La Francia de Alejo Peyret




Sara Elena Bruchez De Macchi-.Llegaba a su término el año 1826 Cuando en un pequeño pueblo de Francia, cercano a Pau capital del Bearn, nacía Alejo Peyret, personalidad polifacética de real significación y gravitación en nuestro país. Cursa sus primeros estudios en Pau y luego en París
donde obtiene el diploma de bachiller en ciencias y letras. En 1852 decide emigrar y se
embarca para el Río de la Plata.
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Tocóle vivir en Francia una época signada por la turbulencia provocada por los ecos
de la revolución francesa y la primera revolución industrial.


Cuando Alejo Peyret ve la luz, liberales y conservadores se enfrentan en el campo político e ideológico.
En el ámbito literario impera el romanticismo con sus dos vertientes: una mística e irracional con Chateaubriand al frente y la otra que gira como banderas la defensa de la libertad individual y la reforma social. Víctor Hugo y Jorge Sand son algunos de sus destacados exponentes. Agustín Thierry busca inspiración en el pasado medieval mientras Michelet compone su Historia de Francia como homenaje al liberalismo y a la democracia, en tanto que Edgard Quinet se inclina hacia una interpretación filosófica de la Historia.


Estos dos últimos serán los maestros dilectos del joven Peyret en el colegio de Francia.
La revolución industrial con la instalación de ferrocarriles, incremento de la navegación a vapor, invención del telégrafo, construcción de caminos y canales -índices elocuentes de los primeros avances en el dominio de las comunicaciones-; el desarrollo de la química y la mecanización aplicados al agro que redundan en mejores cultivos, introducción de otros, así como refinamiento del ganado son algunos de los enormes progresos científicos y técnicos que los hombres del momento creyeron ilimitados. Por contragolpe
estos adelantos modificaron la estructura social y económica de Europa.
El extraordinario dinamismo operado en el terreno económico incidió en el aumento demográfico aunque en Francia no alcanzó los índices logrados en otros países europeos.
Estos se lanzan, impulsados por las exigencias de industrialismo, a la conquista de territorios ultramarinos: Francia comienza a crear su imperio colonial.
La sociedad se polariza, proporcionalmente a su industrialización, en una burguesía liberal y un proletariado que aspiraba a mejorar su condición y a participar de la riqueza generada por la industria.
Así surgió un amplio espectro de teorías económicas y políticas que pretendieron, cada una a su manera, dar solución a los arduos problemas del momento.
Al liberalismo imperante responden con conclusiones propias los socialistas, ya sea utópicos o científicos, ya cristianos o bien los anarquistas y los sindicalistas.
En Francia aparecen las primeras realizaciones sociales con la formación de cooperativas aunque, país particularmente proclive a la lucha de partidos, asiste al enfrentamiento de diversas tendencias.

De este modo se oponen monárquicos y republicanos, liberales y católicos, cada uno de ellos con diferentes matices.
Peyret adhiere, como lo hicieron gran parte de la intelectualidad y los jóvenes de la época, a la república y al liberalismo. 
Estos serán los dos pilares en que reposará su brega de periodista, escritor y educador en nuestro país.

Después del fracaso de la revolución de 1848 los integrantes del partido republicano sufrieron procesamientos, se dispersaron y Peyret, absuelto, regresa a su Bearn natal. Allí reanuda sus vínculos con antiguos profesores y lingüistas cultores de la lengua de oc y compone poemas en bearnés inspirados en leyendas populares con el nombre de “Cuentos bearneses" se publican por vez primera en Bayona en 1851 y algunos de ellos figuran en una recopilación de poesías bearnesas.

Al advenimiento del absolutismo con el triunfo de Luis Napoleón los jóvenes republicanos, derrotados y perseguidos, toman el camino. del exilio.

Amadeo Jacques, el recordado Rector del colegio Nacional de Buenos Aires inmortalizado por Miguel Cané, Martín de Moussy, el sabio que por encargo del general Urquiza escribiera una extensísima obra descriptiva de la confederación, Alfredo Pasquier, el atildado médico y tratadista que dictó en el Colegio del Uruguay las cátedras de Física e Historia y Alejo Peyret, entre otros, llegaron a Montevideo en 1852. Este último ejerce el periodismo hasta que, en 1855, es llamado desde Entre Ríos para ocupar una cátedra en el Colegio Histórico y dirigir un periódico próximo a fundarse.