La Solapa y la hilofobia

Daniela Sánchez-. Aunque cada vez se usa menos para "asustar" a los niños que no duermen la siesta, la creación entrerriana tiene su réplica en distintas ciudades del mundo.


La Solapa es entrerriana pero no es original. Cada país y dentro de cada país tiene un mito o leyenda para asustar a los niños.


En la Edad Media, los historiadores actuales califican como "miedo al bosque" a aquel conjunto de creencias antropológicas que dotaban de cohesión a las ciudades feudales. El miedo a lo que ocurra más allá de sus confines, era un miedo basado en elementos reales como los asaltos y las diversas guerrillas y guerras de la época, como imaginarios, mezclados con la mitología y la religión. Servían también para control social. De ese miedo, real o imaginario, los protegía el señor feudal, el mandamás del poblado, a cambio de la correspondiente cuota de impuestos en granos, comida, producción o monedas de oro o plata. 
Ese es el origen de los estados nacionales modernos. Ahí germinó la burguesía y lo que hoy conocemos como Estado de Derecho se fue incubando hasta propiciar la Revolución Francesa y la Revolución Industrial en Inglaterra. 
En Europa, muchos de los seres mitológicos de aquel entonces aún se mentan como leyendas rurales o llenaron las páginas de libros infantiles. 
Nuestros duendes (cada provincia tiene uno parecido) encuentran sus orígenes lejanos en estas leyendas.



El "miedo al bosque" hoy se diagnostica como "Hilofobia", que significa el miedo irracional a perderse en un bosque y que es causado por un trauma de la infancia. 
Aún desconociendo esta definición, las madres ya no usan el miedo a La Solapa para asustar a sus hijos y que duerman la siesta, probablemente, porque los niños de hoy son más capaces de asustar a los padres que a la inversa.
La "función del mito" se ha perdido porque se ha perdido su eficacia. Además de que las tecnologías actuales hacen que cualquier niño tenga sus propios relatos infantiles a través de dibujitos, interacción digital con otros niños, películas pensadas para su edad, etc. Como la mayoría de estas producciones culturales para niños no son entrerrianas, la singularidad que propiciaba el aislamiento rural y semi urbano de la Entre Ríos de antes, se fue perdiendo con el tiempo. 
Ni siquiera en todas las ciudades de Entre Ríos La Solapa era de la misma forma. Incluso se mezcla en algunos casos con otros mitos, más o menos reales, como "la luz mala" -posible emulsión de huesos de animales- o el "viejo de la bolsa", del cual hablaremos más adelante.

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El periodista y escritor Fabián Reato describió a La Solapa como “una vieja vestida de negro y con una bolsa de leña cargada”
Carlos Eduardo Lescano , conocido como Santos Tala, fue quien hizo una canción para retratar a La Solapa.
El supuesto inventor de La Solapa (en realidad, escribió una canción, la primera, sobre ella) la describe como un duende. Menos terrorífica que en la versión de Reato, que es la que más se ha difundido. 




La Solapa tiene correlatos más siniestros, como la veneración a Padrito Sangueso en Salta.
Pedrito Sangueso existió, fue un niño de 6 años que el 19 de mayo de 1963 fue brutalmente violado y asesinado.
El "pájaro de mal aguero", que se menta en la zona de Corrientes, es el Cachirú, mitad verdad -pájaros de la zona- mitad mentira y se utiliza con los mismos fines hoy: que los niños duerman la siesta.

Por otro lado, "el viejo de la bolsa" fue muy popular como secuestrador de niños que se portaban mal en la Buenos Aires de los años 40. Su historia proviene de la otra ciudad preferida por los inmigrantes europeos: Nueva York, donde en los años 20 Albert Fish fue arrestado por una serie de asesinatos de niños, tras la descripción de varios padres que lo  vieron merodear antes de que sus hijos desaparecieran para siempre. Llevaba una bolsa, barba larga, sombrero. Confesó 100 asesinatos de niños. Lo ejecutaron en la silla eléctrica.



A lo largo de la historia, los mitos han servido para disciplinar socialmente, explicar la naturaleza, darle forma a los saberes antiguos y responder las preguntas metafísicas del hombre. Esos mitos, que han estado presentes en todos los pueblos del mundo y en todas sus culturas, a menudo adoptan distintas formas y necesidades, pero se emparientan en sus objetivos.