El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

Zelarayán: un tipo con calle

Daniela Sánchez-. Nacido en Entre Ríos, Zelarayán fue un poeta y novelista que supo hacer de sus textos una obra única.


Nunca quiso ser considerado un costumbrista, pero la vida de provinciano, o de un provinciano que se muda a Buenos Aires, aparece inevitablemente tanto en su poesía como en su prosa. En obras como "Roña Criolla", por ejemplo, se aprecia esta manera costumbrista:
"La piel de los pelos arde.
El sapo se revuelve.
Dientes no se animan.
La horquilla se queda guacha.
El galope saltea el diente que falta.
Cigarro que se apaga al sol,
el agua mansa sabe que va al muere,
pero se olvida."
Zelarayán era un bicho raro, visto muchas veces hacia el interior del  mundo literario como como un mito, no solo por la cantidad de textos -el propio Zelarayán dice haber escrito mas de 100 libros y perdido la mayoría en sucesivas mudanzas de pensión en pensión-  sino también sobre su origen y su nacimiento: Hay quienes establecen que habría nacido en Paraná en 1940. Eso es lo que se lee en el Breve Diccionarios de Autores Argentinos de Pedro Orgambide, pero por otra el poeta Jorge Aulicino dice que nació mucho antes, el 21 de octubre de 1922 .
Este origen entrerriano, Zelarayán no lo negaba pero tampoco hacía apología, el propio poeta se definía a si mismo como "tucumano-salteño" y como un "exiliado resentido en Capital Federal".

Otro dato que aporta al mito del poeta, es que Zelarayán era hijo de un aborigen analfabeto. Eso, sin dudas habrá influido notoramiente en la obra del poeta que jugaba con el humor y le gustaba inventar palabras. Zelarayán sabía que el mito no funciona, no existe, sino se es un buen escritor: el fue las dos cosas.


Por fueras de los cánones de la literatura, Zelarayán no era amante de que lo encasillen en algún tipo de etiqueta o género posible. Mas de una vez se indignó ante la posibilidad de que a su obra la encasillen dentro del género gauchesco o neo gauchesco.
“Aborrezco a los gauchos. El gaucho es la policía del patrón. Por eso le dan el caballo. Yo no sé de dónde sacan que soy gauchesco o neogauchesco. Claro, como en mi novela aparece un caballo, ya es gauchesco. ¡Pero hay que ser boludo! Y como soy provinciano, los porteños creen que nací en el campo.”, decía Zelarayán. Un polemista sofisticado y popular a la vez. Un tipo con calle. 
Se había instalado en Buenos Aires con la idea de ser médico, pero como la mayoría de los provincianos sin "apellido ilustre" abandonó la carrera y se dedicó a trabajar. Empezó así a relacionarse con el ámbito literario trabajando como corrector en la editorial Depalma, pero también fue redactor, creativo en agencias de publicidad, periodista y traductor.


Como periodista integró la redacción de una revista literaria de vanguardia, que fue fundamental para el desarrollo de nuevas camadas de poetas, como lo fue la Revista Literal que funcionó desde 1973 hasta el 76. A modo de ejemplo de esta vanguardia se puede decir que en la Revista Literal ningún epígrafe indicaba quiénes eran los fotografiados y las respuestas eran colectivas.“Cara oculta de la luna literaria, verdadero lado B de los 70”, describe Juan Mendoza en su prólogo a la edición facsimilar que hizo la Biblioteca Nacional,
Esta revista comenzó a ser rescatada en parte por el paulatino prestigio que ganó la obra de Osvaldo Lamborghini, por el trabajo crítico y de compilación de Héctor Libertella y las reediciones de Macedonio Fernández de Germán García, entre otros aportes de “nombres propios".
"Todo es cuestión de lenguaje o el lenguaje está fuera de cuestión y la literatura es imposible" decían en el primer editorial de la revista. Si bien Zelarayán era parte de la revista nunca publicó nada de su obra en Literal, aunque la estética misma de la revista es la del propio Zelarayán que marcó un sentido filosófico a la poesía y contra los poetas en su "Posfacio con deudas", de 1972.

A diferencia de otras revistas literarias de la época, Literal no suele ser tan recordada, aunque fue fundamental para la literatura argentina. La razón quizás esté en que la mayoría de las revistas literarias de la época estaban vinculadas a la izquierda. En Literal se agrupaban los peronistas.

Zelarayán junto a los integrantes de "Literal"
En la revista solía tener intensos debates con Osvaldo Lamborguini (que también era parte de Literal), a quien le criticaba la forma en como se repetía a sí mismo, pero a su vez, desde Literal, Zelarayán disparaba a mansalva contra lo que el consideraba la "Pequeña Borgesía", es decir, todos aquellos escritores que escribían con la sola intención de emular a Borges.
Aún así, Zelarayán era un admirador de Borges, pero más lo era de de Macedonio Fernández, sobre todo desde el sentido filosófico que Macedonio le asignaba a la cuestión del ser, mas que por una cuestión de estilo de escritura.


A pesar de declarase "enemigo" de la poesía recitada, los poemas de Zelarayán son de una intensidad tal, que valen la pena ser leídos en voz alta,  por la fuerza de lo narrativo y por la asociación libre de imágenes. Esta forma de hacer poesía es similar a la de los poetas malditos, sobre todo la del Conde de  Lautreamont. Sobre el autor de "Los Cantos de Maldolor": decía que “como buen franchute es uruguayo / y si es uruguayo es entrerriano”, decía Zelarayarán en uno de sus poemas más extensos y más logrados: "La gran salina", poema que forma parte de su libro de poesía "La obsesión del espacio" de 1972.

También escribió un libro para chicos llamado Traveseando y junto a José Luis Mangieri -el creador de la editorial y revista "La Rosa Blindada"- "Roña Criolla".

Zelarayán es el primero en escribir eso que luego será conocido como literatura del reviente, con sus poemas y su novela (muy poética) jugó a fondo a la destrucción de absolutamente todo tipo de género literario.

Zelarayán en vida tuvo solo cinco libros editados, y siempre en pequeñas editoriales. Sus libros eran díficilísimos de conseguir, pero Zelarayán circuló libremente por pasillos de facultades, bares y cafés de Buenos Aires gracias a las fotocopias,  quizás por esto tal vez, este poeta se ganó un espacio de influencia sobre las nuevas generaciones de escritores, fundamentalmente en esa llamada "generación del 90" de escritores y poetas porteños.

Fabián Casas y Washington Cucurto,  por ejemplo, son dos exponentes de esta generación de admiradores y amigos de Zelarayán.
Cucurto escribió un libro que se llama precisamente "Zelarayán", de ahí son estos versos:


“A las diez  
de la mañana recitando sus mejores 
poemas 
asustando a cajeras y viejas 
con su aullido 
Ricardo Zelarayán 
era arrastrado de los pelos 
por los guardias de seguridad 
por tirar las espinacas 
al piso, 
la bandeja de los kiwis 
al piso, 
por destapar los yogures 
de litro.
Ricardo Zelarayán 
era arrastrado de los pelos 
por andar como un demonio 
entre las góndolas 
imprimiendo temor 
en niños y niñas(…) 
El monstruo 
fue desalojado 
del supermercado 
por tener malos hábitos 
y ser improductivo 
para la Sociedad 
para la Gran Empresa Nacional 
de los Mendes”.

Ninguneado por el establishment cultural-literario-artístico, (aunque la poesía en sí misma es un Gueto de resistencia) Ricardo Zelarayán falleció en Buenos Aires en diciembre del 2010.