El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

El costado peronista de Cambiemos



Pablo Mori-. Se insiste en el carácter antiperonista de Cambiemos, sin reparar que viene perforando la base electoral del peronismo.


El peronismo no solo se disgrega en diferentes opciones, como sucede en los principales distritos. En otros va unido, como Entre Ríos, pero resulta que en las PASO, el más votado en el bastión ultraperonista de concordia, fue Atilio Benedetti, el candidato a diputado nacional de Cambiemos.



Benedetti, a diferencia de otros dirigentes radicales como por ejemplo Sergio Varisco o Rogelio Frigerio, de los más conocidos en la provincia, no se esfuerza por seducir peronistas. No tiene un discurso para ese sector como sí lo tenía el último caudillo radical, Sergio Montiel (que llevó en sus listas a varios diputados del peronismo, hoy prácticamente en el olvido).
Esta característica de Benedetti lo acerca más al discurso del PRO puro,  aunque tiene una pertenencia orgánica a la UCR indiscutible.
Es justamente por esta característica de Bendetti que llama la atención el aluvión de votos que recibió en Concordia, donde fue el candidato individual más votado en las PASO del 2017.
Porque el PRO puro es esencialmente antiperonista, aunque se presenta en la faceta más conveniente como antiK. Que en los hechos, es la cara actual del peronismo. Aún cuando esa cara esté más o menos lavada, el kirchnerismo es aún el sector mayoritario del peronismo.


Hay dirigentes menores del peronismo en Cambiemos y otros que construyeron su propio camino alternativo.
Lo hemos remarcado en otras oportunidades, donde señalamos que Macri era la contracara de la ideología nacional y popular pero era lo único, hoy, nacional y popular.
Lo que en esta oportunidad buscamos señalar es que Cambiemos viene penetrando la base electoral del peronismo, aún en un marco de unidad de éste de todos sus componentes.

La lectura por seccionales en los distritos grandes de Entre Ríos, como Paraná, Concordia, Gualeguay y Gualeguaychú, así como una mirada atenta a ciertas mesas emblemáticas permite detectar una tendencia: el peronismo sigue ganando en sus bastiones históricos, pero viene disminuyendo la diferencia.
Esta lectura tiene una contracara: el radicalismo, hoy en Cambiemos, nunca se recuperó del todo en sus bastiones históricos y el peronismo pelea con fiereza en ese electorado, tradicionalmente difícil para el peronismo. Para decirlo sintéticamente, el peronismo tiene cada vez mayores porciones de clase media en su voto duro, y Cambiemos tiene mayores porciones de voto de pobres y trabajadores.



En un discurso reciente, el gobernador de la provincia de Entre Ríos, Gustavo Bordet, arremetió contra "los opinadores que decretan la muerte del peronismo". Un enemigo fácil, nebuloso, una frase hecha que no dice mucho. Sin embargo, en el campo de la intelectualidad peronista o de izquierda nacional y popular, son muchas las voces que se alzan con esta advertencia.
Uno muy conocido y pionero en mostrar que la clase trabajadora emergente del ciclo de crecimiento económico K-a la que llamó "la generación de la motito"- estaba migrando su voto hacia otras opciones filoperonistas es entrerriano y no precisamente macrista.
No es el único que está pensando la realidad en esta dirección. Son varios los intelectuales que vienen señalando que este fenómeno sociológico es lo que explica la división del peronismo y que, por lo tanto, unificar sus dirigentes no alcanza para unificar sus electorados. Hay quienes creen que con un liderazgo basta. Hay quienes creen, en cambio, que el problema es sociológico, "la generación de la motito". 

Lo que ninguno de estos intelectuales respetables dicen es que parte de esa base social está migrando a Cambiemos. Que si se la fuerza a una polarización electoral como en el caso entrerriano, hoy por hoy, parte de ese electorado se inclina a Cambiemos, aún cuando en el caso entrerriano no se busque seducir a ese electorado.
Si este cambio es una moda pasajera, producto de la ausencia de liderazgo del peronismo o si es un cambio sociológico profundo que llegó para quedarse, es algo que solo responderá el tiempo. Lo que sí podemos aventurar es que la suerte del gobierno de Cambiemos incidirá de manera decisiva en cómo se desarrollen los acontecimientos.