El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

El show de Patricia Bullrrich



Daniela Sánchez-. La espectacularización de las detenciones (algunas sospechadas de arbitrarias) que muestra el gobierno nacional en casos de corrupción del gobierno anterior, deja ante el mundo la imagen de un país ridículo cuando se lo contrasta con otras detenciones por casos más graves como el terrorismo en los países desarrollados. Cuando tiene que enfrentar un tema más serio y delicado, el Ministerio de Seguridad hace agua por todos lados.





En Barcelona, las fuerzas de seguridad trabajaron rápidamente y capturaron o mataron a los terroristas que perpetraron el cruel atentado en nombre de la Guerra Santa. Los detenidos, fueron llevados por policías que no se cubrían el rostro y el detenido llevaba esposas y estaba vestido tal como lo capturaron. Se le permitió ocultar su rostro ya que, en democracias normales, se presume su inocencia hasta tanto se lo condene con el debido proceso. Algo que los terroristas que matan a mansalva jamás respetarían de instalarse el califato delirante por el que luchan.
Detrás de ese guerrero solitario y cruel hay varias organizaciones terroristas que reclaman para sí su accionar y lo reivindican como héroe. ¿No es acaso un preso peligrosísimo?


Un contador es detenido en Argentina por sospechas de lavado de dinero de la familia de la ex presidenta Cristina Kirchner. Le ponen un casco (¡un casco! ¿para qué, va a andar en moto?), un chaleco antibalas...y lo pasean mostrando su cara con policías pertrechados para ir a combatir el ISIS pero que en general son asesores de la ministra Patricia Bulrrich que se calzan el uniforme para la foto.
Hasta José López, detenido in fraganti tirando bolsos de dinero en un convento, fue detenido de la misma manera. Jamás opuso resistencia.

El show de Gerardo Morales con la detención y la violación de todos los tratados internacionales en materia de derechos humanos de las personas prisionalizadas, es visto desde el gobierno nacional como un desvarío caudillista del radical jujeño. Aunque el propio gobierno nacional es igual o peor en sus montajes mediáticos.


Las fotos armadas con la detención de opositores -que pueden haber cometido delitos o no, tendrá que probarlo la Justicia- quizás no sea ilegal, sí es poco respetuosa de la división de poderes y no tiene nada que ver con el republicanismo que pregona, de la boca para afuera, el gobierno nacional.

La detención de tuiteros por criticar al presidente, la publicación de audios privados en causas armadas para pinchar los teléfonos de opositores, el gasto que no se destina a seguridad sino a vigilar que no lo escrachen al Presidente o que no lo insulten por teléfono así no arruinan las cuidadosas puestas en escena de marketing político, es verdaderamente un bochorno.
Pero ni siquiera es lo peor del cotidiano show de ese personaje siniestro que es Patricia Bullrrich.

Lo peor es que cuando el Ministerio de Seguridad tiene que trabajar en serio hacen agua por todos lados. El caso de la desaparición forzada de Santiago Maldonado es el que está hoy en vidriera, a pesar de los intentos por minimizar la gravísima cuestión. Las mentiras de que Maldonado estaba en Chile, en Entre Ríos, que fue visto en una cámara de un local de comidas, el allanamiento de todo un barrio en Gualecuaychú porque "todos se parecían a Maldonado" solo tratan de tapar lo obvio: la ineficacia de Patricia Bullrrich o su supuesta complicidad.


Apenas asumió, Bulrrich hizo el papelón con los tres presos fugados del penal de Ezeiza. Los mostró como una organización delicitiva de altísima logística y aceitados vínculos con autoridades y al final los encontró un peón en el único lugar donde nunca los buscaron. Al peón nunca le pagaron la recompensa. Los fugados estaban hambrientos y pedían agua.
Ya nadie recuerda que Pérez Corradi, buscado por Interpol, fue detenido y durante meses fue llevado a diario a declarar ante la Justicia. Se suponía que iba a declarar contra dirigentes políticos opositores. Terminó siendo una mentira más del show de Patricia Bullrrich y el detenido por un triple crimen se marchó del país. Nunca más se supo nada de él.

El show de Patricia Bullrrich es autoritario, cínico y, lo peor de todo, completamente ineficaz. Deja en ridículo a la Argentina con sus guiones de película Clase B. Viola la división de poderes, la presunción de inocencia y la libertad de expresión. Todo en nombre del republicanismo. Una farsa. Una truchada que, cuando tiene que trabajar en serio, Patricia Bullrrich muestra que no sirve para nada.