¿No tienen NADA bueno los transgénicos?

Osvaldo Quinteros-. A diferencia de Eskenazi o Etchevehere, por poner dos ejemplos de censura publicitaria, la prensa entrerriana se siente libre -y hasta valiente- para hablar contra Monsanto, dado que no es un jugador publicitario. Si lo fuera, el debate estaría prohibido como está prohibido hablar mal de Eskenazi o Etchevehere. 




Esta situación genera la paradoja de que nadie, absolutamente nadie en la prensa entrerriana, expresa una posición a favor de los transgénicos. La palabra pasó a ser maldita. 
Suena un poco ridículo pero así son las cosas. 

Personas muy respetables, generalmente buena gente, de clase media alta y formación universitaria en Ciencias Sociales, hace un culto a la demonización de los transgénicos. Cualquier opinión científica que se les oponga es tildada -no sin cierta verosimilitud- de pagada por las grandes multinacionales, especialmente, Monsanto. 
Se eluden en este debate los aspectos fiscales, económicos, globales. Se reduce el debate a una cuestión moral, estrictamente. Poner en duda que los transgénicos sean el mal absoluto es ir hacia la tortura infinita que Dios reserva a los pecadores tras el Juicio Final, que en este caso, es Juicio Sumario. 



Así las cosas, es prácticamente una herejía encontrar y resaltar aspectos positivos de los transgénicos. Es, como dijimos, el mal absoluto. Equiparable al terrorismo o al nazismo.
No estoy exagerando. Es frecuente, sobre todo en los debates online, ser tildado de nazi por no condenar de manera total a los transgénicos y aceptar la opinión de la ciencia que estudia el tema. 


¿Todos los trasngénicos son producidos por Monsanto?
No, Monsanto acapara el negocio mundial, es un jugador oligopólico. Lo era antes de que se inventen los organismos genéticamente modificados y lo es luego de esa invención, por cuestiones de patentes, de geopolítica y de sumisión de los gobiernos del tercer mundo. Pero en Entre Ríos, el INTA local ha desarrollado variantes de organismos genéticamente modificados para mejorar cultivos, rindes, crías, sin fumigar escuelas ni matar a nadie de cáncer. 
La delegación entrerriana de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, antes manejada por ignorantes del Movimiento Evita y hoy manejada por ignorantes de la Sociedad Rural, promociona capacitaciones realizadas en conjunto con el INTA sobre modificación genética de organismos, a la par que está en contra de los transgénicos, o sea, de la modificación genética de organismos.
Esto era perfectamente posible porque un grupo de piqueteros quería manejar la ciencia molecular. Hoy es perfectamente posible porque un grupo de piqueteros VIP de la Sociedad Rural no quieren
pagar las patentes. Así les va a los pequeños agricultores y sus supuestos representantes estatales.  Hoy que se está desfinanciando el INTA porque compite contra Monsanto, no alzan la voz para no perder los privilegios de manejar a los pobres a través de los planes sociales y bolsones de comida envenenada. Porque eso hace, en los hechos, esa Subsecretaría de Agricultura Familiar. 
¿Por qué no se estudian científicamente el contenido de los alimentos que el Estado reparte clientelarmente? Para no perjudicar los negocios con las empresas alimenticias que le venden veneno.


Basta ver el contenido de los ingredientes de los productos alimenticios con que se hace clientelismo para saber que propician una muerte prematura, enfermedades crónicas y una pésima calidad de vida. Pero como lo hacen en nombre del caritativismo y la ayuda humanitaria, el silencio que cae sobre esta institucionalización del envenenamiento de la población más pobres, es sintomático. 
Los alimentos que el Estado reparte son veneno. Básicamente, azúcar y sal en grados pocos saludables. Parecen cajas de puré de tomate, pero son azúcar y sal. Parecen fideos, pero son azúcar y sal. Parecen arroz, pero son la resaca del arroz de calidad. Parecen aceites, pero son las sobras del biodisel que se utiliza para los autos, a eso se llama "aceite mezcla". 
Pero resulta que el problema son los transgénicos en la soja que alimenta a los cerdos chinos cuyas chuletas se sirven en los refinados restoranes de Hong Kong.
Felicitaciones, están luchando por la salud de una familia de agricultores de Rosario del Tala o Nogoyá que tiene la costumbre de cenar en restoranes de Hong Kong. Es algo muy común entre los empobrecidos agricultores familiares tomarse un fin de semana de descanso en la ciudad que concentra el capitalismo financiero globalizado en nombre de la Vanguardia del Proletariado. Suena muy razonable, desde luego.

Muchas veces, las ciencias sociales son usadas como si fueran una religión. Éste es uno de esos casos. 



El informe Genetically Engineered Crops: Experiences and Prospects presentado en los Estados Unidos por una comisión de científicos que recopiló estudios que durante 30 años se realizaron sobre modificaciones genéticas en las plantas, concluyó que éstos no presentan riesgo para la salud humana. A su vez, más de 100 científicos Premios Nobel han solicitado a Greenpace el cese de las campañas contra los trasngénicos por sus efectos devastadores en las zonas pobres del mundo, especialmente África, donde los avances en la agricultura de aproximación permitieron salvar de hambrunas y muerte a millones de seres humanos.

Esto no quita que el uso de agroquímicos cerca de las ciudades sea nocivo, del mismo modo que una industria contaminante debe tener precauciones, invertir en minimizar los riesgos para sus trabajadores y estar en entornos controlados. De ahí a su prohibición hay un trecho enorme que la ciencia, hoy por hoy no avala.
Si lo que está en juego no fuera tan importante, no pasaría de ser un debate más en la comunidad científica. Pero lo que está en juego es el hambre de muchos sectores del tercer mundo.

No es éste el problema de Entre Ríos, que produce más alimentos de los que consume. En todo caso, el problema de Entre Ríos es la desigualdad en el reparto del alimentos. Cómo el propio Estado envenena a los más pobres con dietas pocos saludables, por ejemplo, en las escuelas. Claro que subirse al carro del oportunismo y despotricar contra lo que se desconoce es infinitamente más fácil que luchar por causas nobles pero concretas como mejorar la dieta que el propio Estado distribuye entre los pobres, especialmente los niños en las escuelas y cómo el propio Estado mira para otro lado cuando las cadenas de supermercado venden comida chatarra que enferma de manera drástica -sin que se controle el sodio, por ejemplo- y la comida que hace bien tiene precios prohibitivos para el común de los entrerrianos, si es que se logra conseguirla.
En definitiva, es el propio Estado el que después paga las consecuencias - a través del sistema público de salud, colapsado- de envenenar a los pobres.
En esta nota de Joakito se enumeran de manera precisa los problemas estructurales de la Salud Pública en Entre Ríos. ¿Cuántos de estos problemas se minimizarían a mediano plazo si el Estado difundiera y posibilitara una dieta saludable, especialmente para la población más vulnerable?


El mismo informe de la comisión estadounidense es muy crítico con Monsanto, porque difunde información falsa, como por ejemplo, que el uso de los herbicidas que tiene patentados no genera la evolución de plagas resistentes a sus tóxicos y no aumenta la productividad de los agricultores, sí quizás su rentabilidad.

Pero hay otros organismos genéticamente modificados, que no son de Monsanto, y que podría terminar con enfermedades crónicas al reforzar los alimentos que se producen, como en el caso del arroz dorado, que aumenta los niveles de beta carotenos, que es la principal fuente de Vitamina A, con todos los efectos positivos que esta vitamina tiene, especialmente para prevenir la ceguera.
Existe una controversia mundial entre Greenpace y los 100 Premios Nobel en torno al arroz dorado.
Esta controversia está muy bien resumida en este artículo.
Entre Ríos, una provincia productora de arroz, con una estación del INTA, una institución científica de calidad y ampliamente respetada, debería poner en la agenda pública estos debates.
Sin que esto signifique avalar que se fumiguen escuelas, que se envenen los ríos y que se favorezcan a multinacionales espantosas como Monsanto. Es decir, sin avalar la actual política agropecuaria.




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