Sin vencedores y con vencidos

Jorge Asís-. MORSA 2017 (II): Maniqueísmo artificial entre “honestos o corruptos”.




De Vido, su expulsión

Alrededor del patético episodio de la referencia no se registraron vencedores.
Aunque sí hubo -para Oximoron- notables vencidos.
La inteligencia del argentino medio es agraviada cuando los protagonistas que perdieron tratan de conformarse con el viejo cuento de ser “campeones morales”.
En la plácida visión de la historia, para los estrategas derrotados del colectivo Cambiemos, constituye un triunfo, de por sí, haber planteado el tema.
Por el maniqueísmo extorsivo de instalar la disyuntiva artificial.
O se está con los honestos, con los artesanos de la transparencia.
O se respalda a la banda de corruptos “que asaltaron la república”.
Para imponer semejante situación límite distan de inspirarse en los dramas de Ibsen.
Más grave: se transforma en un grotesco de Armando Discépolo. Donde se oculta, incluso, hasta el desconcierto.
La desorientación de quien gobierna. Símbolo de la fragilidad estructural.
Corresponde encarar -para Consultora Oximoron- otra interpretación de la historia reciente.
Menos, claro, ilusoria.

Bernardo Maldonado-Kohen
Director Consultora Oximoron

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Parlamentarismo patrullero

Los vencidos, en esta batalla envolvente e innecesaria, son innumerables. Pero muy identificables.
Reluce, en primer lugar, el cruzado Mauricio Macri, presidente del Tercer Gobierno Radical.

En el tramo menos meritorio del viraje personal. Desde la plata hacia el bronce.
Un Cambio de Metal que aquí supo estudiarse. Entre las alucinaciones del agua bendita.
En pos del ansiado bronce, y de la reproducción del agua bendita, consta que el presidente se atrevió a desafiar accidentes de su biografía.


Para conseguir el carnet de transparente no basta, en principio, con ser catalogado, por la señora Elisa Carrió, La Demoledora, como el poderoso millonario que llegó al poder para depurar la política.
Por el atributo de ser rico, desde antes de calzarse la banda. Sin necesitar enriquecerse con las ventajas de administrar el Gorro Frigio. O el Estado.
Pero con el detalle imprescindible de obviar las maneras utilizadas, por la dinastía Macri, para enriquecerse. “Hacerse millonaria”.
De detallar la sinuosa trayectoria hacia la fortuna se encargó la señora diputada Alcira Argumedo. Con superior coeficiente intelectual, y capitalizada por tendenciosa información, la ensayista Argumedo se lanzó a narrar la epopeya, aunque ningún medio le dedicó una línea.
Desde que Franco, el padre, el Macri que vale, el impulsivo albañil italiano, arribó a Buenos Aires en 1949. Para construir un imperio, pródigo en conquistas comerciales, y con ayuditas escandalosas desde el Gorro Frigio. “Concesiones” que se extendieron hasta 2016.

Entregado a las divagaciones de Carrió, el Presidente Macri adoptó el esquematismo artificial para condenar a Julio De Vido, El Pulpo.
Como si De Vido, por instrucción de Kirchner, no fuera aquel mismo funcionario que les abrió, a los Macri, el camino decisorio de la Camarita de la Construcción. Donde se decidía la cartelización que espantaba a Roberto Lavagna, La Esfinge. En la Gran Cámara.
O como si Franco, con el conocimiento de Mauricio y del fratello Gian Franco, y de don Julio, no hubiera estado a punto de venderle (clavarle) la constructora IECSA, en 2005, a Lázaro Báez. O sea a Néstor Kirchner, El Furia, jefe de De Vido.




En similar hervor que el Presidente se registró la lenta cocción de Marcos Peña, El Pibe de Oro.
Con la soberbia antipatía que suele utilizar para imponer la máscara de la superioridad.
Sin el entusiasmo de la señora Vidal, y de Rodríguez Larreta, El Pibe de Oro siguió la corriente incauta de Macri.
Ambos fueron “llevados puestos”. Arrastrados hacia la peor frivolidad. Por la incombustible señora Carrió. La dama que nada tiene, en la práctica, para perder en el show. Se los cargó como a la campaña, a ambos al hombro. Para depositarlos en la derrota que se niega. Por ser campeones morales.

Para los rigores del parlamentarismo patrullero, Carrió embarcó a los suyos. Al disciplinado Fernando Sánchez, recitador en latín, ante cualquier movilero, de la opción entre corruptos u honestos. Y hasta consiguió envolver, en el parlamentarismo patrullero, al juvenil Nicolás Massot.
En una muestra de generosidad, Massot facilitó que Mario Negri, El Radical Zorro Gris, entonara la letanía del acto final. Para celebrar, con ademanes, la sublime constatación de otra derrota.
Como último mérito, Carrió consiguió sacar del eje de equilibrio al pensador que anulaba. Jaime Durán Barba, El Equeco.

Manual de perdedores

En la fila de perdedores unánimes, el Informe Oximoron sitúa a Sergio, Titular de la Franja de Massa.
Junto a las dos mujeres que lo consolidaron en el error. La señora Margarita Stolbizer, La Vecina Amable, aliada contranatural que suele mirarse en el espejo de Carrió. Y la señora Graciela Camaño, La Negrita, también anotada en el insólito rally moral, para ingresar tiernamente en la trampera del oficialismo.
Vencidos menores, pero perdedores al fin, son Diego Bossio, un desperdicio prematuro, y Florencio Randazzo, El Loco, que sin siquiera ser diputado no pudo zafar de la encerrona del macrismo que lo sostiene.

“Manual de perdedores”, como en la novelita de Sasturain. Perdedores que se escabullen, inadvertidos entre el dilema de la alta virtud.
Estaría injustamente incompleto el Manual de Perdedores si no se consigna el activo desempeño, severamente auto-destructivo, de Clarín.
Es el medio que le brindó protección superior, al pretexto De Vido, durante no menos de diez años.
Para constar en actas también debe figurar la espiritualidad que emana de La Nación.
Ambos medios -Clarín y Nación- supieron inmolar a sus luminosos columnistas, de la prensa escrita y simultáneamente televisiva.
Para dramatizar el maniqueísmo estremecedor. El verso del fundamentalismo divisorio. Entre los “honestos”, los moralistas que querían expulsar al pretexto (De Vido). O los inmorales. Inescrupulosos que se disponían a respaldar a los corruptos.

“Debe saberse quién está de cada lado”, esgrimía el notero solemne, transformado en astro televisivo.
Medios influyentes, que construyen la política que pretenden interpretar. Conducidos por estrategas improvisados que se enrolaron en la irresponsabilidad.
Arrastran, hacia el periodismo patrullero, a los comisarios vocacionales de las emisiones contagiadas, meras repetidoras.
Medios menores que oscilan entre el desconcierto y la desorientación, mientras recitan, a coro, el mismo verso.

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