Por qué hay tantos despidos

Ezequiel Bauman-. La ola de despidos no se detiene ante la indiferencia de los gobiernos.






Los números, al fin y al cabo, reflejan tendencias. En el caso de la cantidad de despidos de trabajadores en blanco, que la provincia calcula en casi 9.000, marcan la tendencia ascendente de una economía provincial destruida, un Estado que prefiere mirar para otro lado y una depresión económica lejana a los supuestos brotes verdes que promete el gobierno nacional y las bondades del megaendeudamiento que promete el gobierno provincial.
El resultado está cantado: el ajuste lo están pagando los trabajadores. Por una triple vía.
Que a continuación explicaremos con palabras simples para que las pueda entender cualquiera. Eso sí, es muy probable que los fanáticos del cinismo que defienden cualquier cosa, de un lado y del otro de la platea de los medios y las redes antisociales, no quieran leer una descripción de la realidad que no se ajuste a sus oscuros deseos y fanatismos.


La primera vía es a través de la acción estatal decidida: la suba de la electricidad, el gas, el túnel, los peajes, los boletos del transporte público, las tasas, los impuestos, las naftas, los cigarrillos,  y un sinfín de precios regulados que los distintos niveles de gobierno suben para favorecer a las empresas privadas "amigas" y para realizar un ajuste sobre el creciente déficit fiscal. Por lo tanto, el ajuste está saliendo mal.
El "mercado" entiende estas señales y actúa en consecuencia, lanzando la segunda inflación mundial, solo superada por Venezuela.
Para que se entienda claro, Entre Ríos paga una tasa de interés más cara que Libia, Irak y Siria, a la vez que tiene mayor inflación que en estos países destruidos por las distintas guerras.


La segunda vía es la rebaja salarial directa, como en el caso de los docentes y estatales cuyas subas nominales están por debajo de la inflación real, al igual que las paritarias en el ámbito privado, incentivados por este comportamiento público. El "mercado", nuevamente, entiende las señales que dispara la acción estatal y actúa en consecuencia.
Hay también una rebaja salarial indirecta que fomenta el aumento de la desocupación y la miseria planificada desde el gobierno al mirar para otro lado. Esta rebaja salarial indirecta la sufren quienes trabajan en negro, que en el caso de Entre Ríos son la mayoría de los trabajadores no estatales.
En algún momento, sobre todo cuando existió un Ministerio de Trabajo, se combatió el trabajo en negro, principalmente en el área rural. Hoy es todo lo contrario, casi se diría que se lo fomenta, dada la participación de Bordet en la exposición de la Sociedad Rural de Palermo. A buen entendedor, sobran las palabras.



La tercera vía son los aumentos de los impuestos a los trabajadores en simultáneo con el aumento de subsidios a los empresarios. En el caso de Entre Ríos, suben ingresos brutos y aumentan los subsidios a los grandes terratenientes, que no dejan un solo peso en la provincia. Aunque no solo a los terratenientes y supuestos industriales, sino también a empresas extranjeras oligopólicas. El caso emblemático es Carrefour: tiene un acuerdo con el gobierno, a través del banco privatizado, para retener como clientes cautivos a los empleados públicos, a la par que despide trabajadores y el gobierno mira para otro lado. En el colmo del cinismo, Carrefour anuncia que da "marcha atrás con los despidos" obligándolos a los despedidos a renunciar "voluntariamente" para pagar menos indemnización que la que prevé la ley.

Por estas tres vías y con el silencio cómplice de la oposición por razones obvias, la marcha del ajuste que se niega realizar, avanza sin resultados a la vista. Nadie sabe dónde va a parar el dinero de lo créditos que se sacan hipotecando la coparticipción, ni hay transparencia sobre los montos de intereses, estudios jurídicos y contables involucrados y el circuito de "peajes" que este negocio multimillonario significa.
Paralelamente, se cuestiona desde el peronismo el endeudamiento nacional y desde Cambiemos el endeudamiento provincial. Aunque nadie pone blanco sobre negro en preguntar el destino de ese dinero, el costo de ese dinero y los peajes, con nombres y apellidos, que se pagan.  Hablamos de cifras escandalosas, multimillonarias y de un fabuloso negocio en tiempo récord con las ganancias más abultadas del planeta.

Mientras tanto, el ajuste que las cuentas públicas requieren para ir pagando los intereses de esos negociados financieros, lo pagan los trabajadores. Los que aún conservan el empleo, los que no y los que están en negro.

La razón concreta por la que hay tantos despidos es porque se los induce desde el Estado, para hacer lo que la religión neoliberal llama "bajar los costos laborales" y en los hechos significa que los trabajadores financien un Estado que brinda paupérrimos servicios, pero paga religiosamente los turbios negociados financieros que lo llevan a una constante bancarrota.

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