El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

¿Se votó con el bolsillo?

Ezequiel Bauman-. El rol de la economía en las recientes PASO.


Hace un tiempo advertíamos en esta columna sobre la inviabilidad del economicismo peronista, sus riesgos y limitaciones.
Tras el resultado electoral de las PASO, se demostró que al menos en parte, teníamos razón.
En un twitter el periodista económico Marcelo Zlotogwiazda sostuvo que "La derrota del kirchnerismo a nivel nacional es proporcional a la exageración de su diagnóstico negativo sobre Cambiemos". Quiero adelantar mi coincidencia.
Principalmente, porque muchos de los males estructurales de la economía argentina, y dentro de ella, la economía entrerriana, no empezaron con el gobierno del ingeniero Macri. Aún cuando muchos de estos problemas se agravaron desde su llegada. Por ejemplo, la falta de creación de empleos industriales, el bajo monto de las jubilaciones, la estructura regresiva de los impuestos (agravada por sacarle las retenciones a la minería y bajarlas en la soja) y los constantes blanqueos que premian al evasor fiscal, mientras le cae todo el peso de los impuestos atrasados a la gente común, a través del monotributo como hizo Macri o través de ingresos brutos como hizo el contador Bordet. De la misma manera se puede medir el alarmante aumento del endeudamiento. Pero siempre haciendo la salvedad de que es más manejable el endeudamiento de la administración Macri que el de la administración Bordet, cuyo déficit es estructural y hasta ahora no se presentó desde el gobierno provincial una hoja de ruta para sacarnos de este atolladero.
La exageración sobre el diagnóstico de la economía también la tratamos en otra columna, advirtiendo que la gente aún guarda esperanzas, que son claves para la reactivación económica.
No van a venir grandes inversores extranjeros a salvarnos de nuestros males. Pero la confianza de las personas de a pie en el rumbo económico es vital. Especialmente en el electorado que sigue a Cambiemos y al cual Cambiemos se dirige, que son las clases medias.


Las expectativas económicas de la clase media son las que definen si se usa el aguinaldo para contratar un pintor para el garage, un albañil para hacer una pared nueva, si se toma un remis al trabajo o se saca el auto, si se toman vacaciones, si se compra en la despensa de la esquina, que aunque es un poco más cara que el supermercado no hay que hacer largas colas, etc.
Estas pequeñas decisiones repercuten en la vida cotidiana de millones de personas.
Estas pequeñas decisiones son las que mantienen la economía a flote. O la hunden.
En el gobierno nacional lo saben y por eso utilizan instrumentos que dejó el kirchnerismo para apalancar la reactivación, especialmente en tiempos electorales. Hay varios ejemplos como la reactivación del Procrear, el lanzamiento de líneas de crédito para pequeños y medianos productores rurales, los planes bonaerenses con el banco estatal para conseguir descuentos en los supermercados, los créditos para beneficiarios de los programas sociales, entre otros ejemplos.
Son instrumentos kirchneristas positivos que también son parte de la "pesada herencia", aunque la mezquindad de la política haga que el gobierno nacional no lo quiera reconocer.


Por supuesto que estos instrumentos keynesianos se combinan con instrumentos de política económica claramente de inspiración neoliberal, como la bicicleta financiera de las Lebacs, entre otras.
El problema de la exageración en el diagnóstico económico es que además de no calibrar bien el humor del electorado, se espanta a la gente, a la par que no se proponen soluciones más que la vuelta al pasado.
La vuelta al pasado es un imposible. Todos quisiéramos ser más jóvenes, volver a vivir nuestros mejores momentos y poder domesticar a nuestro antojo el tiempo. Pero todos sabemos que eso es imposible.
A su vez, la exageración del diagnóstico económico actual se hace para exagerar las bonanzas del pasado. Partiendo de la base de que la gente es tonta y se equivocó al votar contra el kirchnerismo en el 2015.
Se está subestimando así al electorado.

La ausencia de propuestas concretas que sean realmente viables hizo que la elección fuera una elección sentimental, de tono afectivo, combinada con un oficialismo nacional que no habla de economía y una oposición tremendista que no propone soluciones. La derivación natural de este cuadro de situación es la apatía de la gente, la toma de distancia.
Nadie quiere que lo estén asustando. Y si en todo caso, el susto tiene un anclaje empírico concreto, es dable esperar de los políticos que propongan soluciones, no que agiten más los demonios para anticipar sus consecuencias.