CÓMO SE SALVÓ MI MATRIMONIO

Manuel Langsam-. (Relato Erótico)


Estaba deprimido y preocupado. Me di cuenta que había bajado la venta de mis libros y ya no era noticia en los medios de comunicación. Nadie me llamaba para entrevistarme o pedirme alguna opinión sobre temas actuales o del pasado.



Me puse seriamente a pensar que podía hacer para revertir esa situación y volver a un plano interesante en las noticias.
Después de considerar varias opciones,  llegué a la conclusión que el mejor modo de trascender sería el que emplean todas las figuras públicas actuales: dejar trascender que estaba a las puertas de una inminente separación conyugal y empezar a dejarme ver  con una rubia treinta años más joven y con “elementos” resaltados con siliconas, botox, liftings e implantes.  Y, de ser posible, que no dijera  “¿vistes?” al final de cada frase.
Una vez convencido que esa era la mejor solución, el paso siguiente fue pensar cual sería el modo y el mejor momento para decírselo a mi esposa. Llegué a la conclusión que el momento ideal sería después de la cena (ya que si lo decía antes, a lo mejor tenía que ir a dormir con hambre….).
Y así lo hice. Con toda  tranquilidad, de frente y como si fuera la cosa más natural del mundo, le informé de la resolución y que la misma era irreversible.
¡Que decepción! Cuando creí que vendría una catarata de  llantos y lamentos, ella, sin prestarme mucha atención, me miró y me dijo:
¿Ya tomaste todas tus pastillas?
Quedé medio desarmado. Pero le informé cual era el motivo y que seguiría adelante con mi decisión, ya que no había otra forma de volver a los primeros planos.
Sin perder la calma me dijo:
¿Y no probaste con volver a escribir?
Entonces caí. ¡Claro! Excelente idea… No se me  había ocurrido  esa salida. Y de inmediato me puse a escribir.
Y acá está. Esto es lo que salió.

Solucioné el problema y luego me acosté con un té de hierbas y una bolsa de agua caliente a los pies.


Aclaración del autor: no se bien que significa la palabra “erótico”. Mañana me fijo en el diccionario… Pero, como título, queda lindo ¿no?