El encuestrucho Remedi



Osvaldo Quinteros-. El "Licenciado" (¿en qué?) Remedi vaticinó que el peronismo entrerriano ganaría por 20 puntos, sostenido por la enorme figura de Gustavo Bordet. Cómo hacen las encuestadoras para sobrevivir a las constantes operaciones de prensa que realizan.




En general, las empresas de consultoría trucha hacen operaciones de prensa, en conjunto con el medio de comunicación que las difunde, inventando números que dibujaron al mejor postor, y semanas antes de las elecciones tiran algún número real, que ocupa menos espacio en el medio en el cual se hace la operación de prensa pero que permite que el medio de comunicación y el estafador de la consultora, puedan sin pestañar decir luego que "el único que acertó fue tal". La cantinela es la misma. No ha cambiado nada en este sentido. Excepto una cosa: la gente no les cree.


En Entre Ríos no existe ese grado de sofisticación. Se inventa, se dibuja descaradamente y listo. Pasa. Sin ninguna consecuencia.
Hay varios manosantas y brujos vendiendo floreros. Centrarse en Remedi es solo un deporte, porque quizás es el más trucho de los encuestadores porque ni siquiera suele leer lo que dicen sus colegas porteños para copiarle los análisis: dibuja sin modelo, al mejor postor. Como un estudiante de Bellas Artes.


Gustavo Bordet cometió el peor de los pecados. Creerse sus propias mentiras.
Tras pagar por dibujos en las encuestas, se dejó creer que eran ciertas. Freud había estudiado hace cien años esta patología de creerse las propias mentiras. Es una vieja neurosis de las personas que se sienten desbordadas por el lugar que ocupan.
El resultado fue el bochorno de que apareciera el gobernador en afiches hasta debajo de la cama con su cara y que, luego de la derrota irremontable en las PASO, le echara la culpa a sus funcionarios. Si ganaba, era mérito suyo, si perdía, culpa de los funcionarios.
Elemental y rudimentario, el gobernador mostró que el gobierno es un juguete para niños mayores a su edad emocional. Quizás debería comprarse otros juguetes, que sean menos complejos.

Durán Barba es el principal interesado en plantear un escenario de triunfo arrasador de Cristina Kirchner. Pero también, de llevarle a sus aliados, como Gustavo Bordet, basura de encuestas dibujadas que lo operen psicológicamente.
Conocedor sutil de las patologías del poder, Durán Barba vio que el gobernador entrerriano era manipulable, usable y descartable. Bordet cayó como un principiante.
Rogelio Frigerio le llevaba encuestas -según una alta fuente del gobierno nacional- donde le hacían creer a Bordet que era no solo conocido en la provincia que gobierna (no lo es), sino amado y querido como el dictador de Corea del Norte según la prensa partidaria de Corea del Norte. Bordet se la creyó.
Hizo un papelón que ya es histórico.
Tras postularse él mismo como candidato a legislador sin estar en la boleta, la paliza electoral que recibió lo dejó sin reacción, Hizo lo que siempre hace cuando hay un conflicto. Se fue de vacaciones al exterior, con plata del estado y rodeado de sus bufones.


Antes anunció que echaría a todos los funcionarios. Después se desdijo. Hoy la campaña no la comanda nadie y el peronismo carece de un líder provincial. Y el gobierno carece de un gobernador.
Lejos de estar preocupado por esta situación que lo sobrepasa, el gobernador siguió mintiendo en la prensa oficialista diciendo que recorría obras en Paraná (¿qué obras?) mientras estaba de vacaciones en el exterior y, a medida que crecen los reproches contra suyo en el peronismo, el gobernador se vuelve a ir de viaje.
De los encuestadores truchos aún no hay noticias, pero pronto volverán al ruedo.

Como la mentira pública es ya un costumbre en el gobierno de Bordet, tener bufones que dibujen números sin el mínimo rigor profesional no tiene mayores costos. Los medios oficialistas después no recuerdan que el mismo charlatán que vendió humo hace algunos meses, luego vuelve a las andadas pagado por el político de turno.

Lo que aún no percibieron los gobernantes menos astutos, como Bordet, es que la gente no se deja guiar por estas operaciones de prensa berretas, cada vez menos creíbles.