¿Se puede gobernar contra los sindicatos?




Osvaldo Quinteros-. La historia muestra que gobernar contra los sindicatos es una tarea harto difícil. Incluso, algunos autores recuerdan que ningún gobierno democrático no peronista (el peronismo es, por lejos, el que recoge mayor adscripción política entre los gremialistas) logró terminar su mandato desde 1928.



La caída de Yrigoyen con el Golpe de Estado de 1930, tuvo varios motivos. Entre los que se encuentran, de manera injusta, algunas organizaciones gremiales y activistas radicalizados tras las brutales represiones llevadas a cabo por el gobierno como los eventos conocidos como la "Semana Trágica" o los fusilamientos en la Patagonia.
A lo cual hay que sumarle el rol de la Liga Patriótica Argentina, una especie de Triple A ligth creada por el presidente Yrigoyen con un funcionario de su gobierno: Manuel Carlés. Un ejemplo claro se encuentra en esta nota sobre los nazis entrerrianos. 
La derecha conservadora, que llevó como dictador a Uriburu, un confeso fascista, puso como pretexto la agitación social y el supuesto desórden sindical, impulsado supuestamente por el caudillo radical. O por su incompetencia para domar el conflicto social.
Tal afirmación es un completo disparate, pero esa dictadura que es la primer dictadura militar argentina, inaugura también la justificación del Golpe Militar, justificación que se repetirá constantemente cada vez que derrocaron a un gobierno constitucional,  sea radical o peronista.
Desde el regreso de la democracia, la historia es otra.



Alfonsín y De La Rúa no terminaron sus mandatos presidenciales (como tampoco lo hizo Duhalde ni Rodríguez Saá, que no tuvieron problemas gremiales) enfrentados con los gremios, de tradición peronista.
Sin embargo, no se los puede analizar en conjunto a estos dos gobiernos radicales, porque aunque hayan sido presidentes por el mismo partido, la UCR, la política estatal hacia los sindicatos fue distinta.

Con Alfonsín, porque quiso instalar un ley de democratización gremial.
El senado, de mayoría peronista, se la bloqueó. Entonces Alfonsín comenzó una etapa de negociaciones con la CGT, donde hasta llegó a poner a un allegado de los gremialistas como Secretario de Trabajo.
Finalmente, la relación se quebró, al calor del fracaso económico.
La Organización de Trabajadores Radicales que participa de la CGT, sigue siendo alfonsinista.

De La Rúa tuvo una política totalmente contraria. Se enfrentó manera agresiva y hasta criminal.
Hay que recordar que al frente de la cartera de Trabajo estaba Patricia Bullrrich, actual Ministra de Inseguridad.
El episodio sindical más llamativo de su gobierno fue la ley de Flexibilización Laboral, votada por oficialistas y opositores (incluidos legisladores entrerrianos) a cambio de coimas. Eso provocó la renuncia de Chacho Álvarez a la presidencia y junto a la maniobra de pinzas que le hacía Alfonsín en la UCR, el gobierno de De La Rúa se desmoronó a los dos años.
Por supuesto que la causa principal no fue la relación agresiva con los sindicatos. Sí, una de las causas.


Macri, "Presidente del Tercer Gobierno radical" como diría Jorge Asís, combina los dos métodos (que en rigor, estuvieron en ambos gobiernos radicales, solo que con diferentes énfasis): el palo y la zanahoria.
Hasta ahora, le viene saliendo bien. Es el primer presidente no peronista al que no le hacen un paro general en el primer año de gobierno, a pesar del ajuste drástico que hizo explotar a la economía.

Días pasados despidió a dos funcionarios menores de su gobierno. Habían sido puestos en acuerdo con los sindicalistas más corruptos del país.
La prensa oficialista interpretó ésto como un gesto de autoridad, cuando en realidad, es un proceso administrativo irrelevante. Las dádivas a los gremios siguieron avanzando, a cambio de flexibilizaciones laborales puntuales para cada sector de la economía. Aunque ahora le llaman "Acuerdos de Productividad".

Una lectura del PRO sobre las elecciones bonaerenses da pie para que Macri imagine una arremetida contra el sindicalismo. Cristina Kirchner empató con el ex Ministro de Educación, el peor candidato del PRO, en una provincia donde los paros docentes fueron emblemáticos, liderados por el kirchnerista Roberto Baradel. Un dirigente gremial respetable que se tuvo que bancar una enorme campaña de demonización por parte del gobierno nacional y los medios que viven de sus privilegios.

¿Se puede gobernar contra los sindicatos? Los sociólogos venimos debatiendo desde hace décadas este interrogante.
El fallecido Torcuato Di Tella, ex Secretario de Cultura del gobierno de Néstor Kirchner, sostenía la tesis de que el error de los gobiernos no peronistas era gobernar CONTRA los sindicatos, en vez de gobernar SIN los sindicatos, dejando que sea el peronismo el que gobierne CON los sindicatos.
Ir CONTRA los sindicatos, en vez de ignorarles sus demandas, era suicida, según Torcuato Di Tella, uno de los principales sociólogos del país.

Habrá que ver qué pasa con el gobierno de Macri. Hoy por hoy sus voceros en la prensa oficialista están exultantes con esta maniobra de ir contra los sindicalistas (hay varios presos), los sindicatos (hay varios intervenidos) y el manejo de las obras sociales, una concesión de Onganía que aún perdura y es la que explica el poder de los sindicalistas. También explica su total dependencia del Estado, que es el que cobra los aportes gremiales a la obra social y luego distribuye de manera discrecional. Como todos los gobiernos desde 1983.
Macri usó esta herramienta para que no haya un paro general en su primer año de presidencia. En el segundo, consciente de que no alcanza para contentar todos los gremios y de que puede redituar electoralmente enfrentarlos, su política gremial pegó un giro.

Claro que esta pelea de Macri -que hay que ver si prospera- se da en un contexto diferente al de las presidencias radicales anteriores.
Hoy hay un tercio de pobres, un cuarenta por ciento de trabajadores en negro, una enorme cantidad de trabajadores por cuenta propia y un descreimiento generalizado sobre los sindicalistas.