¿Novedoso o noventoso?

Ezequiel Bauman-. El retorno de debates que se parecen mucho a los noventa ignora los cambios sufridos en la sociedad argentina desde entonces.



Los debates que eran comunes en los noventa están volviendo de a poquito. Hay muchos episodios que van en esa dirección. 
En parte, son el reflejo de la contracara de los debates de los últimos años, con un kirchnerismo radicalizado discursivamente mientras aplicaba recetas ortodoxas en materia económica. Hoy se ve esa contracara. El macrismo -más que Cambiemos- se radicaliza discursivamente mientras aplica recetas consideradas por ellos mismos como populistas. Por ejemplo, la loable iniciativa de los créditos a beneficiarios de jubilaciones y asignaciones familiares no contributivas. Es una receta que es calificada como "populista" en el sentido maldito del término, hasta por los órganos paraoficiales de difusión de las políticas del gobierno.
A la par que se caracteriza a los jueces laborales de mafiosos, a los sindicatos de mafiosos, se reprimen los trabajadores, y se vuelve a debatir sobre el "costo argentino". Un clásico de los noventa, es la primera sensación. Una especie de Deja Vu.



Sin embargo, los cambios ocurridos en la sociedad son muchos. En los hechos, el tan mentado "costo laboral" bajó a niveles increíbles: 40% de trabajadores en negro, por ejemplo.
¿O no es también el sueño de la baja del "costo laboral" las migajas del programa "Argentina Trabaja" u otros similares que en forma de cooperativas hacen trabajos manuales por una remuneración que ni siquiera supera la canasta de indigencia, sin aportes jubilatorios, sin obra social y sin aseguradora de riesgos de trabajo?

En los años noventa, el mundo era distinto. Se derrumbaban las hoy llamadas economías emergentes, casi todas pertenecientes al bloque comunista -desde China a Rusia- o dependientes de la Guerra Fría, como India y Sudáfrica y en alguna medida Brasil. En estos años, estas economías, por ejemplo Vietnam o República Checa, tienen altas tasas de crecimiento con un modelo económico distinto. En República Checa, donde se libraron del comunismo, aumentó el salario y la calidad de vida, disminuyó la pobreza y viven en una sociedad plural y avanzada. En Vietnam, donde se siguió con la dictadura del Partido Comunista, tienen trabajo esclavo para las grandes multinacionales, aumentando la tasa de ganancia de estas empresas que hoy en día son más grandes que la mitad de los países que pueblan la tierra y en algunos casos, que la suma de varios países. Los niños asiáticos trabajando a destajo por un plato de comida para dictaduras comunistas fabricando carteras y zapatillas que se venderán como artículos de lujo en el primer mundo y entre la dirigencia del Partido Comunista del lugar donde se producen, son la postal del capitalismo berreta pero real, una regresión a siglos anteriores a la Revolución Francesa. Es lo que sostuvo el mundo durante la llamada "crisis financiera" del 2008, cuando se salvaron los bancos a través de la redistribución regresiva de recursos a través del Estado que tanto odiaban. Pero fue la policía de los estados Unidos la que echó abajo las puertas de las casas donde la gente era expulsada para vender esas propiedades y darle el dinero a los banqueros.
A la par que las postales de trabajadores millonarios durmiendo la siesta en una empresa de servicios de alta tecnología por internet, son la contracara de un capitalismo ideal y modernizante pero imposible: la cantidad de trabajadores de monstruos monopólicos como Google y Facebook no alcanzaría a cubrir la fuerza laboral de la economía del país más chico de la tierra, si exceptuamos los paraísos fiscales, que están despoblados y son la tercera postal del capitalismo globalizado.



La sociedad argentina ha aceptado convivir con la marginalidad, pide mayor represión, da por sentado que la educación pública no es un camino seguro para el ascenso social como antaño, entre otros cambios.
Los colonos que llegaron a Entre Ríos huyendo de la miseria de Europa pasaron del trigo a la cosecha de hijos doctores, ingenieros, periodistas, maestros. Hoy el proceso es a la inversa: sus nietos sueñan con huir a Europa en pos de un futuro certero.
Estos cambios son profundos y culturales por lo que envejecen debates noventistas.
No solo tenemos una nueva derecha que sabe adaptarse a las nuevas circunstancias sino que también tenemos una nueva izquierda, que brega por la seguridad alimentaria como único derecho social y ejerce de capataz de esos rehenes a los cuales no se les respeta los derechos constitucionales a una remuneración digna, vacaciones, participación en las ganancias. Los planes sociales son el sueño de cualquier neoliberal en cuanto a poda de derechos constitucionales sociales.

Esos planes sociales surgen durante el menemismo. Se pensaron transitorios. Eran de 200 dólares y no eran universales, tampoco se exigía contraprestación alguna.
Contra lo que pensábamos en aquel momento, esos planes fueron siendo parte central de la vida argentina. La educación pública cayó en picada en cuanto a calidad, incluso cuando se aumentó notablemente la inversión durante el ciclo kirchnerista. La salud pública prácticamente desapareció y quedó como un reducto para los caídos del sistema.
Los caídos del sistema oscilan entre 25 y 40% según los momentos de los precios internacionales de los granos y los ajustes gubernamentales. Son una realidad constante.
Los debates sobre el "costo laboral" y la "presión impositiva"son debates que se dan sobre el resto de la sociedad, dando por sentado que los caídos del sistema quedarán en esa condición, tal vez apenas "asistidos" en lo mínimo para que no mueran. Se discute cómo pagar esa asistencia.

Las discusiones ideológicas son válidas pero no siempre remiten a la realidad concreta. Uno de los casos se patentiza en torno a la llamada "presión impositiva", que solo expresa el lobby de un sector.
Los impuestos que se debaten sirven, entre otros fines, para sostener las provincias que prefieren continuar con esquemas impositivos regresivos como sucede en Entre Ríos.

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