Aguafuertes de un loco

Ezequiel Gauto-.

LOQUERO





La noche se presentaba plena. Tan redonda y plena como triste. Tan de cristal, sola y frágil, que hasta el aliento más débil y plomizo tenía la asombrosa capacidad de estallarla en mil pedazos y furias. Yo me amigaba con una foto rota hace banda, y me volví a maquillar para ver qué onda y tener la excusa perfecta para salir a matar (otra vez). Ayer había dejado olvidado mis dígitos y mi cabeza por algún lado, mañana de seguro perderé otras cosas que son más libres aún. ¡¡¡Ey patán!!! Dame una seca, que este mundo no vale nada.

PICO.- Cuando yo daba mis primeros pasos en la púber edad, y allá en el tiempo, un facineroso de fama ganada a fuerza de aprietes a pibitos con diez granos en la cara y tres pesos en los bolsillos, me convidó amenazante cierta mañana primaveral. Recuerdo que el patio de la escuela solía ser su escenario. Allí a diestra y siniestra repartía bravuconeadas a montones, y los sumisos colegiales se rendían ante tamaña muestra de impunidad. Mi disputa con este personaje al que apodaban Pico, comenzó por una gambeta que le enrostre a aquel rústico ejemplar en pleno patio de la escuela, que fue seguido de un coro de carcajadas que bajó desde el balcón colmado de errantes, y que se clavó cual daga en su orgullo de nene malo…



AGUAFUERTES PORTEÑAS.-

Miércoles amaneciendo ya vertiginosamente, la Avenida Corrientes se marea abarrotada de leguleyos, bares y revoleos varios. Música de reos tristes en ritmo de milongas retumban las veredas y convidan a turistas pálidos a sazonarse un tanto nomás. En la ante-esquina una batea llena de polvo y libros olvidados. El primero que relojeo es de autoayuda, no merece comentario. Otro más atrás ya desde la solapa te invita a olvidarlo rápidamente, puesto que el autor se autodenomina de izquierda demócrata. Un halo de luz me llama y me guía hacia Aguafuertes Porteñas, compendio de relatos y crónicas periodísticas del gran Arlt. Los módicos “$ 26” escritos a lápiz desde el reverso de la tapa fueron oasis en mi flaco bolsillo de fin de mes. Su reconocimiento como escritor influyente es inversamente proporcional a la lectura de sus tintas. Verdades de los nadies escupidas a borbotones, lunfardo y berretines por doquier. Admiración eterna.-

SANTIAGO DEL ESTERO.-

Supe de un lugar donde hasta la luna a punto de desbordar en plenitud necesitó de su máximo esfuerzo para espiar y hacerse carne entre la tierra, el vino y la piel curtida. Incluso a su amparo nocturno, el polvo reía y bailaba más que la gente. Allá los académicos osaban dar clases a changuitos que desconocen de teorías musicales, pero que de la vida seguramente comprenderán tanto y más que cualquiera de los iluminados de togas necias y corazones vacíos. La gente de verdad está acá -pensé para mis adentros-, obnubilado por los pelos de una santiagueña que me convidó un baile como quien convida una copa de vino. Giros, arrestos y contra giros me regalaron la imagen eterna que me llevo de la tierra de los poetas atemporales y de leyendas comprobables.-

FRÍA ESPERA.-

Casi sin dudar te creí, sin ánimos de ofender, pero yo confié en vos, que de antemano sabías muy bien que tenía ganas de tocarte, de jugar con vos. En cambio, me devolvés indiferencia maquillada con tonos grises y celestes raros, con lágrimas molestas, tan eternas y más frías aún. Me hice espera silenciosa en tu blancura extrema, en tu magia inexplicable que baila ante los ojos de quién sopla sus primeras velas. Te esperé nieve. Triste y expectante, y –claro- a vos nadie te avisó que Francisca estaba abrazado a mi mientras vos te ibas en amagues de angelitos blancos.-

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