Los Carta Abierta del PRO

Santiago Zorrilla-. Los debates históricos que amagaron darse y naufragaron a poco de empezar el gobierno de Macri.






No había que ser muy perspicaz para creerles a los principales dirigentes del PRO cuando sostenían que no iban a revisar los trazos gruesos de los juicios por delitos de lesa humanidad, convalidados por los tres poderes del sistema republicano argentino.
Sí era posible intuir que no iba a haber un relato "setentista" como en los últimos años. Pero tampoco un contrarelato, a la manera de Tata Yofre, Fabián Reato y otros que tienen una mirada distinta de la dictadura militar.
Sí hubo amagues con el periodista radical Pablo Mendelevich en La Nación, típicos y previsibles. Ya gastados y sin el empuje que supo tener la Coordinadora Radical que fue la que lo catapultó. Es sin embargo uno de los más sólidos intelectuales que apoyan a Cambiemos.
Hubo paprruchadas como las del periodista militante del odio Jorge Fernández Díaz llamando "socialdemócrata al gobierno" en un inicio, para después terminar con el antiperonismo cualunquista de los que se quedan sin nada inteligente para decir.
El antiperonismo escaló posiciones en los medios macristas, principalmente Clarín, que había apoyado a Scioli y por lo tanto necesitan sobreactuar.
Las provocaciones de Jaime Durán Barba no son para ser tomadas en serio, además están en la prensa amarillista como Perfil, donde también se puede leer a Artemio López, por ejemplo, que es el Durán Barba de La Cámpora.



Otros relatos, sin embargo, pintaban con chances mayores de ser tomados en serio. La idea de una vuelta al desarrollismo y la figura de Frondizi -del Frondizi de Billiken- o el retorno del mito conservador por excelencia de la Argentina pastoril y la sanata sobre el campo y los inmigrantes que los entrerrianos conocemos de memoria porque la repiten todos los políticos e intelectuales pueblerinos.
Ese relato no prosperó porque el gobierno no quería un relato. Quería ser el centro de la escena. Que la historia comience por ellos. Típica megalomanía, que se expresaba en nombramientos ridículos a familiares, distribución de cargos sin poder y grandes responsabilidades a gente desconocida: el objetivo era (y es) que resalte sólo la figura de Macri. Como no es una figura que pueda elaborar un discurso que enamore a alguien, no había discursos. Se proponían como baluartes de la eficiencia en la gestión.



Por último, había en el menú de opciones un tercer relato. El de los Carta Abierta del PRO. El coro que repite y repite con envenenamiento una crónica del kirchnerismo como un hecho policial. Lo que tanto ayudó a que Cristina Kirchner conserve el liderazgo del peronismo en la principal provincia Argentina. Éste era el relato más bobo y el propio gobierno le quitaba entidad con justa razón. El amarillismo ya era grotesco y el populismo conservador del Presidente lo llevaba a querer ser refundacional, dejar atrás el pasado, que solo se hable de él. Por lo tanto ninguneaba a los Carta Abierta del PRO.
Éste accionar "decicionista" o más bien mesiánico de Macri, fue efectivo en el inicio del gobierno: no quería parecer débil por no ser peronista, así que se saltó de largo los manuales de republicanismo deliberativo que pregonan sus aliados y sus periodistas. Nombró jueces de la Corte Suprema por decreto, eliminó la Ley de Medios por decreto, etc.
Sin embargo, no le molestaba que la prensa favorecida por el gobierno atacara a la oposición las 24hs. Les permitía mostrarse distantes y alegres a los funcionarios del PRO.


Era tan bobo el machacar de los Carta Abierta del PRO que Cristina encabeza las encuestas para senadora nacional a pesar de los bolsos de José López, la caja fuerte con millones de dólares de Florencia, la prisión de Jaime, los procesamientos de muchos ex funcionarios, las revelaciones de escuchas ilegales hechas por la SIDE (delito por el que fue procesado Macri hasta asumir la Presidencia: se ve que no aprendió la lección) y la rebelión de los intendentes peronistas, la ruptura del bloque de legisladores nacionales...

La falta de resultados en todos los planos, hizo que el gobierno, cuyas cabezas formales -Macri, Gabriela Michetti, Marcos Peña- tienen escasísimo vocabulario y una pobreza conceptual que salta a la vista de cualquiera, optara por lo que podía comprender y encarnar sin beneficio de inventario. Hasta cierto punto, porque en cada chanchullo aparecía un funcionario de Macri, el propio Macri o sus parientes cercanos, pero los Carta Abierta del PRO justifican todo. Absolutamente todo, en nombre del odio al ogro. El miedo a la vuelta de la Ley de Medios (también convalidada en tres instancias del sistema republicano: el Poder Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo pero borrada por decreto con un Ministerio a medida de Clarín, disuelto una vez se le concedieron todos los privilegios que buscaba).



Los Carta Abierta del PRO no tienen un relato histórico más allá de que Argentina antes del 2003 era un paraíso, no había corrupción, no había pobreza, no había ideologías, que son las culpables de que no imitemos a los Estados Unidos. Un par de conceptos pueriles a los que los propios voceros no le dan importancia. Su lenguaje no es escrito, es televisivo y radial. No pueden debatir y su fanatismo es casi religioso: todo lo que sea K (aunque la mayoría de ellos lo fueron a escondidas hasta que los contrató Clarín) o haya sido K o piense del centro a la izquierda, es chorro, ladrón, corrupto, asesino, culpable de todos los males del planeta.

¿Puede triunfar un relato tan berreta?

Es difícil, Sí puede lograr, como se vio, que los negocios de Clarín prosperen, que Cristina siga teniendo vigencia y que le otorguen cierta cobertura a la incompetencia del gobierno actual, desviando el foco de atención. No más que eso.
Tampoco se proponen más que eso.
Así que por ahora es negocio para todos los interesados. Incluido desde ya el kirchnerismo.



Menos para los radicales, que no saben si el tren al que están subidos va a descarrilar y chocar. Pero sí saben que si el tren llega a la estación final que se propone el PRO, no es la estación final que ellos soñaron cuando realmente creían en la socialdemocracia.

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