El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

Porno y periodismo

Daniela Sánchez-. Las noticias policiales, que siempre fueron para los morbosos, hoy son tratadas con jerarquía por los medios informativos. La similitud entre el porno amateur y el periodismo de "denuncia".



Dan clicks. Dan audiencia. Además, son baratas de producir. Un programa de cable puede estar una hora entera debatiendo las circunstancias que rodean al crimen "de moda", debatiendo, diciendo cosas que son falsas o reales, ya poco importa, explorando teorías sacadas de una galera, especulando, comentando los detalles más morbosos -que siempre traen público morboso- con cara de gravedad y de distanciamiento pero con los detalles impecables y necesarios par la masturbación del lector que luego comentará el "asco" que le produce "lo que está pasando".
El morbo, que siempre vendió pero en la prensa amarillista, hoy es tomado por la "prensa seria" que ve que sus notas sobre temas profundos no son leídas por nadie.
Así que apelan a la vieja y conocida fórmula de sexo y sangre. Para que no se note mucho que van detrás de los lectores morbosos, pervertidos y escabrosos, le ponen el toque de "periodista justiciero" o alguna versión de ese tipo. Pero lo que no pueden faltar son los detalles sexuales y una bien explícita cobertura de sangre, poder y dominación. Aunque sea inventada.
Esto sucede no solo en el periodismo. Más bien el periodismo copió la fórmula del cine pornográfico.

Ya no "venden" las películas pornográficas hechas por actores. Vende el porno supuestamente "amateur". De ahí el periodismo tomó la fórmula que logró sacar a las noticias amarillistas del género menor donde siempre estuvieron para otorgarle un supuesto prestigio. Que tranquiliza a los narradores de estas noticias pervertidas y a los lectores que la consumen ávidos. El pacto de lectura es que están conociendo un costado perverso de "la realidad" para "denunciar" a tal o cual. Obvio, es una mentira compartida pero que hace sentir bien a la audiencia y a los cronistas amarillistas. Los hace pasar por serios.


Aunque la seriedad se vaya a pique porque al lado hay una novia de un futbolista en bolas, o porque al final el asesino no era ése (pero a quién le importan las desmentidas...) o porque un nuevo crimen, más pervertido que el anterior y hasta con video, venderá más que el anterior. Pero no tanto como el próximo.

Por primera vez, la corrección política, el lenguaje pacato y la moralidad victoriana se unen a la pornografía y al género literario quijotesco, vendido como "periodismo de investigación".

No es algo que pase exclusivamente en este país. Pasa en todo el mundo desde hace rato.
Los pioneros en este campo han sido como siempre la prensa norteamericana. Que hoy día vende más ficción que supuesta realidad pero le llaman "crónica narrativa" y da pie para, literalmente, acomodar los hechos a un buena historia, un buen cuento, vendido como noticia "profunda". Le llaman "nuevo periodismo". Aunque derivó en el viejo y conocido periodismo de policiales, solo que ahora con la fórmula de la pornografía amateur.