La firma



Manuel Langsam-. El mejor momento en la vida de un gaucho judío inmigrante en estas lejanas tierras


No creo que sea cierto.  Más bien, estoy seguro que no es cierto. Pero me llegó esta historia que repito porque también puede ser posible. Y quien me la hizo llegar afirma que es verídica. Bien pensado, puede ser verídica. Debemos ubicarnos en la época y con la gente de esa época.
Entonces, aquí va, y que cada uno la tome como mejor le parezca. Al menos, me reconocerán que es simpática.


Fines de la década del 40 o primeros años del 50. Aún vivían muchos inmigrantes de la última oleada colonizada por la Jewish. Agricultores-ganaderos improvisados que buscaban salir adelante con trabajos que antes nunca habían realizado. De esa gente a la que Eichelbaum definió como

“agricultores que sembraban trigo y cosechaban doctores”.

Rápidamente fueron aprendiendo las tareas rurales orientados por los nativos del lugar, gente con la que tuvieron muy buenas relaciones.

Los que llegaron más grandes casi no aprendieron nunca a leer y escribir en castellano. Acaso, y con dificultad, solo podían garabatear una firma.


Muchos de ellos recién estaban saliendo de las deudas hipotecarias contraídas por las tierras recibidas. A veces deudas que venían de arrastre de la época de sus padres.

Así que fue motivo de gran satisfacción para un colono que pagó la última cuota de la hipoteca y quedo a la espera de la citación para la entrega del título de propiedad del campo que había trabajado durante muchos años.

Cuando lo citaron, vino a Domínguez a la oficina de la Jewish, en donde  lo estaban esperando el administrador y el escribano. Ambos lo felicitaron, le leyeron la constancia de levantamiento de la hipoteca, y el escribano le alcanzó el título diciéndole: ahora tiene que firmar en donde yo le marqué, acá, acá y acá…



El hombre los miró, pidió permiso, se levantó y fue hacia la vereda en donde lo estaba esperando su hijo en el sulky y le dijo: Danielito, desatá el sulky, dale agua al caballo y déjalo en la sombra para que descanse.  Yo me voy a demorar un rato. Tengo que firmar ¡¡tres veces!!