Mitos y verdades de las encuestas (3)

Osvaldo Quinteros-. Cómo saber si una encuesta es verdadera, falsa o está tergiversada.





En primer lugar, la cantidad de casos de una encuesta no aumenta o disminuye su fiabilidad. Es un mito bastante recurrente el de que a mayor cantidad de casos, mayor fiabilidad. No hay ninguna prueba científica o empírica que demuestre eso, como ya explicamos en la primera parte de esta nota y en la segunda. 
Sin embargo, es un dato que el lector debe conocer. Porque no es lo mismo una encuesta de 100 casos a una de 600. Si ambas están hechas de la misma manera, el costo de una y otra es seis veces mayor. Ese es un dato a tener en cuenta.
En segundo lugar, hay que conocer el margen de error de una encuesta y el margen de fiabilidad. Éste cálculo científico nos permite mover las variables hacia arriba y abajo, notando que en la mayoría de las encuestas que se difunden en los medios son operaciones de prensa. Solo basta mover las variables de manera tal o cual, el margen probabilístico y la fiabilidad o "nivel de confianza", para dar los resultados al revés. El caso se repite mucho cuando falta tiempo para las elecciones.

Un dato fundamental que los encuestadores guardan bajo siete llaves y que los lectores deberían conocer, es el porcentaje de personas que no quieren responder.
Tengamos en cuenta que en el caso de las encuestas de opinión pública, los encuestadores obtienen su materia prima de manera gratuita (cobran por preguntarle cosas a gente que no cobra por contestarles). La mayoría de las veces, para aumentar su exuberante tasa de ganancia, las encuestadoras contratan en negro jóvenes a los que les dan un cuestionario que tarda, por persona, unos 45 minutos. Si de 100 personas que el encuestador visita solo responden 30 (tal es la proporción real en las encuestas políticas) hay que tener en cuenta que probablemente 20 de esas 30 solo respondan con ganas o respondan a secas las primeras cuatro o cinco preguntas. Y que probablemente las respondan porque son militantes, porque tienen tiempo d sobra, porque quieren conversar con el encuestador o porque le están tomando el pelo, mintiéndole.
Ésta es la realidad diaria de los encuestadores.



Otro dato de singular importancia es la metodología. Si las encuestas son telefónicas y a teléfonos fijos, dejan afuera a los más pobres, que no tienen líneas fijas mayormente. Si son a celulares, no se sabe si quien responde es varón, mujer, si la edad que dice es real o si vive donde dice que vive. Por eso las encuestas más fiables son las presenciales, cuando el encuestador va a la casa. Todo encuestador de experiencia sabe que en los barrios obreros hay que ir cuando no estén trabajando sus habitantes, que en los barrios carenciados deben ir de a dos o tres y preferentemente hombres y que la medición del voto rural es cara y por lo tanto, se suelen realizar pocos casos y proyectarlos. El interior rural de Buenos Aires es el 15% del padrón, que si se extiende a semi rurales llega al 35%. El voto rural de Entre Ríos, es un 30%, el semi rural llega a casi el 65%. Ambos sectores también votan.


Las encuestas más fiables son cuando las consultoras trabajan con cuestionarios cortos, respetan proporciones de edad, sexo, nivel educativo y económico y porcentajes estrictos de zonas geográficas sociológicas. Son pocas las empresas que trabajan de esta manera. La mayoría, copia los datos de estas empresas. Así como lo escuchó: la mayoría de las encuestadoras copian los datos de las dos o tres empresas de Argentina que sí elaboran encuestas serias. A lo sumo, el resto de las consultoras, elaboran muestras propias de pequeños casos para adjuntar algunos datos más y conseguir más clientes.
En el mercado sociológico se sabe cuáles son las empresas serias y cuáles el resto, que operan para distintos partidos o candidatos, dato que en sí mismo revela bastante, dado que las verdaderas encuestas difícilmente se publiquen.