El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

La calesita de Bordet



Martín Vázquez-. No es la unidad lo que le falta al peronismo entrerriano, sino un líder que efectivamente lidere y efectivamente sea reconocido como tal.


Los calculados saltos de una posición política a la contraria por parte de Gustavo Bordet, finalmente le están pasando factura.
Usado por Cambiemos a cambio de nada, detestado por los kirchneristas a los que provocó gratuitamente, aliado a lo que fue el Frente Renovador pero sin que sus electorados acompañen a los dirigentes, Bordet se puso en el centro de la campaña para las PASO buscando plebiscitar su gestión, que es de una mediocridad alarmante, con el agravante de que perdió. Evidentemente, no hubiera arriesgado tanto de haber creído que ganaba. ¿Lo operaron desde Cambiemos con encuestas falsas? Algo de eso puede haber. Hay que recordar que desde el Grupo Clarín, por ejemplo, se habló durante dos años de la excelente gestión de Bordet. También, sintomáticamente, mostraban encuestas que daban a Cristina Kirchner arrasando en provincia de Buenos Aires. Ninguna de las dos cosas que decía la usina paraestatal de Cambiemos, eran ciertas.
El problema que enfrenta el peronismo entrerriano no es la falta de unidad, sino la ausencia de liderazgo.



El liderazgo vacante que dejó Urribarri no lo pudo llenar Bordet. Quizás por sus limitaciones personales, quizás por estar mareado de tanto darse vuelta, lo cierto es que su gobierno carece de iniciativa, difícilmente los ciudadanos de a pie puedan mencionar algo positivo del gobierno más allá de la actitud calma y respetuosa del gobernador. Tantas vueltas ideológicas dio en la calesita política que la terminó chocando.
A la par de ejercer el cargo de gobernador con esta mediocridad, Bordet cometió el error de congelar el Partido Justicialista. Al congelarlo, obturó el debate sobre las causas de la derrota de Scioli y la intendencia de Paraná y sobre el porvenir del peronismo.

Así como en provincia de Buenos Aires lo que le falta al peronismo es unidad -porque el liderazgo de ese sector, por parte de Cristina Kirchner, fue revalidado en las urnas- en Entre Ríos pasa exactamente lo contrario. El problema no es la unidad sino la falta de liderazgo.
Es en este marco donde Bordet deberá transitar los dos años que le quedan de mandato.
Hasta ahora ha demostrado pocos reflejos políticos ante escenarios nuevos.
Pero el conjunto del peronismo seguramente reaccionará, a pesar de la actitud del gobernador.



Una salida política de este entuerto podría ser renovar la cúpula partidaria. Poner a Urribarri de Presidente del Partido Justicialista (la idea no es mía) y rodearlo con los dirigentes que han ganado en sus ciudades.
A la vez, darle mayor participación en los cargos de gobierno a los dirigentes de Paraná que puedan llevar adelante una renovación, en vez de la vieja camada que se transformó en mariscales de la derrota. Sabiendo que a este ritmo será muy difícil ganarle a Varisco en 2019 si se presentara a la reelección.
La plana mayor del gobierno provincial no tiene un solo dirigente nuevo y prometedor que sea de Paraná. Aunque tampoco tiene ministros que se luzcan o que tengan iniciativas políticas, a falta de iniciativas gubernamentales.

Otro elemento que podría hacer menos tortuosos los dos años que le quedan de mandato al gobernador, sería ponerle un rumbo ideológico, centralizarse en un objetivo común a todas las áreas del Estado. Hacer público ese objetivo y cuantificar la posibilidad de lograrlo.
Ni siquiera es necesario obtener financiamiento adicional, sino que con los recursos disponibles, utilizarlos con coherencia, que todos los funcionarios sepan cuál es el norte del gobierno, hacia una dirección unificada bajo un eslogan eficaz, capaz de ser instalado en la mentalidad de los ciudadanos.

Un ejemplo es el "primero los gurises" de la primera gobernación de Busti. O el "cada día una obra nueva" de Urribarri. Ambos dejaron esa marca, ese legado, más allá de que en los hechos haya sido, quizás, una exageración. Es otra discusión.

Si bien hasta ahora el gobierno de Bordet carece de legado positivo, tampoco carga con un legado negativo como Moine (a quien la gente recuerda por los despidos de empleados públicos) o Montiel con los bonos federales.

En la apabullante propaganda de Bordet disimulada como "publicidad oficial", él mismo se elogia diciendo "no despedimos empleados públicos", "los salarios se actualizaron de acuerdo a la inflación", "pagamos los salarios todos los meses". Todas cosas ciertas, pero básicas. Elementales.
Ese elementalidad podía funcionar luego de un gobierno que debiera meses de sueldos (como el de Montiel) o que hubiera despedido gente (como el de Moine) pero ambos gobiernos ya quedaron lejos de la memoria de la gente y aún para quienes los recuerdan, esperan que ningún otro gobierno pase esa raya pero que tampoco se limite a ponerse solamente esa meta. De hecho, estaría incumpliendo las promesas electorales.