Por qué perdió Bordet

Lucas Carrasco-. El gobernador se puso en el centro de la campaña. Minimizó los candidatos, hizo que todo gire en torno suyo y el resultado electoral le dio una cachetada.
La pregunta correcta no es tanto por qué perdió Bordet, sino por qué habría de ganar. ¿Qué méritos tiene para exhibir? ¿Por qué los votantes iban a provincializarse en una elección netamente nacional?
El microclima y la soberbia hicieron el resto de la tarea.




El gobernador de Entre Ríos, Leonardo Simons, hizo una campaña poniéndose él como eje de la estrategia electoral y eje conceptual del fugaz y ya perimido "Somos Entre Ríos". Echarle la culpa ahora al Designated Survivor, Juan José Bahilo, sería una crueldad. Más allá de que perdió por escándalo en su ciudad, Gualeguaychú.
Claudio Caniggia, segunda en la lista de Somos Entre Ríos, ganó en Concordia. De donde son los capos de la lista: Bordet, los Cresto, Busti, Urribarri. Ganaron por muy poquito teniendo en cuenta la historia electoral de ese distrito, fiel al peronismo. Por mucho. Mucho más que en estas elecciones.
En Paraná, el peronismo, enfrascado en su neurosis, perdió por paliza. El microclima que manejó la campaña debe rever urgente su estrategia.
Gualeguaychú pudo haber sido el centro vital de la contienda. Los principales candidatos eran de ese departamento. Que gobierna el peronismo. Y llevó de candidato al ex intendente. La catastrófica derrota contra Atilio Benedetti muestra que Bahilo no era un buen candidato. Tarde para lamentos. Como se debe estar lamentando el ex intendente Emilio Martínez Garbino, que tras recorrer todo el espinel de los partidos políticos, está a punto de tener que darle a su familia una noticia luctuosa: muchachos, los van a privatizar, es posible que tengan que aprender un oficio. Cuánta crueldad tiene la gente al votar....

No hay de donde sumar votos. Ni para Cambiemos ni para el kirchnerismo aliado al Frente Renovador y al macrismo ligth de Leonardo Simons. Y es difícil pegar un giro a una campaña tan cerrada conceptualmente, que deja tan pocas alternativas. Un error estructural del diseño: no había Plan B. El único plan era provincializar, poner a Leonardo Simons en el centro, que nueve listas hagan un papelón histórico, que Concordia aportara los votos sin que surgiera un competidor interno de peso y que Paraná se las arreglara con el vicegobernador dando órdenes a través de los diarios.
Como decía el filósofo griego Tusam: "puede fallar".

Los poquitos votos que sacó el trotskismo podrán disminuir (hay gente que los vota por lástima, para que superen el piso impuesto en las PASO) pero difícilmente vayan a Benedetti, un terrateniente convertido en banquero estatal y menos a Bahilo, cuya falta de personalidad fue vital para que Leonardo Simons lo ponga al frente de la lista y ser él, oh, el claro ganador. El problema es que Leonardo Simons estaba viviendo en un bungalow que le alquiló a Facebook. La realidad estaba en otro lado.
Los poquitos votos de Martínez Garbino tienen más pinta de ir a acompañar el carro vencedor que de quedarse a hacerle el aguante.
Los votos a Cambiemos que no fueron a la lista oficial, son pocos. No dan ni matemáticamente como para incentivar la puja interna. Además de que son radicales ortodoxos. ¿Por qué no irían a Cambiemos, ahora que se les planta el aroma frugal del poder verdadero a los pies?
Es el peronismo el que tiene que cuidarse de que Cambiemos no salga con la ambulancia a recoger los heridos de una batalla bizarra, con ridículas diez (sí, diez) listas.
Si Leonardo Simons logra retener los votos K, que son pocos pero fieles y necesarios, podrá hacer un papel decoroso en la derrota. Porque tiene que retener esos votos sin perder lo que el kirchnerismo espanta. Es una tarea de política fina. Que se complica porque el soporte es una gestión errática, mediocre, carente de horizontes y proyecto político.


El triunfo de Cambiemos era esperable. Entre la copia y el original, la sociedad entrerriana se pronunció por el original. Los desafíos internos a Benedetti no fueron más que humo, vendido por la prensa oficialista provincial como si la cuestión hubiera estado pareja. Y Carbó o algún otro arqueólogo del montielismo pudiera arrastrar su nostalgia para colarse en la lista oficial y ser el pato de la boda donde se casaran Urribarri y Busti en segundas nupcias. No funcionó. Hasta a Tusam una vez le fallaron los trucos. Posta. Yo lo vi en directo. Casi ahoga al hijo.

Falló la provincialización de una campaña que solo elige diputados nacionales. Falló poner al gobernador en primer plano. Falló la creencia de que, porque la franquicia de Massa la compraron peronistas, comprando a esos peronistas se obtenían los votos del Frente Renovador. No. Se fueron para Cambiemos. Como hormiguitas hacia la azucarera. La única excepción fue Villaguay, pero no es un distrito clave.
Falló poner en el centro de la estrategia electoral a Bordet, que todavía no metió ningún hit de gestión. ¿Por qué lo recordarían si su mandato acabara hoy? ¿Por el estacionamiento que se hizo en la puerta de Casa de Gobierno? ¿Por los viajes alrededor del mundo? ¿Por su parecido con Leonardo Simons? Creo que por esto último.
Falló la idiotez de las 10 listas para neutralizar a Barreto, un dirigente de tercer nivel al que se lo podía sumar con un poco de paciencia, pero la necesidad de Leonardo Simons de borrar su pasado inmediato como beliebers K primó por sobre la racionalidad. Primó la soberbia y la arrogancia. Dos hermosas cualidades que no conviene andar mostrando si uno se dedica a esa actividad extractiva que es la política a cielo abierto. La política electoral.


Hay un alto porcentaje de votos nulos, hay también un inusual porcentaje que no fue a votar, hay algo de voto en blanco. De esa pecera de votantes, Cambiemos está en mejores condiciones de pescar. No mucho. Algo.
Las elecciones verdaderas son las de octubre. En ésta, solo se midieron quién la tiene más larga. Como en el patio del colegio. Y dejaron en claro que la vida interna de los partidos políticos la define el que tenga la billetera estatal. Aún cuando tenga menos carisma que Rogelio Frigerio, el gran ganador de la jornada. Una le tenía que salir, después de coleccionar tantos fracasos. Aunque en realidad, Cambiemos ganó a pesar de Frigerio, el que recogerá las mieles del éxito será, por ahora, Frigerio. Así son las cosas.

La clave estará en Paraná. Y en Concordia. Porque Gualeguaychú, el otro gran distrito simbólico y de peso específico por su cantidad de votantes, muestra un triunfo aplastante de Cambiemos, que en la interna además revive al radicalismo, que estaba tapado por el Australopithecus Afarensis, Alfredo De Ángelli.
La estrategia de dejar afuera a Paraná fue un error grosero de Bordet. Lo está pagando. Carísimo.
El cierre en Concordia fue excelente, pero la gente quiere votar otra cosa.

Pegarse a Frigerio es comprarse, también, los desastres del gobierno nacional, sin beneficio de inventario. ¿A cambio de qué, además? ¿Y cómo, tras pegarse a Frigerio, iba a pegar un giro y provincializar una campaña donde no se elige ningún cargo provincial?
Podrá alegarse que con el diario del lunes todos son grandes estrategas, pero esto mismo fue señalado varias veces, en mi caso. Esta estrategia era errada, porque no ponía sobre la mesa la gestión de Macri, sus resultados económicos, la catástrofe de los indicadores sociales. Y exhibía el punto débil de un excelente armado político: la mediocre gestión de gobierno del hombre que quiere quedar bien con todos y no logra entusiasmar a nadie. Leonardo Simons.

El error principal de Bordet fue provincializar una campaña en la que le convenía que fuera un plebiscito sobre el gobierno de Macri. No sobre la figura del presidente, sino sobre su gobierno. Bordet supuso, metido en su microclima, que el humo que le venden los encuestadores alcanzaba para ponerse en el centro del debate, alzarse ganador y de ahí legitimarse para la reelección. Fue un error.
Como sería un error que Cambiemos creyera que este triunfo parcial, así se repita en octubre y sea más contundente -como es probable que suceda- es la llave para la gobernación en el 2019. No, para nada. Solo ganaron un diputado nacional más. De acá a dos años, puede pasar cualquier cosa.


La lista oficial de Cambiemos se impuso por el 80% sobre un porcentaje mayor del total de votantes que la lista oficial de Somos Entre Ríos, que se impuso por el 60%. Pintan mal, las cosas pintan mal, Leonardo.