Exterminio de la Nación Charrúa



Wilson Mesa-. El poco conocido plan de exterminio sistemático de los charrúas en el Uruguay.


“Mirá Frutos, tus soldados matando amigos”, le gritó el cacique Vaimaca Perú a Fructuoso Rivera, mientras los hombres del primer presidente de la República masacraban a traición a los charrúas en Salsipuedes.




Esta matanza ocurrida el 11 de abril de 1831, durante la primera presidencia de Rivera en Uruguay, dio inicio a un plan de exterminio de los indios charrúas.
Para ejecutar el crimen los indios fueron llevados mediante engaños a reunirse con las tropas del presidente. Una vez allí, según el relato de Acevedo Díaz, basado en los apuntes inéditos de su abuelo Antonio Díaz,
“el presidente Rivera llamaba en voz alta de amigo a Venado y reía con él marchando un poco lejos”.
 En presencia de tales agasajos, la hueste avanzó hasta el lugar señalado y a un ademán del cacique todos los mocetones echaron pie a tierra. Apenas el general Rivera, cuya astucia se igualaba a su serenidad y flema, hubo observado el movimiento, dirigióse a Venado, diciéndole con calma: “Empréstame tu cuchillo para picar tabaco”. El cacique desnudó el que llevaba a la cintura y se lo dio en silencio. Al tomarlo, Rivera sacó una pistola e hizo fuego sobre Venado. Era la señal de la matanza”.
Esta es la acción más conocida, la de Salsipuedes. Pero los charrúas no fueron atacados en una sola oportunidad, fueron tres y en lugares diferentes: en el paso del Sauce del Queguay, en Salsipuedes y en el paraje llamado la Cueva del Tigre.


Una de las masacres más terribles fue la ocurrida en la “estancia del viejo Bonifacio Penda”. Participaron el capitán Fortunato Silva y cuarenta hombres destinados por Bernabé Rivera. Según un relato de Manuel Lavalleja, Bernabé Rivera persiguió a los que habían escapado de Salsipuedes y al cacique Polidoro.
En camino se encontró con el cacique Venado que estaba con doce charrúas. Bernabé habló con Venado y le prometió entregarle su familia y las de los demás si se sometían al gobierno y a vivir en un punto que le designasen sin salir de ahí. Venado aceptó y se entregó, marchando él y los suyos con Bernabé. Este los mandó a Durazno, diciéndole a Venado que era para que recibiesen a sus familias. Le entregó una carta para entregarle a Fructuoso Rivera para que diese a las familias. Junto con Venado y el resto de charrúas, Bernabé mandó un oficial con un asistente.

Luego, Bernabé mando a Silva y los 40 hombres a la estancia para que se emboscaran hasta que llegara Venado con el oficial que lo acompañaba. Se ocultaron y esperaron a que los charrúas dejaran sus lanzas y fueran a la cocina. Una vez ahí, los charrúas fueron fusilados.

Otra fue en la barra del Mataojo Grande. Sucedió el mismo año de 1831. Bernabé Rivera y sus hombres dan muerte a quince indios, dos caciques, toman 26 hombres y 56 personas mas entre mujeres y jóvenes de ambos sexos. Lograron escapar 31.



“Yacaré Cururú”, la venganza

Los charrúas se tomaron la venganza matando al responsable directo del exterminio: Bernabé Rivera, sobrino de Fructuoso. El 16 de agosto de 1831, Bernabé se encuentra en la barra de Yacaré Cururú con un grupo de charrúas. Eran más de treinta, pero Bernabé vio solo a algo más de 10.

Los charrúas al ver a Bernabé emprendieron la retirada y éste los empezó a seguir, creyendo que serían presa fácil. Sin embargo, luego de un tiempo de persecución, tenía sus fuerzas bastante separadas uno de otros y con sus caballos cansados. Así, dieron vuelta los charrúas y empezaron ellos a atacar. En ese momento fue sencillo hacer prisionero a Bernabé, luego de que su caballo rodó.
Ya los charrúas habían matado varios de sus hombres.

Atrapado Bernabé, lo empezaron a culpar por los asesinatos de los compañeros y sus familias.

Fue un charrúa llamado “cabo Joaquín” quien lo atravesó de un lanzazo y luego de él lo hicieron otros.
Bernabé murió, le cortaron nariz y venas para envolverlas en las lanzas.
Los charrúas fueron liderados por el cacique Sepé”.

Finalmente digamos que los restos del cacique Vaimaca Perú, traídos de Francia en el año 2002 , fueron “depositados” en el Panteón Nacional, a muy poca distancia de los de Bernabé Rivera.



Los descendientes charrúas en Uruguay reclaman que dichos restos sean llevados a Arerunguá, en Salto, el lugar que Artigas había destinado para que los charrúas vivieran a su albedrío.

También tengamos claro que los charrúas inmortalizados en el monumento de Pratti, Furest y Lussich (Vaimaca Perú, Senaqué, Tacuavé y Guyunusa) no fueron los últimos por cierto, pero nos recuerdan lo que el Estado Oriental hizo con ellos.