplica) salieron inmediatamente a dar el sí, antes de leer la ley, que por cierto, ni siquiera fue escrita. Nadie quiere quedar mal con la cana y se presume que Leonardo Simons, como en todos los temas de negocios, lo consultó primero con su jefe, Rogelio Refrigerio, que tiene un "emprendimiento" en la zona donde llegan las avionetas procedentes de Paraguay, para luego ser embarcadas hacia Tigre, donde se renueva con paracetamol. Esa zona del negocio tiene una escala demasiada alta para la policía local, que debe esperar que el remanente pase por la Ruta 14 y llegue a los barrios marginados, con tantos cortes que más que dealers parecen piqueteros.

"Sí, se puede" gritaban los presidentes de bloque, a coro. A favor de una ley que aún no se ha escrito. La idiota pero lucrativa idea de la guerra contra las drogas contiene hipocresías varias, hasta las más ridículas, como fue en este caso: legisladores diciendo que van a votar una ley que aún no está escrita. Ley que, además, ya fue rechazada por los dos jueces federales que hay en esta provincia africana. Por el que trabaja y por el que adhiere. Los dos.

Entre los bochornos, en aquella anterior primavera cuando la ley del Narcoboludeo fue utilizada como papel higiénico por los jueces federales, el célebre Enrique Cresto presentó una ley donde obligaba a todos los funcionarios políticos a realizarse un test semestral sobre drogas, para ver si habían consumido. Se aprobó por unanimidad. En los hospitales prepararon las salitas de espera. Pusieron flores de plástico. Barrieron. Taparon las goteras. Cosieron las cortinas. Le pusieron cinta adhesiva a las patas rotas de las sillas. Y se sentaron a esperar.
Desde la vigencia de esa ley fascista votada por unanimidad hasta el cierre de esta nota (cuando se conmemoran 4 días de los treintas años que Busti ganó una elección) se hicieron el análisis obligatorio la totalidad de CERO funcionarios.
En hipocresía éstos cachivaches le ganan a la DEA, incluso.