Ecoterrorismo y borracheras


Martín Vázquez y Lucas Carrasco-.  Advertencia al lector: esta nota, escrita en un bar porteño durante una laaarga noche, fue antes de que EEUU aplicara un oneroso arancel al biodisel (sustituto del petróleo hecho en base a cultivos y granos) de origen argentino. Lo cual demuestra que algo de cierto tienen estas hipótesis, algo alocadas para que se comprendan con humor. Bien, hecha la advertencia.





La inestabilidad crónica de Medio Oriente se explica a partir de la guerra por el
petróleo. También las dictaduras y el financiamiento del terrorismo, se explican en el marco de este juego de espías, invasiones, desigualdad social y monarquías opresoras cuyo sostén, en última instancia, es el petróleo. ¿Qué puede cambiar y por qué le debería importar a la dirigencia de la Pampa Húmeda de la Argentina?
Ahí vamos.


Como es sabido, los países desarrollados quieren que todos los países, incluidos los subdesarrollados, cuiden el medio ambiente del planeta. De manera drástica y decidida. Lo que en los hechos significa que las economías emergentes no hagan lo mismo que hicieron los países desarrollados para desarrollarse. Es la vieja zanahoria -acompañada por el palo con el que golpean a los que no quieran creer- que andando para atrás el tiempo, siempre tienen disponible los imperios. Las zanahorias se basan en la fe de los conquistados. Son religiosas. (Como coartada penal son religiosas) Lo cual tenía algún sentido en los imperios anteriores a que la ciencia y el racionalismo sean el paradigma dominante. Hoy suenan algo estúpidos. Y es porque la mayoría de las veces son postulados estúpidos.


En los últimos tiempos, a esta farsa se le cayó el velo. Donald Trump, presidente de la plutocracia yanqui, anunció que retira a Estados Unidos de los acuerdos (que total nadie respetaba) por el cambio climático. Como contrapeso, Gustavo Bordet, líder mundial del ultraecologismo y gobernador part time de Entre Ríos, anunció durante sus vacaciones en Marruecos, que "Entre Ríos contribuirá a reducir los efectos nocivos del cambio climático". ¡Uaaauu! La ONU no registró este contrapeso y la prensa mundial prefirió ignorar los dichos de Bordet, como si fuera un hombre pasado de copas. Algo usual durante las vacaciones. ¿A quién no le ha pasado? Playas, chicas bonitas, tragos, la noche se presta para decir alguna que otra boludez y mandar un mail con esas ideas que, en el momento, te parecen geniales. Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera. Pero ojo, esto no disculpa al mundo por el destrato que tuvieron ante la propuesta del Marco Polo concordiense, que solo quería salvar los osos panda. Qué tierno.

ELLOS MORIRÁN TORTURADOS PORQUE VOS, SÍ, VOS, USÁS AEROSOLES 


Mucha gente decente cree en estos postulados ultraecologistas, que como carecen de fundamentos científicos serios, se apoyan en líderes religiosos como el Papa Francisco. Cuyos delegados argentinos hacen campaña política con la encíclica Greenpace del Papa, lo cual sería algo así como Yellowpace. Con amarillo Vaticano, no (aún) amarillo PRO. De hecho, que Bergoglio, Maradona y Moria Casan aún no sean oficialistas, habla muy mal del presidente argentino. Quizás por eso se demora la lluvia de inversiones extranjeras del tercer semestre.
Volvamos a los amigos del ultraecologismo vaticanfriendly. Sacan tres votos y medio pero no es un problema de la encíclica Laudato Sí, ni del Papa Francisco, sino de los que trabajan de decirse sus amigos. Buena gente, probablemente, pero sin votos. Lo cual es un drama para la actividad que eligieron, la política.

Hay gente honorable intelectualmente sosteniendo estos postulados del utraecologismo. Gente seria. Respetable. De esos que nunca nos invitarían a sus cumpleaños.
Sin embargo, esta prédica ultraecologista, que tanto florece en los países desarrollados europeos y anglosajones (con la excepción de Trump en su faceta twistar, donde declara guerras a Corea y Venezuela y las empresas que no compran el cotillón textil de su hija; pero en su faceta presidencial, nada cambió mucho) puede operar en sentido contrario a los objetivos económicos y militares de las grandes potencias, siempre y cuando se vaya disminuyendo la contribución del petróleo al funcionamiento de la sociedad de consumo. Reemplazándolo por energías limpias. Las cuales sólo se pueden producir -en cantidad significativa y con la tecnología disponible- a partir de los alimentos. Que a su vez se producen sobre un bien finito: la tierra fértil, un bien cada vez más escaso mundialmente.

Hay una alarma interesante, debatible, compleja, contra este tipo de energías limpias por lo que implicarían: un sideral aumento del precio de los alimentos, que muchos países no producen. Algunos de los cuales, no los producen porque no pueden. No porque sus oligarquías petroleras o mineras tengan fiaca, sino porque los suelos no se lo permiten.


Las dictaduras petroleras -tanto las que se hacen en nombre de Alá como las de la revolución bolivariana- se caracterizan por dilapidar para el núcleo de la monarquía gobernante la renta petrolera, importando todo lo demás. Incluidos los alimentos. Un encarecimiento del precio de los alimentos (dado que se utilizarían en mayor cantidad para producir energía, aumentando la demanda de una oferta limitada por la naturaleza) hasta ahora nunca se dio junto a una baja del precio del petróleo, pero de ocurrir, de proliferar este esquema hipotético pero no improbable, en Venezuela gobernaría la misma banda de narcotraficantes pero en nombre de los ayatolá del neoliberalismo y en Argentina, Macri ya estaría postulando a su esposa para presidente con el Papa Francisco sonriente con una remera del Ravi Shankar y pidiendo "cuiden a Juliana". Porque, como dijo el filósofo Mastercard "hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás, está el Vaticano. Así que comprate el Vaticano".


¿Cuál sería el futuro de la prolífica industria del terrorismo si el petróleo pierde su lugar de sistema nervioso central del capitalismo globalizado? No lo sabemos. Y falta mucho para que algo así ocurriera eventualmente.

Sí, podría suceder un desplazamiento geoeconómico en todo el globo terráqueo: donde hoy hay convenientes monarquías petroleras, podrían florecer las democracias. Y donde florecen los alimentos, podrían sembrarse las monarquías.
¿Es muy insólito, tan imposible el planteo?
Basta considerar un punto: si Asia, especialmente Chindia (China e India), decidieran tomarse en serio el ultraecologismo, el actual esquema económico de Argentina se caería en mil pedazos. Por razones que son largas para analizar acá. Pero como un dominó se caerían, también, las economías latinoamericanas del sur. Que hoy dependen de la venta de materias primas hacia el Pacífico.
El mundo se daría vuelta. Medio Oriente vería hundirse el precio del petróleo si solo descendiera el auge industrial de Asia, ni que hablar si en occidente se redujera el peso de los combustibles fósiles de manera decidida, sustituyéndolos por biodisel. Sería el fin de esas monarquías tan parecidas a Latinoamérica en cuanto a desigualdad social. Su industria del terrorismo e desplomaría a niveles africanos, pero de la sábana subsahariana. Sería un golpe casi mortal al mundo tal y como lo conocemos.



¿Sería conveniente para Entre Ríos?

Para el puñadito que maneja las tierras, sí. Para el resto, quién sabe. Lo más probable es que la miren de afuera, como esos menesterosos que son alejados por la policía de los freeshopp de Dubai. A los que no les dejan apoyar ni la ñata contra el vidrio.
Monarquías sojeras en nombre de Dios, como las viejas dictaduras integralistas en Latinoamérica. Hoy suena difícil, casi imposible.
Aunque si uno mira que ya el país está atendido por sus propios dueños...el futuro no pinta tan lindo.