Mala estrategia y malos candidatos

Alexis Gravier-. El triunfo de Cambiemos fue el triunfo de una marca. El gobierno provincial no reaccionó ante la derrota. Macri pasa a otra etapa.



La marca Cambiemos se impuso con holgura en todo el país frente a una oposición fragmentada, sin un líder y sin un rumbo al que apostar de manera unida.
El PRO, vanguardia de Cambiemos, es el partido que salió fortalecido. En menor medida, ganaron algo sus socios radicales y Elisa Carrió, que al carecer de partido político, es ella misma su propia marca. Una marca, Carrió, que estaba devaluada tras sacar el 3% en las elecciones presidenciales. Acaba de triunfar con casi la mitad del electorado en la Capital Federal, donde quedó a kilómetros de distancia de Daniel Filmus, pulverizando de paso a Martín Lousteau.
Como sostuve en anteriores notas, copiar la campaña del PRO no es nada inocente; y la marca Cambiemos tenía mayores chances publicitarias que Somos Entre Ríos.

La potencia de esta marca pudo disimular incluso a los malos candidatos, como Esteban Bullrrich, que cada vez que hablaba metía la pata y no logró, en el transcurso de la campaña, entusiasmar por su figura a nadie. La marca Cambiemos fue la clave. Lo que significa que los hombres y mujeres que encarnan esa marca, lograron transmitir sus votos a sus candidatos, aún cuando fueran malos candidatos.


La no campaña de Cristina terminó siendo un error. Aunque probablemente no le quedaba otra opción, dado el rechazo que genera. Un rechazo que tiene la misma intensidad que la adhesión entre sus simpatizantes, que por cierto, son muchos, pero no alcanzan para ganar.



En Entre Ríos, la estrategia de provincializar la elección falló. También la de poner al gobernador, Gustavo Bordet, en el medio, como eje central de la campaña. En vez de aprovechar para que se plebiscite la gestión del gobierno nacional.
También fue mala la elección de los candidatos, como demuestran dos datos empíricos: Juan José Bahilo, ex intendente de Gualeguaychú, fue ampliamente derrotado en su departamento por Atilio Benedetti, que no perdió votos en manos de otro ex intendente que se presentó por el socialismo: Emilio Martínez Garbino.
También fue una mala elección la candidatura de la señora Cresto, que salió segunda en Concordia, donde el candidato individual más votado fue Benedetti, a pesar de que el hermano de la candidata peronista es el intendente de la capital del peronismo entrerriano.


Nunca terminó de quedar claro por qué habría que votar al peronismo, cuál era el futuro que prometía.
Por el contrario, el marco de alianzas que hizo Bordet puso al pasado en discusión. Lo cual contrarió toda la estrategia de su propio gobierno durante un año y medio.

Es improbable que Bordet logre remontar en octubre, cuando sean las elecciones reales, la derrota que Cambiemos le propinó en las PASO. Lo más probable, al día de hoy, es que Cambiemos aumente su caudal, en parte porque Martínez Garbino y el MST hicieron una mala elección, debajo de los 5 puntos, y eso desincentiva al votante, especialmente al votante de Garbino.
Por otro lado, el alto porcentaje de ausentismo, de votos nulos y algo del voto en blanco, suele revertirse en las elecciones generales y esos votos suelen ir detrás del carro ganador.  Y hay que ver si la interna peronista no estalla, restándole votos a Bahilo.

Un dato a tener en cuenta es el cambio de registro del discurso del Presidente Macri en la noche de las elecciones. Pasó de una narrativa de que el suyo es un gobierno de transición a que el suyo es un gobierno fundacional, lo cual marca una nueva etapa.

Es probable que la elección en Entre Ríos, tras ese discurso y ese nuevo eje estratégico del PRO, se nacionalice, a pesar de las pretensiones del gobernador entrerriano.
De suceder ésto, las chances del justicialismo mejorarían aunque es difícil que reviertan el resultado.

Desde el marketing político se le atribuye una importancia estratégica a lo que se diga la noche del cierre de los comicios. Con más razón si se trata de una primaria.
En ese sentido, desde el PRO fueron claros y directo al grano. El discurso fundacional mencionó que pretenden gobernar durante los próximos 20 años. El peronismo quedó atolondrado, sin un discurso que venda futuro.
La reacción de Bordet fue de reconocimiento de la derrota, pero ninguneándola. Luego, no tomó ninguna decisión drástica para intentar modificar un mapa que le resulta adverso. La sensación que transmite el gobierno entrerriano es de desconcierto y confusión. Una cierta parálisis tras lo que, evidentemente, fue para ellos una sorpresa electoral. Sino el gobernador, de haber intuido estos números adversos, no se hubiera puesto al frente de la campaña, arriesgando su capital político, ya escaso de por sí.