El lado oscuro de la inmigración



Sara Elena Bruchez De Macchi-. Sabido es que los colonos fundadores de San José venían destinados a Corrientes y que, por razones ajenas, debieron recalar en Entre Ríos. El rol de Alejo Peyret en estas travesías.


Procedían, en su mayoría, de varios cantones suizos, franceses y alemanes, aunque predominaban los franceses del cantón de Valais.

La colonia prosperaba, pese a sufrir los inconvenientes propios de toda obra en sus inicios.
Nuevos contingentes de inmigrantes acudían a San José: unos, ante el llamado de parientes y amigos; los más, reclutados por los agentes de inmigración que vieron en esta actividad una fuente importante de recursos.

Peyret da aviso de continuo sobre el movimiento de población de la colonia, los que llegaban, los que la abandonaban voluntariamente y los que quedaban en el camino.


Los trastornos propios del desarraigo abundaban.
Las muertes ocurridas en alta mar, los naufragios como el ocurrido al barco francés Galilée en la noche del 16 al 17 de marzo de 1861, las enfermedades que demoraban a los futuros colonos en el puerto de Montevideo o los retrasos en puertos europeos como aquél en que se demoraron dieciséis días en Génova pues se había vacunado a treinta y seis muchachos y debía esperarse el resultado de la vacuna, podían desalentar al más animoso.
A ello debemos agregar la pérdida de equipajes consistentes en baúles con ropas, herramientas, maquinarias, libros que a veces se extraviaban definitivamente como en el caso del Galilée o que demoraban en llegar a la colonia provocando la consecuente inquietud de los recién llegados y los reclamos insistentes del administrador.
En uno de ellos enjuicia duramente a los armadores que, como es sabido, actuaban de contrabando con los agentes de inmigración, guiados -unos y otros- por un desmedido afán de lucro y con total menosprecio del elemento humano que se debía transportar.

Al referirse a los colonos de la tercera expedición contratados por la casa Colombier hermanos dice Peyret a cinco meses de la partida del contingente:
Después de haberse embarcado en Burdeos, a bordo del Turenne una comisión
vino a declarar que el buque estaba demasiado cargado, y en lugar de desembarcar
mercaderías que había a bordo, es decir Pipas de vino, etc. e1 capitán hizo
poner a tierra los baúles de los colonos, prometiendo que saldrían por otro buque
y que estarían en Montevideo tan pronto como ellos mismos
.
Pero como los equipajes no llegaron en el tiempo prometido y sus demandas a la casa contratista resultaron infructuosas insiste en que el fundador de la colonia interponga sus instancias en favor de los colonos
"...Hágase cargo que han quedado allí -agrega- herramientas, carros, arados,
ropa, vestidos, de manera que los colonos se hallan paralizados en sus trabajos y
expuestos a perder su ropa, que Dios sabe en qué estado se hallará. E1 objeto del
reclamo es pues pedir una indemnización por el tiempo perdido y la demora judicial,
y además por la ropa y vestidos, si éstos llegan en mal estado..."
Le sugiere entonces que el pago de las letras a la casa Colombier se condicione a la satisfacción del reclamo pues los perjuicios que sufren los colonos son considerables y ello se explica
“por el deseo de los negociantes de no gastar un medio más en el transporte de ellos".
Un caso similar ocurrió con los integrantes de la cuarta expedición, embarcados en Génova, y, a quienes también se obligó a dejar sus equipajes a cambio de la promesa de una pronta remisión
"...Y allí van ochenta familias atrasadas en sus tareas y llenas de inquietud -
continúa el administrador-. He reclamado también a nombre de éstos al cónsul
sardo en Bs. As., pero no sé si él practicará las diligencias necesarias..."
Termina su misiva Alejo Peyret con una expresión lapidaria para los causantes de estas situaciones
"...De llapa (sic) es preciso decir que los colonos de la tercer remesa fueron muy mal
tratados a bordo. Estos capitanes y armadores son una porción de canallas con pocas
excepciones".
La presencia de estos nuevos inmigrantes desbordó las previsiones del activo administrador.
Algunos niños padecían enfermedades contagiosas y los primeros pobladores se negaban a darles hospitalidad en la emergencia.



Imaginamos la preocupación y hasta desesperación de los recién llegados a tierra extraña, después de haber soportado desconsideración en el trato durante la travesía, sin sus pertenencias, muchos de ellos con hijos enfermos y para colmo de males con la falta de solidaridad de los pobladores.
Felizmente allí estaba el diligente Peyret para atenuar sus infortunios. Amén de los reclamos de
equipajes a que nos hemos referido, pide cincuenta carpas para alojarlos.