El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

Un golpe al relato

Osvaldo Quinteros-. Cambiemos ganó, pero además arrasó contra la narrativa economicista del peronismo y, en especial, del kirchnerismo. Aún cuando esa narrativa refleje la realidad, esté sustentada en supuestos verificados y sea consistente; lo que torna más dura la derrota.


Si se mira el panorama nacional, Cambiemos superó ampliamente a la oposición, que luce fragmentada y dispersa. Con una economía en coma y con pujas internas no saldadas, la coalición que se ve reflejada en el liderazgo de Mauricio Macri es la gran vencedora nacional en estos comicios. También en Entre Ríos, que es el sexto distrito electoral en cuanto a tamaño.
El gran derrotado es el relato realista de la situación económica. Ese relato, apropiado por el peronismo, especialmente en su modalidad kirchnerista, pretende a la vez que diagnosticar la realidad imprimirle al diagnóstico el troyano de anular la esperanza de la gente en el gobierno de Cambiemos. Ese troyano es el que falló. La gente apuesta aún a Cambiemos. La pregunta es por qué falló el troyano.


La respuesta quizás sea sencilla: porque después de tantos años de gobiernos peronistas, a pesar del altisonante relato, hay un gran porcentaje de pobres, crece la violencia social, se deteriora la calidad de vida y se amplía la brecha entre los que tienen y los que no. Esa brecha no es la que se mide en la sociología clásica. No es la brecha entre el decil más rico contra el decil más pobre. Brecha que por cierto está aumentando.
Hay otra brecha, la de los deciles más bajos. Entre el que tiene algo y el que está agarrado al borde, al límite de la exclusión.
Después de los años de alto crecimiento económico, cuando bajaron los precios de los granos y el petróleo, el kirchnerismo tuvo que optar por una distribución económica o un ajuste con relato progresista. Optó por éste último. Llevando la narrativa, ajena a la realidad, a límites imposibles. Ese es todavía el sustrato sobre el que se basa Cambiemos.



Córdoba sigue siendo, como ya marcamos en esta columna, la clave de la victoria nacional de Cambiemos. A lo que hay que sumarle un posible triunfo en octubre en Santa Fe contra Agustín Rossi, y un triunfo del peor candidato posible, Esteban Bullrrich, en su primer campaña electoral en un distrito además ajeno, contra Cristina Kirchner y triunfos simbólicos como el de San Luis y Santa Cruz, además de Jujuy y Neuquén. Distritos pequeños pero significativos.
El aplastante triunfo de Carrió en CABA deja a la propia Carrió y a Rodríguez Larreta como cantera de cuadros nacionales de Cambiemos, a los que hay que sumar la vigencia del propio Macri, el ascenso de Marcos Peña, los triunfos de Frigerio (en Entre Ríos, sobre todo) y la gran ganadora interna de Cambiemos, María Eugenia Vidal, que con un pésimo candidato, a pesar de la política económica y en una provincia diezmada por los paros docentes, compitió con firmeza poniéndose la campaña al hombro y logró empatar contra una ex presidenta. A la vez que barrer del escenario político a dos de sus ex ministros: Randazzo y Massa, cuya alianza con Stolbizer seguramente se romperá luego de octubre. Fue un experimento fallido.

La brecha entre el que tiene trabajo en blanco, obra social, jubilación y entre el que vive de changas, cooperativas o la economía informal, es la brecha que hay que medir. Ahí está la crisis del peronismo. Ya no representa a todos los actores del mundo del trabajo. Ni es, en las provincias pastoriles como Entre Ríos, el Partido de los Empleados Públicos, porque ha degradado mucho el empleo público y generado esta brecha entre, por ejemplo, un docente, que tiene que concursar y se mata trabajando y un obrero del Argentina Trabaja o sus similares, que labura como burro por un salario que ni la peor flexibilización laboral imaginaría. Y encima tiene que ir a los actos kirchneristas.

Esta crisis del peronismo hoy está en boca de todos los analistas. Pero ya la habían intuido algunos analistas.
Es una crisis de la estructura sociológica de representación del peronismo. Un golpe al relato de lo que pretende representar.
La gran pregunta es si esta crisis llegó para quedarse. Porque en ese caso, hay Cambiemos para rato.