Bienvenidos a Macondo



Nicolás Estevez-. Los gobernadores, en general, tienen dos opciones: optar por el federalismo, lo cual requiere autonomía y voluntad política (que van de la mano) o la mendicidad: esperar, de manera humillante e improductiva, que Nación reparta y luego soñar que le deje algunas migajas. El caso de Entre Ríos y su degradación.






El tema es especialmente sensible en Entre Ríos, dado que sus sectores cultos pueden contrastar la historia de esa provincia, su contribución a la Nación, y el patético personaje menor que actualmente los gobierna, Gustavo Bordet, cuya cara sorprende en afiches puestos por toda la capital provincial. Según me cuentan, esos afiches son nuevos, posteriores al fracaso electoral. No hay Plan B al parecer. Lo cual conduce al bordetismo -expresión que surge de la comunicación oficial- a una derrota aún mayor con Cambiemos, que no hizo muchos esfuerzos por ganar.

Late entre los entrerrianos todavía algún orgullo herido, una cierta esperanza de redención. Aunque en general prima la resignación. El fastidio se deja traslucir por lo bajo. Los mismos dirigentes (gremiales, educativos, empresariales, políticos) que hablan en voz baja de la decadencia, públicamente felicitan al gobernador por cuestiones insólitas como "no despedir trabajadores" o supuestamente "fortalecer Entre Ríos". Incluso se leen reportes sobre un supuesto ranking de transparencia fiscal -inexistente, hecho por una consultora inexistente- donde Entre Ríos encabeza el ranking. Espectaculares cifras de turismo (los hoteles son de la dirigencia judicial y política, pero de todas maneras, están siempre vacíos). Festejos porque la provincia "consiguió" un crédito para pagar los salarios de los empleados públicos de este mes. La inauguración de un cajero automático en una ciudad (el banco está privatizado, como casi todo lo rentable en esta tierra arrasada). Un adelanto "de la provincia" a supuestos cooperativistas que barren las calles de Concordia por dos mil pesos mensuales. Exitosas giras comerciales por el mundo, fotos del gobernador y algunos políticos devenidos empresarios viajando por los mejores lugares turísticos del mundo en "busca de inversiones".
Bienvenidos a Macondo.


La mendicidad es lo contrario al federalismo. Aunque es fácil ejercer la mendicidad y difícil ejercer el federalismo. La mendicidad consiste en humillarse, arrodillarse, implorar o caer en la absoluta mediocridad de gobierno como en el caso de Gustavo Bordet, de vacaciones en el exterior desde hace una semana mientras la prensa oficialista promociona sin sonrojarse que el gobernador está "mirando personalmente y una por una las obras de gobierno en marcha", las cuales se remiten a cero, lo cual explicaría sus vacaciones en el exterior.


Ejercer el federalismo requiere enfrentarse al poder económico, en vez de regalarles subsidios y bajarles los impuestos a Cero, como hizo Bordet, a costa de la continuidad del esquema neoliberal que solo grava impositivamente a los trabajadores y los pequeños comerciantes, mantiene privatizadas todas las áreas que dan dinero y estatales las pérdidas, hasta el punto, insólito en toda la geografía argentina, de privatizar la liquidación del salario de los trabajadores.


En Entre Ríos, un trabajador estatal que cobra por debajo de la línea de pobreza, paga un 50% de su salario en impuestos, sin contar las tasas municipales. Un terrateniente, un gran industrial o un empresario cualquiera, paga el Cero Por Ciento de impuestos.
El gobierno provincial anuncia un "cronograma de pagos" extendidísimo (¿para qué tienen agente financiero?) con salarios que arrancan bajo la línea de indigencia. Es publico, está en la página oficial del gobierno.
Por supuesto, la provincia se destaca por sus hospitales venidos abajo, goteando hacia la vereda como en el caso del único hospital de carácter provincial, que es el San Martín, ubicado en Paraná, adonde le derivan incluso desde la otra punta de la provincia, a personas accidentadas en las desastrosas rutas de la muerte. Ese mínimo nivel de complejidad no lo tiene ningún hospital de la provincia.

Las noticias dan cuenta de que todos los días aparece un castigado docente que cobró un diez o veinte por ciento de su sueldo porque la empresa fantasma en la que se delegó la privatización de las liquidaciones, hizo otra vez mal su trabajo.

La gente duerme en la calle, en las plazas. La policía es usada para esconder estos efectos sociales de la vista en el centro de la capital provincial, que está rodeada por barrios precarios y villas, volviéndose parecida a Concordia, con las respectivas mansiones de los dirigentes políticos con discursos revolucionarios. Parece el Caribe cuando uno se aleja de los lugares turísticos. El alto contraste entre los ricos, todos ligados a la política, y los pobres, dependiendo de las migajas estatales en una provincia sin mercado interno, sin empleo de calidad, sin servicios básicos. Con los gobernantes mandando selfies desde el exterior para que los respectivos Diarios de Yrigoyen den cuenta de fabulosas obras públicas inexistentes que supuestamente y a miles de kilómetros de distancia "están supervisando personalmente". La supervisión personal podría ser además de un chiste de mal gusto, una realidad amarga, dado que las empresas en las que se privatiza la obra pública son de los mismos políticos a través de sus respectivos testaferros.



Con cualquier sindicalista que uno converse, le dirá lo mismo. La dirigencia, en un sentido amplio, sabe que las cosas son así. Que hay una escuela terciaria que por candidez se llama "universidad provincial" que es utilizada como caja política para los miles de jóvenes que no pueden aún emigrar de la provincia, por lo tanto y como última esperanza, hacen algún curso en esa "universidad provincial" que, aunque no tenga validez haciendo 20 kilómetros y cruzándose a Santa Fe o Corrientes o Uruguay, sirve para conseguir algún empleo de baja calidad cuando logren el sueño de emigrar de Entre Ríos. Es como un certificado de Buena Conducta en materia penal, es la presuposición extendida de miles de jóvenes que pasan por esa escuela donde no hay concursos, no hay transparencia y nadie mide la calidad educativa. Muchos de los jóvenes que se "reciben" no consiguen emigrar de la provincia, así que como premio consuelo emigran de sus pueblos para quedarse en la capital provincial en la búsqueda de un empleo en el Estado.

Hay otras universidades, destinadas a que los jóvenes puedan emigrar de la provincia tal como hacen los hijos de los dirigentes. En la provincia de Entre Ríos solo existe la salida laboral de la docencia y la policía. En el primer caso, se requiere de una cierta capacitación y luego concursar, aunque se obtiene el salario más bajo del país. En el segundo caso, para ingresar en la policía, solo hace falta la recomendación de algún político. Se obtiene el mismo salario.

La provincia depende de las migajas que entregue la Nación hasta para pagar los salarios públicos. Tiene un déficit fiscal creciente e insostenible, que se va emparchando mes a mes con un creciente endeudamiento.
Cuesta creer que en la provincia de Urquiza, Pancho Ramírez, López Jordán, donde vivió San Martín y Perón, donde se escribió el Martín Fierro, donde se declaró la primer independencia, donde estuvo la primer capital federal del país, hoy se viva en esta situación desgraciada y degradada. Pero es la realidad.