La maldición bonaerense

Osvaldo Quinteros-. El problema de los gobernadores bonaerenses que buscan la presidencia es que en su distrito vota el 38%, pero afuera vota el 62%.






De los 14 proyectos presidenciales bonaerenses que arrancan con Alsina y terminan, hasta la fecha, con Scioli, ninguno logró imponerse en las urnas. Más aún, los gobernadores bonarenses siempre estuvieron en conflicto con la Casa Rosada y con los gobernadores de las restantes provincias, además de la Capital Federal.





Amparo Ochoa y Gabino Palomares retrataron, para la posteridad, una canción realmente bella llamada Maldición de Malinche.
El autor de la letra, Gabino Palomares, carga contra la conquista española, a la que, al calor del momento y las circunstancias (fue compuesta en el 75, Palomares, nacido en México, fue muy cercano al castrismo en Cuba) se equiparaba, no sin cierta razón, con el imperialismo yanqui.

Quitemos proporciones, contextos, diferencias gigantescas. Pero captemos el mensaje. Hay cierto parecido del sentir "en el interior", del cual buena parte de la provincia de Buenos Aires pertenece.

El resto del país se suele compactar contra la zona metropolitana y portuaria, lo que se conoce como AMBA, cuando ve peligrar el frágil equilibro con las provincias, que aunque en la actual ecuación son las perdedores y esto es así desde hace décadas, por lo menos quieren conservar lo que tienen. No perder más.

Así hay que entender la lógica "conservadora" del Senado de la Nación, donde las provincias están sobrerepresentadas por doble vía: porque tienen tres senadores independientemente de la cantidad de habitantes (varios municipios bonaerenses tienen más habitantes que Tierra del Fuego, por ejemplo) y porque en las provincias sobrevive, moribundo pero sobrevive el bipartidismo.
Vota más gente al PRO en CABA que a los radicales y peronistas juntos de Formosa pero radicales y peronistas formoseños tienen 6 senadores nacionales y el PRO porteño tiene...uno solamente.

Por otro lado, la actual elección bonaerense para senadores nacionales POR LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES se dirime entre Cambiemos -el único sello con alcance nacional, presente en todas las provincias- Unidad Ciudadana, que no tiene propuestas provinciales sino nacionales, con la ex presidenta de candidata y sin disimular que su sueño no es representar a los bonaerenses como senadora durante seis años sino estar dos años y luego ir por la presidencia y el partido 1País, que solo se presenta en esa provincia. Es decir, los senadores no se proponen representar a los bonerenses sino a todo el país.

Ésto enciende las naturales alarmas en el resto del país.



Los gobernadores bonaerenses, a su vez, gobiernan un territorio tan inmenso que casi todas las facultades y competencias las tienen los intendentes o el gobierno nacional. Eso hace que dispongan de cuantiosos recursos para publicidad y no sean vistos como los causantes de los graves problemas que aquejan esa provincia. En el campo no les cuestionan a los gobernadores las retenciones, en el conurbano se quejan contra los intendentes por la inseguridad, en La Plata no hay nadie en casa de gobierno, los ministros y los gobernadores atienden en Capital Federal.
Por eso suelen gozar de enorme popularidad y nada les hace mella.
Scioli, en pleno conflicto con la 125, tenía una excelente imagen. Vidal, a pesar de aumentar la pobreza a niveles alarmantes en el conurbano, sigue siendo bien vista.
Lo mismo pasaba con Duhalde aún después de la derrota legislativa contra Fernández Meijide en el 97.
A su vez, los gobernadores bonaerenses no logran hacer pie en Capital Federal (Scioli, por ejemplo, al igual que Duhalde, perdió ahí la elección presidencial por muchos puntos).



La nueva Constitución Nacional creó este país, donde la maldición bonaerense parecía diluirse al suprimir el colegio electoral y crear el tercer senador por la minoría.
Pero late culturalmente el reflejo del sentir federal.
Buenos Aires representa el 38% del padrón, muchos de los cuales son migrantes internos. De todas maneras, fuera de Buenos Aires, está el 62% del padrón, que solo se pone de acuerdo en un solo tema: frenar al gigante bonaerense en su crónica insuficiencia de fondos. Fondos que saldrían de las arcas del resto de las provincias.

Ésta es, en suma, la maldición bonaerense.

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