¿Puede crecer un Trump entrerriano?

Martín Vázquez-. Nadie se fija en un dato electoral inquietante: el aumento sostenido y constante de los que no van a votar. De ahí, algún día, podría surgir un Trump entrerriano.




La idea suena desagradable. Pero tiene que ver con la degradación del sistema político argentino, en el cual entra Entre Ríos aunque no sea de las provincias que más sufren este fenómeno de que cada vez menos gente vaya a votar, en un país donde el voto es obligatorio pero en los hechos no se aplica ninguna sanción por no votar. Sería imposible sancionar al 40% de los electores chaqueños por no ir a votar en las últimas legislativas provinciales, o al 45% que se ausentó de las PASO, que son las Primarias Abiertas Simultáneas y OBLIGATORIAS. ¿Y qué?


Tomemos los datos nacionales sobre las últimas elecciones.
Para las elecciones generales del 2015 votó el 81% del padrón. Además, 0,77% de los votos fueron anulados (casi 200 mil personas) y 664 mil argentinos decidieron ir a las urnas y votar en blanco. El 2,55% del padrón general. Suena a poco en porcentajes, suena a mucho puesto en personas de carne y hueso. Y son personas de carne y hueso.
Es una minoría intensa y militante que hace la cola en la escuela, llega al cuarto oscuro y decide no poner ninguna boleta. ¿Por qué hay 664 mil argentinos que hacen eso? ¿Qué piensan? ¿Qué desean? ¿Son potencialmente peligrosos para la democracia? ¿Se puede revertir esta apatía? A la cual hay que sumarle el 19% del padrón habilitado para votar, que no fue.



En Entre Ríos, en esas mismas elecciones generales, donde se votó para legisladores nacionales, presidente, gobernador, intendente, senadores departamentales, diputados provinciales y concejales, votó uno de los mayores promedios totales del país: un 84%.
De manera que esta misma nota se leería con más interés en el Chaco, CABA o Corrientes, donde votó menos gente que en el promedio nacional, cuya constante tiene apenas un aumento del porcentaje de los que NO van a votar.

Sin embargo y como contracara de que los entrerrianos superaron la media de los que van a votar, también superaron la media del voto en blanco: 4%, casi 35 mil personas. Los votos anulados fueron iguales al promedio nacional: 0,77%.
El voto en blanco, casi duplicó la media nacional. O sea que en realidad, el pequeño porcentaje de más en relación al padrón nacional que concurrió en Entre Ríos, se lo lleva el voto en blanco. No es lo mismo, a priori, ir a votar y decidir repudiar los candidatos existentes, que directamente no ir. Por lo tanto, la situación en Entre Ríos es, vista desde esta óptica, más grave que la media nacional.

¿Por qué no votan los que no votan?

Puede haber múltiples razones. Por ejemplo, yo mismo trabajo en un medio porteño y como soy entrerriano, cambié mi domicilio porque siempre que hay elecciones trabajo el doble. Pero supongamos que alguien que estudia o trabaja en Bs As y no tiene el dinero o el tiempo -o el dinero y el tiempo juntos- para ir a votar, no lo hace pero tampoco se presenta en la comisaría a decir que está a más de 500 km, lo cual le habilita a no votar. Probablemente, ni siquiera sepa eso. Total, sino se vota, no pasa nada.

Hay personas que justo ese día enfermaron, otros que fallecieron antes de la confección de los padrones definitivos -meses antes- y otros que perdieron su DNI. Por nombrar múltiples posibilidades, donde también debe ingresar la variable de que los padrones estén algo inflados, que no computen bien los fallecimientos, cambios de direcciones, ciudadanos extranjeros habilitados, argentinos en el exterior, más los jóvenes de 16 a 18 años que pueden votar pero no es obligatorio.

Bien. Pero también existe, es una realidad que se verifica en los números, gente que por la razón que sea, no está interesada en la principal instancia del sistema democrático.
¿Es posible crear a partir de esa masa de desconfiados y apáticos una nueva mayoría con discursos filofascistas, como está sucediendo con diversas chances en varios países desarrollados?

Es sencillamente una pregunta. Nada inocente.



Hay que recordar que antes de que la Sociedad Rural le pusiera los dientes, Clarín le pusiera corbata y ojos celestes y el PRO lo obligara a memorizar guiones, Alfredo De Ángelli, que está a la derecha de Trump, era una figura que convocaba masivas adhesiones en Entre Ríos. Llegó a ser el candidato a gobernador de gente que dice respetar la república como la UCR y es el senador nacional por Entre Ríos de la mitad del peronismo que hoy apoya a Bordet.
Es decir, convocó alas de la UCR y del peronismo, además de ser el representante del PRO, el partido conservador que por primera vez ganó las elecciones democráticas en Argentina.
Que pronto el piquetero paquete haya mostrado sus limitaciones educativas y su inutilidad para la función pública, es un detalle menor. Ése es el De Ángelli de hoy. Como el Trump de hoy, que no ganaría una reelección. Pero mientras tanto, gobernará 4 años si es que los republicanos no lo echan a patadas. Y mientras tanto, Entre Ríos tiene un senador nacional que es prácticamente un ñoqui porque no sirve para absolutamente nada.
¿Habrán aprendido la lección los que lo votaron o esperarán un De Ángelli menos chantún que el payaso que no dejaba pasar las ambulancias porque no quería que le cobren impuestos a las multinacionales que exportaban?



¿Los entrerrianos estamos tan lejos de parecernos a Tucumán, donde gobernó Bussi? ¿O Salta, donde el diputado filofascista Olmedo casi se alza con la gobernación? ¿O la capital de La Pampa, que tuvo un fugaz Trump de intendente? ¿O de Tres de Febrero, donde el actual Jefe de la Junta Electoral de Unidad Ciudadana, Hugo Curto, ganó varias reelecciones como intendente?



A los entrerrianos les gusta pensarse como distintos, pero hace rato que las cosas cambiaron. A los entrerria nos les gusta mirarse en el espejo de Urquiza, Pancho Ramírez, incluso Artigas para pensarse con un futuro de grandeza en el concierto nacional. Mirar a Rosario, Córdoba, CABA.
Pero en realidad, Entre Ríos tiene que empezar a mirar con más atención a Jujuy, Santiago del Estero y Formosa, porque aunque las tierras sean fértiles, su degradación no está tan lejos.

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