La resurrección radical

Pablo Mori-. La resurrección del radicalismo se da a partir de un áspero debate interno, que lo mantiene con vitalidad al partido centenario.


Su actual alianza con el PRO y las instrucciones que recibe de la dictadora de TV por cable Elisa Carrió, genera en el centenario partido un debate áspero sobre el rumbo ideológico. Ésta es la muestra de la vitalidad interna, de su riqueza interna y de su futuro de cara a los votantes.

Tantas veces dado por muerto, el radicalismo sobrevive no solo porque tiene, como la iglesia y el peronismo, una parroquia y un cura en cada pueblo, sino porque su vida interna agitada y siempre al borde de la ruptura, hace que el papel que juega en la república se vaya reconfigurando de acuerdo a los nuevos tiempos. Esa es la forma en que resucitó la UCR. No solo en los últimos tiempos, sino cada vez que enfrentó una profunda crisis o que se dividió de manera drástica.

Sin la UCR en la Argentina no hay garantía de alternancia. Lo saben, principalmente, los entrerrianos. En esa provincia no hay chances, por lo menos en el mediano plazo, que pequeños partidos o partidos estrictamente provinciales, ganen la gobernación si no es con la UCR como aliada y, dada la correlación de fuerzas realmente existente, sin la UCR liderando esa patriada provincial. Porque no existen partidos provinciales de largo aliento como en Neuquén. La experiencia más cercana, el partido armado por Busti para él y su familia, terminó como era previsible. A menos de seis meses de buscar que la UCR lo apoye como candidato a gobernador, tras salir tercero y como candidato a vice, negoció para él solo, un lugar al lado del kirchnerismo gobernante. Como acompañante en clase turista, su alejamiento de las urnas es casi definitivo.
El socialismo no tiene los dirigentes excepcionales que han surgido en Rosario, sino un puñado de oportunistas que colgados de la UCR han llegado a concejalías y diputaciones para después librar batallas mortales y suicidas por asuntitos menores e irrelevantes para el común de la gente. Hoy están aliados a los maoístas y llevan como candidato al ex menemista, ex kirchnerista, ex macrista y futuro ex socialista, Emilio Martínez Garbino. Aquel que, defendiendo las banderas del menemismo, perdió contra la UCR a pesar de los ATN que financiaron su campaña ilegalmente, tal como comprobó y condenó la Justicia. En ese momento, la UCR iba aliada del Frepaso y los enterradores pronosticaban que el Frepaso iba a absorber a la UCR. La UCr entró en coma después de De La Rúa, el Frepaso despareció: sus dirigentes se hicieron kirchneristas y hoy cantan la marcha peronista por monedas.
Ni los dirigentes del PRO entrerriano tienen la sociedad porteña, ni la sociedad entrerriana tiene dirigentes del PRO con altura. Lo que tienen son lobistas de sus propios negociados como Etchevehere y el menos sofisticado, casi cavernícola Alfredo De Ángelli.


La alternancia, que es la clave de la vitalidad de una democracia republicana, solo la puede garantizar la UCR.  De ahí que sus enterradores terminen divagando por todos los espacios políticos, para romperlos. Como Ricardo López Murphi, Leopoldo Moreau y próximamente, Elisa Carrió, la dictadora de TV por cable.
La ambición y el camaleónico protagonismo que necesita la doctora Carrió, la hace depender totalmente de su verdadero partido político: el Grupo Clarín. Si algún día la dejan de necesitar, esta señora de Recoleta se vuelve al Chaco a mirar pastar las vacas.
De esa insustancialidad no se puede esperar nada bueno ni duradero. Por eso es necesario el radicalismo. Por eso es más necesario hoy que nunca.
Sin la columna vertebral del radicalismo, los personalistas que arman pymes de ocasión para sostener sus bancas unipersonales, terminan recorriendo todo el espinel de los partidos políticos hasta que se les acaba el favor de los grandes medios y los descartan. Ahí vuelven al redil.
Pero tienen que hacer la fila para entrar como uno más.

La previsible ruptura de Carrió con Macri por cuestiones de vanidad y egocentrismo, volverá a la UCR vital para la garantía de gobernabilidad de Cambiemos. Aunque suene paradójico, dado que el principal virus inoculado en la sociedad argentina contra la UCR es el fantasma de la ingobernabilidad. De ahí se deriva que el radicalismo, sin ceder ni arrodillarse acríticamente, debe permanecer dentro del Frente Cambiemos, garantizar que concluya su mandato en las mejores condiciones posibles y luego barajar y dar de nuevo, buscando alianzas menos contra natura y un debate ideológico más sofisticado. Pero primero hay que garantizar el principal objetivo, que es dar a la sociedad una señal clara de que la UCR es la garantía de alternancia en el país. Sin esa garantía de alternancia, la Argentina está condenada a la larga noche mexicana con el PRI.
Comprender ésto cabalmente, es comprender el futuro del país y de la UCR como una parte insustituible del país, de la defensa de sus instituciones y el fortalecimiento republicano.
Lo demás, las internas, los espacios de poder, los porotos legislativos, no son más que brisas dentro del viento que empuja a la UCR a su misión histórica: garantizar la alternancia.

Por eso resucita la UCR. Por eso seguirá existiendo. A pesar de los enterradores.