"Los dirigentes no dirigen a nadie"

Lucas Carrasco-. Gustavo Guzman es Diputado Provincial y Presidente de la Departamental Paraná del Partido Justicialista.



"El Partido Justicialista es un Movimiento Nacional, hay que entenderlo desde ahí" dice como marco de sus referencias y obsesiones hacia la Municipalidad de Paraná. Y remata "Perón lo entendía desde ahí".
"Perón nunca perdía de vista que el destino del país estaba atado al destino de cada pueblo, así sea el último pueblo recóndito del país, su destino se jugaba en la suerte del país. Perón decía "de qué nos sirve ganar en Calamuchita si nosotros perdemos el gobierno nacional".

De ese razonamiento deriva que "lo primero que hay que recuperar en el peronismo es el eje rector nacional de la política, que después van a venir todos los matices que vos le quieras dar a tus problemas locales". 

¿La interna bonaerense, la situación del PJ entrerriano? Lo explica así "En un árbol de 70 años aproximadamente, que es la edad que tiene el peronismo, se han creado muchas ramificaciones. El peronismo, por lo general, no poda. Deja crecer, crecer, crecer, y a veces el árbol empieza a resquebrajarse en función de ese crecimiento. Pero si nosotros logramos poner nuevamente el tronco común en función de la idea nacional vamos a encontrar nuestra identidad".



"Esa identidad nacional nos diferencia de quienes están gobernando hoy, que se caracterizan por ser un gobierno obsesionado con insertarse en el comercio internacional donde solo se privilegia a la gran metrópoli y algunos terratenientes del interior. Nosotros, los peronistas, tenemos que recuperar ese tronco común, que es la visión nacional, para definir el peronismo".

Para las elecciones ejecutivas, dentro de 3 años más o menos, para prácticamente el 50% del padrón, el árbol del peronismo es el kirchnerismo. No conocieron otra cosa. Es una cuestión biológica. Tendrá sus matices, pero los elementos principales de ese tronco van a ser los elementos principales del kirchnerismo, es casi inevitable que sea así. 

Las generaciones van cambiando sus elementos ideológicos adaptándolos en función de la contemporaneidad. Es un error histórico pretender tirar por la borda las experiencias pasadas. Los que en su momento renegaban de una serie de luchadores sociales y políticos en la década del setenta, después tuvieron que reconocerlos como una realidad dentro del peronismo. Y seguramente los luchadores del siglo XXI, los que luchan por una nueva manera de hacer política, serán los protagonistas de las décadas venideras, los que gobernarán o gobernaremos desde el peronismo en función de esas premisas básicas en las cuales nos hemos comprometido. No querer reconocer eso es no querer reconocer el carácter movimientista del peronismo. 
Pasa con todos los movimientos nacionales, pasa en el radicalismo, que de Alem pasa a Yrigoyen y evoluciona luego a otra cosa. Es un error desdeñar las improntas generacionales. Lo peor que podemos hacer nosotros es renegar de la visión misma de evolución del tiempo, del espacio y de las personas. 

¿Cuál te parece que es la impronta generacional de la política hoy?

Que los dirigentes no dirigen a nadie. La próxima etapa tiene ese desafío. Y se va a encarar con algunos dirigentes reconocidos en función de la pelea por nuestras banderas y con otros, nuevos dirigentes. Y ahí es donde el peronismo vuelve a generar esa renovación natural que es la que se está dando hoy. Pero es fundamental entender que ésta es una cuestión natural. Que los movimientos renovadores oportunistas, en el sentido de fugaces y temporales, terminan siendo invenciones de corto plazo, nada más. El proceso de renovación, como los procesos revolucionarios, son naturales. 
Si uno logra abstraerse, porque somos contemporáneos a lo que nos está pasando, lo puede ver con mayor claridad. Los más jóvenes van cobrando mayor protagonismo mientras los más viejos se van replegando. 




Vos estuviste en la primera intendencia de Julio Solanas

Sí, en todas las gestiones de Julio.

Pero en la primera qué edad tenías

18, estaba en la Subsecretaría de la Juventud. 

Bueno, tenemos casi la misma edad. De aquella Paraná a la de hoy cambió muchísimo. Hoy, por ejemplo, yo no conozco todo Paraná. Hay tantos barrios nuevos...Cuando éramos pibes no había barrios que uno no conociera. Más allá de las diferencias de clase, etc, que siempre existieron y existirán. Cuando uno iba a San Benito o a Oro Verde, de camino veía que era todo campo. Hoy son todos barrios nuevos. ¿Qué te parece que cambió para bien y para mal en los últimos 20 años?

Ha cambiado en función del crecimiento. Y eso hace que, al ser Paraná una ciudad con tendencia al conservadurismo, ese crecimiento no haya sido acompañado por desarrollo, por un Estado como organismo que debe garantizar una ciudad para todos sus habitantes. Se ha caído en la terrible sectorización o exclusión de generar dentro de la ciudad diferentes guetos. Tenemos un gueto muy fuerte que es dentro de los bulevares. Creíamos que la diferencia entre ese dentro de los bulevares y el afuera se iba a ir acortando con el tiempo, a través de la paulatina inclusión del resto de los sectores. 
Hoy, lamentablemente, tenemos que volver a discutir esos conceptos. Porque no puede ser que haya una Paraná de primera y una Paraná de segunda. Además de una Paraná de tercera y una Paraná de cuarta. A la ciudad le hace mal ésto. Necesitamos imperiosamente volver a pensar un proyecto integrador de ciudad. Porque a pesar de que todas las distancias se acrecientan, se acortan. 

¿Por ejemplo?

Antes, cuando uno quería trasladarse de una punta a la otra de la ciudad, era bastante complicado. Hoy es muchísimo más sencillo. Pero eso hace que si nosotros no pensamos en una ciudad integrada, por más que algunos quieran vivir en una zona de inclusión y privilegio, tienen que encontrarse y relacionarse con gente a la cual la ciudad no les piensa un lugar y un espacio concreto, como por ejemplo en los espacios públicos. Tenemos los mismos espacios públicos en la ciudad desde hace 100 años. Y no hemos podido saber generar los paranaense espacios públicos, de recreación o esparcimiento, dentro de los diferentes lugares de la ciudad que no sea el centro cívico. O el Parque Urquiza.
Eso ha generado una confrontación permanente de gente que se siente con derechos étnicos adquiridos

jajaja, me encantó lo de derechos étnicos...

Pero vos sabés que es así

Por supuesto. 

Y es que en estos sectores, de dentro de los bulevares, se genera la sensación de intromisión permanente a lugares donde tendrían que ser de todos en función de la concepción de ciudad que nosotros pensamos. 

Otro caso sería, por ejemplo, Colonia Avellaneda: el grueso de esa ciudad, que creció mucho, trabaja en Paraná. Y a diferencia de antes, ahora está a minutos de la capital entrerriana. Igual, antes, uno iba a trabajar a la mañana, almorzaba en su casa, dormía la siesta, volvía al trabajo. Esa vida, por las distancias, hoy es imposible para la mayoría de los trabajadores de Paraná y de las ciudades aledañas. Y a su vez, todos los habitantes, tienen que hacer largas colas para ir al banco, para pagar las tasas o los impuestos, para sacar plata del cajero...

Primero hay que garantizar la calidad de vida de la persona donde vive. Las ciudades dormitorios que se van generando no son sanas. 

Pero es una tendencia mundial...

Sí. Pero todavía estamos a tiempo de revertirlo. de planificarlo: te doy un ejemplo concreto. Cuando se hizo la nueva planta potabilizadora de agua de Paraná, se dejaron previstos tres centros de distribución, dos en la zona este y uno en el sur que debe o debería abastecer de agua potable a Oro Verde, Colonia Avellaneda y San Benito. Esa planificación, que nos faltó concretar, te permite pensar que en algún momento la Gran Paraná pueda gozar de los mismos servicios de calle Urquiza y Corrientes que en el corazón de San Benito o en un barrio alejado de Oro Verde. Eso nos permitiría buscar un desarrollo más armónico. Porque sí, lo de las ciudades dormitorios es una tendencia mundial, pero no creo que sea lo más sano. Nosotros, con la extensión territorial que tenemos, tendríamos que ir pensando, para mejor calidad de vida de todos, dejar de acumular en el casco cívico y desplegar armónicamente los mismos servicios en los barrios y las ciudades aledañas. 
La clave es nuestra extensión territorial, esa es la diferencia de Paraná con las metrópolis del mundo. Por eso podemos aún revertir estas tendencias mundiales. Es cuestión de pensar la ciudad mirando para el otro lado, para donde podemos expandirnos, en vez de seguir concentrándonos y concentrándonos. 
Éstas son decisiones políticas que a veces no se toman porque los gobernantes están imbuidos en lo urgente, lo cotidiano y eso te absorbe. Ése es el gran defecto de casi todas las personas que pasan por la municipalidad. Acá y en todos lados. 

¿Tan difícil es congeniar lo coyuntural con un rumbo a mediano plazo en, ponele, tres o dos puntos básicos?

Lo que pasa es que si uno no tiene, previamente, un buen plan diagramado y diseñado, lo urgente del día a día te va a superar. Eso es lo primero que hay que tener claro. Y sí, todos dicen lo mismo, pero el problema es que nadie lo hace. Me parece que ése es el desafío. Con tiempo, seriamente, convocando a los actores principales, a los que necesariamente tienen que estar, hay que planificar estratégicamente para el mediano y el largo plazo. Y después hay que tener el coraje político para llevar adelante esos planes, atendiendo las urgencias y a pesar de los intereses que se vean afectados. En algunos casos, intereses poderosos. Hay que tener el coraje de llevar adelante las ideas.