La presentación de Bittel

Gonzalo García Garro-. Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días de dictadura militar.

Las series cambiarán el mundo

Daniela Sánchez-. El impacto de las series en la vida cotidiana y social.




Quienes somos menores de 25 años sabemos que podemos conversar sobre nuestras series favoritas con nuestras amigas. Pero que difícilmente la charla con nuestros abuelos se centre en  Emilia Urquiza, la primera dama de México. Es más probable que nuestros padres sepan quién es realmente la primera dama de México pero no tengan ni idea de quién es para nosotras, que miramos Ingobernable, la serie de Netflix que retrata la vida de Emilia Urquiza. Así como es probable que nuestros abuelos nos pregunten si Emilia es una de los tantos hijos del General Justo Jose de Urquiza. 

La TV por demanda -contenidos pensados para cierto público específico, donde uno tiene la posibilidad de "optar" qué y cuándo ver- estudia la interacción en el momento del consumo de serie, pero se basa en algoritmos previos tomados de nuestro perfil, de todo lo que hacemos y no hacemos en la red. Es una especie de rating minuto a minuto pero que evalúa muchas más variables como la edad de quienes miran el producto, el horario en que lo hacen, los personajes que más nos gustan, entre otras muchas variables.  
La cantidad de series que nos llegan de Estados Unidos y la cantidad de series de otros países pero con la tónica de EEUU o Inglaterra en su composición visual, han jerarquizado el lugar de los guiones, tal como es la tradición del cine anglosajón. Además de abrirnos a un mundo distinto al de generaciones anteriores: conocemos otras culturas, escuchamos la fonética de otras lenguas (por ejemplo, los dialectos escandinavos, que tanto aparecen en los policiales de moda), nos enteramos de distintas miradas sobre conflictos étnicos, podemos acceder al humor en formatos adaptados a nuestros gustos, etc.
Las series, ha dicho en alguna oportunidad un funcionario de Netflix, son películas de 23 horas. Que uno puede ver cuando quiere y como quiere y, especialmente, donde quiere: en la TV convencional, en la compu, en el teléfono, de camino al trabajo, antes de dormir, en el baño.
Esto naturalmente crea una individuación, lo cual es un proceso de singularización de los sujetos sociales, de reafirmación de la singularidad, de la identidad.



Pero también miramos series para comentarlas. Ya sea online, a través de las redes sociales, o en el bar con amigas. Incluso, miramos series que no nos gustan mucho -como la insufrible House of Cards- solo para no quedar afuera de las conversaciones, chistes y demás que hacen nuestros amigos y conocidos.
Aprendemos que la mayoría de las series son reformulaciones de tramas de series anteriores, así como logramos, por ejemplo, conocer a escritores que aún ni siquiera han sido traducidos a nuestro idioma. El cambio cultural que esto implica genera naturalmente un revuelo en nuestras mentes.
Aunque lo tomamos con total naturalidad, como si el mundo siempre hubiera sido así. Como si fuera natural que uno pudiera ver las series que miraban nuestros padres cuando éramos niños, con solo acceder a Youtube y espiarlas, mientras nos entretenemos con nuestros youtubers favoritos.

Según el  doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo de la UBA Luis García Fanlo "El consumo de series se ha potenciado por internet. Antes se veían las series en canales de aires. Internet genera un acceso más directo y a la información sobre los programas. Además, abre otras pantallas, la convergencia de los medios así lo permite. Genera la individuación en términos sociológicos pues cada uno arma su propia grilla de televisión, su propio horario en su forma de ver los programas".

Este proceso de individuación quizás no se "genere" por las series, pero sí lo potencia y realimenta. Para Jung, la individuación es el proceso evolutivo de cada ser humano en singular, su maduración.
Aunque en un sentido posmoderno, el término individuación alude más a la secularización, el multiculturalismo y la sociedad de consumo en la cual la competencia es un ingrediente que traído del mercado, se incorpora a todos los aspectos de nuestras vidas.



Las series combinan el folletín con la literatura social, el drama del teatro con las nuevas técnicas visuales. Son vehículos de cultura. Nos hacen reflexionar sobre nuestra vida sexual, nuestros compromisos laborales, nuestras creencias religiosas.
¿O acaso no sabemos más de derecho gracias a The Good Wife que por leer el diario Crónica, con sus fotos grandes de extremidades tiradas en el asfalto?



Por supuesto. Hay mucho de ilusión. En realidad, viendo The Good Wife no aprendemos nada de derecho, menos algo que pueda servirnos para actuar en los tribunales de Paraná y santa Fe. Pero imaginarse una abogada que soporta todo y embiste en tribunales contra los grandes caciques, es un placer impagable.


Basta pensar en la cantidad de países que recorremos a través de series, las cosas que sabemos de esos países. Una puede conocer París pero la trama de cómo funciona su política se entiende mejor a través de Marseille, con un Gérard Depardieu que está desganado pero aún sigue siendo un actorazo. Para los que no la han visto, es la House of Cards francesa. Los críticos la masacraron. le agarraron la narizota al pobre Depardieu y le pusieron un broche para colgar la ropa. Después le escupieron en la frente -esa frentaza que tiene- y le clavaron alfileres en los ojos. Pero la gente, lejos de darle bola a lo que opinen los "críticos especializados" la miró y ya se viene la segunda temporada.




¿Acaso la llamada "Guerra contra las drogas" no nos parece un fracaso después de ver The Wire?
Al hoy conservador liberal Mario Vargas Llosa, por ejemplo, sí. Además, sintió que estaba leyendo a Dumas o  Dickens:
"Desde que la serie televisiva The Wire se transmitió he leído tantos elogios sobre ella que no exagero si digo que he vivido varios años esperando robar un tiempo al tiempo para verla. Lo he hecho, por fin, y he gozado con los episodios de las cinco temporadas como leyendo una de esas grandes novelas decimonónicas -las de Dickens o de Dumas- que aparecían por capítulos en los diarios a lo largo de muchas semanas".
"Como cada episodio de The Wire es tan endiabladamente entretenido, el espectador tiene la impresión de que, al igual que otras series, ésta también es pura diversión pasajera que se agota en ella misma. Pero no es así. La obra está llena de tesis y mensajes disueltos en la historia, que transpiran de ella e impregnan la sensibilidad de los televidentes sin que éstos lo adviertan. El más inequívoco es la convicción de que la lucha contra las drogas es una empresa costosa e inútil que nunca tendrá éxito, que sólo sirve para asegurar a la marihuana, la cocaína, el éxtasis y toda la parafernalia de estupefacientes naturales o químicos un mercado creciente, para causar más delincuencia y sangre en los barrios donde se trafica y para asegurar pingües ganancias a la multitudinaria maquinaria que se ocupa del tráfico".


Ya sé que es una exageración.
Las series no cambiarán el mundo. Pero ya nos cambiaron un poco a nosotros, para bien.
O por lo menos a mí, que me enamoré perdidamente de Stephen Holder gracias a esa maravilla trágica que es The Killing.