¿Macri es De La Rúa o Menem?



Pablo Mori-. Los presidentes que perdieron las elecciones de medio término bonaerenses solo sobrevivieron si cambiaron su política, entendiendo el mensaje de las urnas. La oposición, especialmente la oposición más drástica, insiste en comparar de manera frívola y peligrosa a Mauricio Macri con Fernando De La Rúa, mezclando deseos con realidad, buscando solapadamente la renuncia del presidente y el quiebre institucional.
Desde el plano más ideológico, se insiste en comparar a Menem con Macri.
Pero en esta nota vamos a abordar la cuestión sensible de qué pasará si Cambiemos pierde las elecciones de medio término.




Alfonsín, tras la derrota del 87, mandó a su Ministro de Obras Públicas, Rodolfo Terragno, a anunciar un plan de privatizaciones de obras públicas como el que luego el peronismo con Menem ejecutó. También buscó financiamiento en el exterior y se acercó a Estados y el FMI.
El peronismo se opuso a lo que luego sí haría en el gobierno, pero esa oposición tenía matices.
Alfonsín logró llegar hasta el último año de su mandato, aunque las elecciones anticipadas le dejaron una transición tan larga que su gobierno agonizó y renunció antes.
Sin embargo, ungió a Angeloz, claramente a la derecha de él y del Menem de las patillas y el salariazo, como el candidato oficial. Entendió el mensaje de las urnas.

Como lo entendió Menem cuando la Alianza, con Fernández Meijide y De La Rúa, ganaron en CABA y provincia de Buenos Aires al duhaldismo. Desde entonces, hizo todo lo posible para que la Alianza se quede con la presidencia.



Kirchner giró hacia la izquierda en 2009 tras perder y Cristina, en el 2013, giró a la derecha pagándole al CIADI, el Banco Mundial, Repsol, el Club de París y endeudando el país a tasas exorbitantes. Frenó la delirante idea de reformar la Constitución para quedarse hasta la eternidad y puso a un neoliberal apoyado por Clarín y la Sociedad Rural, como candidato a Presidente: Daniel Scioli.
Aunque a la vez, hizo todo lo posible por el triunfo del actual presidente, Maurcio Macri. Eso sin contar que pasó del ataque permanente a Bergoglio a decir en la ONU que ISIS y EEUU la querían asesinar por ser tan admiradora de Bergoglio, al que perseguía por todo el mundo para sentarse en primera fila de sus misas.





El único que no escuchó el mensaje de las urnas fue Fernando De La Rúa.
El 97% del padrón bonaerense votó a candidatos que pedían a gritos salir de la convertibilidad menemista: Raúl Alfonsín, que salió segundo, Eduardo Duhalde, que ganó y el Padre Farinello, que hizo una buena elección. De La Rúa se hizo el desentendido, pero no a lo Menem, que lo hizo para la tribuna tras perder y creó el Plan Trabajar, radicalizó su discurso pidiendo hasta la pena de muerte. De La Rúa se hizo el desentendido porque estaba desentendido realmente. Esta ido. No podía leer los resultados electorales de la manera correcta ni tuvo la voluntad política para torcer el rumbo de su gobierno que tambaleaba. Si lo hubiera hecho, si hubiera torcido el rumbo leyendo las elecciones intermedias de la manera correcta, hoy la historia sería otra. Pero la historia es lo que es.
A los dos meses, De La Rúa renunciaba y la convertibilidad, en los hechos, volaba por el aire. Junto con él arriba de un helicóptero.


El actual decisionismo de Macri, que muchas veces pasa por encima los procedimientos republicanos, se debe a la necesidad de demostrar que un gobierno no peronista es capaz de garantizar gobernabilidad, luego del trauma que dejó De La Rúa y Duhalde en la sociedad.
No entender en este contexto a Macri es hacerle el juego a los delirantes que lo tratan de dictador, que lo comparan con Videla y que apuestan todas sus fichas a que no termine el gobierno, de manera de condenar para siempre cualquier posibilidad de alternancia, como bien rescata Ramiro Pereira.