El fenómeno PRO

Osvaldo Quinteros-. Un fenómeno sociológico inexplicable: los intelectuales debaten más la naturaleza del peronismo, reactivando incluso viejas categorías, que de la naturaleza de la composición de Cambiemos, la verdadera novedad en la actualidad. Y en la historia argentina.




Cambiemos es el frente que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación, junto a la segunda mujer en ser electa vicepresidenta (la primera fue Isabel Perón) y la primer vicepresidente que tiene movilidad reducida. Gabriela Michetti es además, junto a Mauricio Macri, de los primeros integrantes de la Presidencia y Vice que asumen sus mandatos estando divorciados. En un país profundamente católico y mientras se da el fenómeno histórico de un Papa argentino (que además, apoyó abiertamente al candidato opositor a Macri y Michetti). Un Papa, Francisco, que cuestiona el capitalismo salvaje y pregona la austeridad, justo cuando en Argentina se elige por primera vez a un empresario como Presidente. Que profesa públicamente un culto new age, de los que combate la iglesia católica. Durante su período como alcalde porteño, pagó con fondos públicos presentaciones del empresario de la respiración, Ravi Shankar, que fundó una especie de culto posmoderno con una práctica bastante escandalosa en el mundo por sus manejos turbios. Por si esto fuera poco, el asesor ecuatoriano del Presidente, en plena campaña electoral, se burló de la influencia del Papa Francisco.

Es el primer Presidente electo desde la recuperación de la democracia, que no es abogado.
Es el primer Presidente que no es radical ni peronista, que gana las elecciones con un partido nuevo que, a su vez, presentó por primera vez una candidatura nacional.
Es la segunda vez que una fórmula compuesta exclusivamente por dos porteños, gana las elecciones presidenciales. Los primeros fueron De La Rúa y Chacho Álvarez.
La ideología del PRO mezcla el clásico conservadurismo popular que es propio de los grandes movimientos populares argentinos, especialmente el peronismo, con neoliberalismo económico y una cultura propia de los gerentes de empresa. A esta mescolanza, se le agrega un fuerte elitismo de clase acomodada. Y un discurso, sacado de los manuales berretas de autoayuda, que busca generar empatía y a la vez despolitización. Su ideario del mundo es el clásico de la derecha argentina, que nunca pudo construir un partido político propio que alcance la Presidencia de la Nación. A todo esto, se suma que tienen a la primer mujer gobernadora de la provinciad e Buenos Aires, electa sin ser radical ni peronista, sin ninguna trayectoria propia en la provincia y trasplantada, tras ser ministra del gobierno porteño. El trasplante a la provincia fue exitoso, aún cuando María Eugenia Vidal competía por primera vez en territorio bonaerense.
Un fenómeno político increíble, que aún sigue siendo una incógnita difícil de descifrar para anticipar, así sea a grandes trazos, el horizonte de futuro con que cuenta.



En el 2014, el PRO había perdido la personería jurídica del partido en el principal distrito del país, provincia de Buenos Aires, donde administraba un solo municipio -de 135 que tiene la provincia- y un solo diputado nacional, en el distrito que contiene al 38% del electorado nacional.
En Entre Ríos, pasó de ser un partido marginal que nunca superó el 2%, a un partido con un senador nacional, dos diputados nacionales, varios provinciales y algunos municipios.


En términos sociológicos, el despliegue del PRO se basa en el electorado radical. Le "come" ese electorado, que estuvo de algún modo huérfano durante la hegemonía del kirchnerismo. Aunque lo correcto sería decir que era un electorado nómade desde la renuncia de Fernando De La Rúa.

El verdadero interrogante es si el PRO llegó para quedarse, ocupando el espacio que supo ocupar la UCR en sus épocas de esplendor.



Éste interrogante no puede contestarse hoy, dado que su suerte está atada al desempeño de los gobiernos nacional, porteño y bonaerense y al crecimiento que tengan, a expensas del radicalismo, en el resto del territorio nacional.
Por lo pronto, han avanzado y mucho en Córdoba y Santa Fe.
En los distritos más grandes del país, el PRO es una realidad que pareciera que llegó para quedarse. Claro que todo puede desmoronarse si el gobierno nacional continúa con este despliegue mediocre en la economía, sucio en la política (con la utilización descarada de la SIDE y la prensa oficialista para atacar las 24 hs del día a los opositores) y antirepublicano. Aunque el perfil cesarista del PRO queda amortiguado por los republicanos de la boca para afuera, como Elisa Carrió. Esta amortiguación se debe a dos factores confluyentes: el éxito electoral y la pertenencia de clase.
Ya se sabe que a los ricos se los considera republicanos a institucionalistas per se. Los populistas son los que representan, o pretenden representar, a los sectores populares.
Munidos con esa precaria construcción binaria, han gobernado casi dos años.





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