El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

La UCR ganó y perdió

Pablo Mori-. A la UCR le queda el sabor agridulce del resultado electoral.



Con algunos triunfos rutilantes donde fue la estrella central, como en Entre Ríos, la UCR renovará la mayoría de las bancas conseguidas, especialmente en la Cámara de Diputados de la Nación. Pero el cuasi triunfo del pésimo candidato Esteban Bullrrich en provincia de Buenos Aires, nada menos que contra Cristina Kirchner, y el fracaso de la UCR porteña que acompañaba a Martín Lousteau que quedó tercero detrás de Filmus, el candidato K, dejan un sabor amargo en la UCR. El festejo de Cambiemos en Costa Salguero la noche de los comicios, mostró que la UCR fue la gran ausente. No solo su liturgia y sus símbolos, sino también sus referentes y sus discursos. Se impuso la estética PRO, con todos los ingredientes ideológicos que conlleva.
Varios militantes radicales se habrán sentido como la amante despechada y escondida.

Por lo pronto, con estas dos elecciones, la porteña y la bonaerense (donde muchos referentes importantes, como Ricardo Alfonsín, esperaban un fracaso rotundo de Cambiemos) la UCR quedó debilitada al interior de Cambiemos. Aunque fortalecida como partido si se compara con sí mismo con el 2015 o con el 2013.
Su destino es seguir en Cambiemos. Porque además, la sociología electoral muestra que los votos del PRO salen de los estratos sociales que votaban a la UCR hasta el 2001: la amplia clase media argentina.
A su vez, la política práctica muestra que, cuando la UCR no es necesaria, el PRO avanza como una topadora, como en el caso porteño. Así tenga que ceder ante Carrió, solo para arrasar con el radicalismo que solamente reclamaba internas para su candidato, el ex embajador de EEUU puesto por Macri, Martín Lousteau.


Esta aparente paradoja cobra mayor significado cuando se analizan las internas que se dieron en las PASO. Las listas que reclamaban "volver a los orígenes del radicalismo", como las dos listas que compitieron contra Benedetti, perdieron de manera catastrófica. A la vez, Sergio Varisco, el intendente de Paraná, donde Cambiemos sacó la mayor diferencia de votos, quedó opacado por la conjunción de referentes del PRO y el sector de Benedetti en la UCR. Como si Varisco no mereciera crédito, después de los escándalos que tuvo que sobrellevar con temple, por el arrasador triunfo en Paraná



También perdió el presidente del Comité Nacional de la UCR, José Corral, en la ciudad donde es intendente, Santa Fe. Las internas -que quiso evitar a toda costa- le sirvieron finalmente para que no quede tercero.
Pero ojo que los radicales que permanecieron en Santa Fe con el Partido Socialista gobernante en esa provincia, quedaron terceros en la elección. Fracasaron en su estrategia de provincializar la elección. Fracasaron por lo tanto en su prédica para que el partido adopte en todo el país una postura socialdemócrata, y por lo tanto, se aleje del PRO y de Cambiemos. Esa discusión ideológica y estratégica se saldó en las urnas. El ala socialdemócrata del partido quedó herida de muerte.


A todo esto, hay que sumarle el éxito de Carrió, que arrasó en la elección porteña. El éxito de Carrió es leído al interior del radicalismo como otro fracaso de la UCR. Quizás el más doloroso, porque Carrió supo surgir de las filas de los boinas blancas.

Leído el resultado nacional y si se confirma o amplía en octubre, la UCR queda debilitada para presentar un candidato nacional. Además de Macri, los cuadros políticos de Cambiemos con proyección nacional, no pertenecen a la UCR: María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta son del PRO, al igual que Rogelio Frigerio y Marcos Peña, Carrió es de su partido unipersonal y Cobos fracasó en Mendoza, quedando Sanz como principal referente.

Los ministros radicales que pelearon una candidatura en sus provincias fracasaron en Tucumán y La Rioja. Perdieron de manera humillante, hay que agregar.
Con mucho menos, el director del Banco Nación, Atillio Bnedetti, ganó Entre Ríos por ejemplo.

Los gobernadores de la UCR ganaron todos. Tanto los cercanos a Cambiemos, como los de Jujuy y Mendoza, como los de juego propio, como en Corrientes, Misiones y Santiago del Estero.
El probable triunfo de Vidal y el seguro triunfo de Larreta, restarán valor a los triunfos radicales en las comarcas que gobiernan.
Ninguno de los gobernadores radicales ha podido nacionalizar su triunfo y su figura. ninguno es, hoy por hoy, presidenciable.


Así las cosas, a la UCR le queda un sabor agridulce.
Logró revalidar bancas, ganó el ala interna que sostiene la alianza con el PRO, pero a la vez sigue sin proyección nacional ni un líder de recambio.
La UCR, un partido amante de las paradojas, ganó y perdió al mismo tiempo.