Cambio en Cambiemos



Ezequiel Bauman-. El tono agresivo del gobierno contra la industria fue mutando, al calor de resultados positivos en las últimas semanas, según estadísticas oficiales y privadas. El impacto en Entre Ríos tiene sus peculiaridades, con una obra pública escasa y las picardías en el rubro transporte.


Hubo un cambio en Cambiemos. Un cambio positivo.
Del agresivo discurso anti industrialista de inicios de gestión, considerando a buena parte de la industria, especialmente la intensiva en mano de obra, como "inviable", parecían retornar los viejos fantasmas de los años noventa.
El año 2016 fue catastrófico para la industria. Producto de esa catástrofe, este año, en la comparación interanual, los números son positivos. Montado sobre estos números positivos, el gobierno nacional fue cambiando su discurso, saliendo del discurso de derecha conservadora clásica argentina para irse hacia el centro. Por lo menos en materia económica.
Por supuesto que este cambio contiene el caballo de troya de la astucia electoral. 
Pero no conviene ser necio y dejar de reconocer lo positivo de este cambio en Cambiemos.


La actividad industrial registró durante junio una suba del 6,6% en relación a igual mes del año pasado, con alzas en casi todos los rubros fabriles relevados, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Haciendo la salvedad de que se trata de la comparación interanual con el desastre que propició el propio Cambiemos en la industria el año pasado, este es un dato positivo que impacta en el empleo industrial, amortiguando su caída.
La caída en el empleo fabril fue importante. Aunque maquillada con suspensiones, acortamientos de jornadas laborales, vacaciones obligadas y terciarizaciones que aumentaron el empleo en negro. Igualmente, esta caída se hizo sentir en el número de aumento de la desocupación.
Buena parte del aumento de la conflictividad social deriva de este maltrato a la industria, que hasta hace poco era considerada inviable por el gobierno nacional.
También en estos número debe rastrearse el zigzagueante comportamiento de los grandes gremios, adheridos a la CGT, de la industria o de servicios vinculados directamente a la industria o a los cordones industriales del país. Sin caer en la tentación del economicismo.



Para dar mayor credibilidad a estos números oficiales, la Unión Industrial se pronunció en igual sentido. Sus números privados dan los mismos valores que los del instituto de estadísticas oficial.
Con la suba de junio, sumada a la registrada en mayo (2,7%), se frenó una caída de 15 meses de baja consecutiva de la actividad fabril. Así, el Estimador Mensual de la Industria (EMI) en el primer semestre quedó neutro. Lo cual habla de que aún no hay recuperación plena, pero tampoco el pesimismo hacia el precipicio que imperaba en la mirada de los actores de la industria argentina.
Los datos de la Unión Industrial Argentina (UIA) en el acumulado de los primeros cinco meses del año también muestran números positivos en casi todos los rubros. La construcción, por ejemplo, frenada el año pasado por el parate de la obra pública, creció 4,5% mientras transporte y comunicaciones aumentó 4% en el mismo período.
Los grandes actores "privados" revelan así que la intervención del estado en la economía es fundamental para que les vaya bien. Toda una definición ideológica.

En lo que hace a la provincia de Entre Ríos, estos números, que son un promedio general de todo el país, solo tienen incidencia en la industria de baja calificación como la construcción, aunque con la salvedad de que en Entre Ríos no hay en marcha obras públicas de magnitud, apenas si se están terminando las obras que el contador Bordet frenó de la gestión del anterior gobernador Sergio Urribarri, que fue un gran impulsor de obras públicas de diferentes tamaños e impactos pero en toda la geografía provincial, incluyendo a pequeñas localidades, donde el impacto es mayor en todos los sentidos.
En transporte el alza tiene su incidencia pero en realidad es mayor el aumento del costo del transporte para el usuario que el aumento de la actividad en este rubro.
En Entre Ríos se ha priorizado subsidiar a los empresarios de servicios, que contratan gente en negro y que son una verdadera carga sin beneficios sociales para el erario público, como Miguel Marissa. Los ciudadanos entrerrianos saben que estos subsidios y condonaciones de deudas no tienen ninguna lógica económica sino política. Es un secreto a voces que de estos pseudo empresarios sale el dinero para financiar las campañas de los principales partidos políticos. Ante la total indiferencia de la Justicia provincial muy propensa al show y la banalización de la corrupción. Pero siempre dejando afuera a los verdaderos jugadores del poder.


Este cambio de Cambiemos vuelve, en rigor, a la vieja tradición económica de la Argentina.
No es que hay algo nuevo en marcha.
Sí hay que prestar atención a que el gobierno nacional puso el freno en alguna de sus declaraciones más estrafalarias. Lo cual es positivo.
Habrá que ver si lo hace porque estamos en época de elecciones o si verdaderamente tiene vocación de corregir el desastre económico en el que nos metió.
Por ahora, además del cambio de discurso y la continuidad de los subsidios a la industria, las grandes líneas del programa económico que a mediano plazo buscan la aniquilación de parte de la industria, siguen vigentes. Por ejemplo, la bicicleta financiera, las apertura indiscriminada de importaciones y la obsesión, compartida con la UIA, por aumentar las ganancias empresarias a costa del bolsillo del trabajador.