Ramírez, crónica de una muerte anunciada

Gonzalo García Garro-. La inteligencia y audacia de Ramírez no contaba con la traición de Mansilla.



“El gran pueblo duerme: marcho por tercera vez  a recordarle (despertarle). Habitantes de Buenos Aires, a vosotros dirijo tan justa reconvención. Romped las cadenas del sistema exclusivo. Entrad en las provincias al templo augusto de la libertad, para generalizar el dogma de la revolución.” 
Francisco Ramírez.

Enterado Ramírez del convenio de Benegas convoca a una gran alianza interprovincial contra Buenos Aires. Envía una circular a los pueblos del interior que obtiene pocas contestaciones. No obstante a las pocas alentadoras respuestas dispone nuevamente la guerra contra Buenos Aires y sus aliados.
Ramírez tiene a su frente tres ejércitos: el de López en Santa Fe, remontado y pertrechado por Buenos Aires; el ejército porteño comandado por Lamadrid que acampa en San Nicolás y el cordobés de Bustos. Cada uno supera en número y armas al del Supremo Entrerriano que confía en su buena estrella, en su coraje y en su tropa que lo idolatra. Tiene también dos esperanzas: que López revea su decisión y lo acompañe en la empresa y que el chileno Carreras se le sume con sus tropas.


El General Francisco Pancho Ramírez prepara su ejército en Paraná. En los primeros días de mayo de 1821 comienza la operación y cruza el gran río. Tenía un plan. Una división a su mando cruza por Punta Gorda (hoy Diamante) anticipándose treinta años al recorrido que hará Urquiza con el llamado “Ejercito Grande”. La otra división del ejército, comandada por Lucio Mansilla debía cruzar a Santa Fe, apoderarse de la ciudad y así inmovilizar a Estanislao López.

                                                                                                                                                           Cruza el río el Supremo Entrerriano y derrota a Lamadrid en “Barrancas”, ha comenzado bien la campaña y la suerte le sonríe.


El plan era excelente, inteligente y audaz. Pero Ramírez se había equivocado en la elección de quién debía ejecutarlo, pues Mansilla que con su tropa debía tomar Santa Fe, deliberadamente no completó la operación. Desembarcó en Santa Fe, se posesionó de puntos vitales y se retiró nuevamente a Paraná dejando incumplidas las órdenes de su jefe. Esta maniobra fue fatal para Ramírez que quedó aislado y acorralado en la margen occidental del Paraná, pleno territorio enemigo. Días más tarde la pequeña flotilla de barcazas entrerrianas es derrotada en “Colastiné” por la escuadra porteña y de esta manera se le bloquea la comunicación con Entre Ríos y le queda cortada incluso una posible retirada.









¿Qué había ocurrido con Mansilla? ¿Qué pasó con  este hombre que sería en el futuro, 24 años después, el héroe de la Vuelta de Obligado, la Batalla de la Soberanía Nacional? Simplemente había traicionado a su jefe según lo expresa él mismo en sus “Memorias” y tenía las razones que así expone:
“Entonces, vi llegado el momento de salvar la situación de Buenos Aires...se reembarcó todo durante la noche sin ser sentido ni visto por el enemigo. Al día siguiente estábamos en el Paraná, se celebró el hecho de armas y nadie se apercibió de la intriga. Intriga mía contra Ramírez, que no había sabido respetar la resistencia que tantas veces manifestada en oposición de invadir mi Patria natal...” 

Aunque públicamente Mansilla reconozca haber dejado varado su jefe en territorio enemigo con mil hombres menos, incomunicado y sin escuadra, sus razones públicas no son convincentes.
Si tanto le contrariaba hacer la guerra contra su propio suelo natal, Buenos Aires, lo coherente hubiese sido separase del ejército de Ramírez desde el comienzo de las operaciones y, por otra parte, no deja de ser sugestivo, que ya muerto Ramírez y siendo gobernador de Entre Ríos su hermanastro López Jordán, Mansilla se apoderó por la fuerza del gobierno local y gobernó durante tres años la provincia.

El hecho es que la fallida operación sobre Santa Fe y la destrucción de su flotilla dejaban a Ramírez en una situación expuesta y vulnerable. Ya no podía volver a su Patria Chica. Lamadrid rehacía sus fuerzas, López marcha en auxilio de éste y desde Buenos Aires el ejército porteño seguía con expectativa los movimientos para el caso de tener que reforzar este cierre de pinzas que empezaba a apretar al caudillo entrerriano inexorablemente. Pero no sería fácil vencerlo y le restaba fuerza para una última victoria: En “Carcarañá” con apenas 700 hombres, derrota a Lamadrid que traía tropas dos veces superior en número a las del entrerriano. Todo el parque enemigo quedó para Ramírez que puso en fuga al enemigo con una carga de caballería: artillería, caballos, armas y 38.000 pesos fuertes que el gobernador de Buenos Aires mandaba a Estanislao López por intermedio de Lamadrid.



Sin embargo la suerte estaba echada, no podía seguir ganando combates eternamente en territorio enemigo, sus tropas estaban ya deterioradas por las refriegas y lo esperaba López al frente de un ejercito intacto. Dos días después del triunfo de “Carcarañá” debió cruzar armas con su antiguo amigo y aliado, Estanislao López. Este consigue atraer al Supremo Entrerriano a los arenales de “Coronda” donde se produce un sangriento entrevero. La superioridad numérica de los santafesinos comenzó a pesar sobre los gauchos de Ramírez agotados todavía de la jornada anterior.

El caudillo comprende que de ese sangriento entrevero no podía obtener el triunfo y  opta entonces por salvar algo de sus fuerzas en el mayor orden posible retirándose del campo de batalla. Le quedan sólo 300 soldados, fieles pero exhaustos, entre ellos estaban, el cura apóstata Monterroso que había sido secretario de Artigas, la Delfina y el Coronel Don Anacleto Medina.

Suscribirse

Información sobra. Falta entenderla

Medios locales y redes sociales

Stella Berduc, la avanzada

"Hay gente que teme más pensar que morir"

Laura Forchetti: poesía y feminismo

Zidane, crónica del pájaro que daba cuerda al mundo