El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

La desigualdad educativa

Joakito.- No es lo mismo asistir a una escuela privada que a una pública, estudiar en Paraná o en Alejandro Carbó.



La desigualdad en términos educativos, es manifiesta no sólo en cuanto a las condiciones para estudiar sino también por la calidad.


El sistema educativo moderno nace con una promesa de igualdad. Rousseau sostenía la existencia de una "desigualdad natural", la física, y otra "no natural", que es la moral o política, y decía que es precisamente sobre esta última sobre la que podemos intervenir.
Hoy podríamos plantearnos que incluso la desigualdad física es construida socialmente, y cuestionar la validez de esta distinción.
En una sociedad de sujetos libres que en su accionar con las instituciones van conformando un devenir social, hay márgenes de libertad para operar en los contextos más difíciles, y esos márgenes de libertad hay que usarlos y profundizarlos.




Argentina fue pionera en este sentido, por las políticas llevadas adelante en términos educativos por Sarmiento que concluyeron en la ley 1420.


Para entender el concepto de desigualdad no basta solamente con las categorías económicas. Algunos teóricos incorporan en este sentido, que  existen algunas  desigualdades que se caracterizan como dinámicas. Las causas por las cuales cierta gente se vuelca a la delincuencia o no, a la militancia política o no, están vinculadas con estas desigualdades dinámicas. Por ejemplo, la diferencia entre la gente que se quedó con dinero en el "corralito" o no, pudo haber sido la diferencia de enterarse una hora antes o no enterarse. Y esto no tiene que ver con una situación estructural dura sino con una relación más dinámica, con redes de relaciones, una capacidad de decisión, de información, de educación; todos estos elementos también intervienen en cómo se construyen hoy las desigualdades en Argentina.



¿Por qué la gente tolera la desigualdad y la inequidad creciente?
Beatriz Sarlo sostiene que observa un cambio en los ´90, en los que nos acostumbramos a que la sociedad argentina sea impiadosa. "Ese es un verdadero giro en un imaginario que hasta no hace pocos años tenía al ascenso social como una expectativa probable para casi todos...”  


Retomando la ley sarmentina y cómo se construyó el sistema educativo argentino es necesario señalar que en ese entonces se creía en la idea de que el sistema educativo era lo que iba a producir la igualdad. Una igualdad entendida como un punto de llegada y no como un punto de partida, cuestión que requiere hoy ser modificada. Es decir, hay que pensar la igualdad como un punto de partida; se trata de que se está educando sujetos iguales a cualquiera de nosotros, aunque haya injusticias, aunque haya desigualdades, pero eso no quiere decir que no sean iguales a nosotros. Esta diferencia es bien central para ver cómo se piensa la educación.(obvio que Sarmiento no pensaba que era necesario educar a los iguales, sino que eran la  "barbarie" los que debían ser educados y para eso implementó las escuelas normales).

Fueron dos sociólogos franceses lo que empezaron a pensar la "desigualdad" que se genera en la educación: Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, quienes comenzaron a estudiar la reproducción cultural y el lugar de la escuela en la creación de circuitos y segmentos diferenciados de escolarización para los sectores ricos y medios, y para los sectores pobres.
Ellos daban el siguiente ejemplo:  La escuela propone ciertas actividades, por ejemplo, como una típica actividad de estación otoñal, mirar cómo caen las hojas en otoño. Pero: ¿quién sabe mirar las hojas que caen en otoño?, ¿qué sujetos estamos suponiendo ahí que saben mirar las hojas en otoño?. ¿Qué disposiciones culturales tienen esos sujetos?, ¿qué  tiempos libres tienen esos sujetos?, ¿qué relación con la naturaleza tienen esos sujetos?.


Recuerdo una vez, mientras realizaba las prácticas pre profesionales de la Facultad de Trabajo Social en una escuela periférica de la ciudad. Con mis compañeras, quedamos en conjunto con dos maestras y la directora en llevar a los chicos al Museo de Bellas Artes "Pedro Martinez" en Paraná. Ese día la mayoría de los gurises en vez de dedicarse a ver los cuadros y esculturas se dedicaron a jugar en el patio que tiene el museo. Al volver las maestras y la directora, decían que no valía la pena llevar a otros cursos porque por lo que vieron los chicos no prestan atención a los cuadros.
Ahora bien, cabe preguntarse, ante esta situación: ¿no es peor renunciar a la idea de que salgan del barrio para que no se distraigan y se concentren en lo que queremos que aprendan? 




Cuanto menor acceso a la igualdad educativa reciben los niños y  jóvenes, o cuando  la calidad educativa es inferior, la posibilidad tanto de insertarse en el mercado laboral o de desarrollarse por sus propios medios en un mundo moderno es cada vez menor.  A quienes mas afecta esta desigualdad siempre es a los sectores mas pobres. No solo por la imposibilidad de acceder a la educación privada, sino también por la carencia de recursos necesarios para afrontar los gastos que significa ir a la escuela (libros, materiales didácticos, transporte).

Es cierto que la aplicación de la Asignación Universal por Hijos (AUH) contribuyó de algún modo a reducir la desigualdad, pero no es suficiente para logar el pleno desarrollo educativo.
La AUH alcanza solo para lo mínimo e indispensable, que en los sectores mas vulnerados es el alimento.



No se soluciona solamente con la transferencia monetaria el tema.
Es cierto que numerosos gurises y  jóvenes volvieron al sistema educativo obligados a partir del cobro de la AUH, pero también es cierto que esta vuelta al sistema colaboró a que el sistema educativo se siga degradando ¿Por qué? Simple, el Estado no se hizo cargo de las refacciones edilicias correspondientes.
Esta situación es visible sobre todo en las escuelas que se encuentran en los lugares marginales o incluso en varias escuelas rurales. Las escuelas reciben a los estudiantes sin la infraestructura necesaria ni los elementos didácticos suficientes, para ayudar a que quienes concurran mejoren a través de la educación sus condiciones de vida.



En Argentina, durante la última década, hay que reconocerlo, se aprobaron dos leyes importantes para el desarrollo ecuánime del sistema educativo: la de financiamiento educativo y la ley de educación. Sin embargo, a pesar de cumplir con el objetivo de destinar el 6 del PBI para educación en el 2010, hay que decir que la mayoría de ese dinero está destinado a la masa salarial docente. 
Un detalle no menor, es que a la mayoría de las escuelas (incluso varias públicas de gestión privada, sobre todo las confesionales) quienes asisten lo hacen para asistir al comedor. Es decir que el esfuerzo de estas instituciones y de quienes allí trabajan está destinados a convertir la escuela en lugar de contención emocional para los estudiantes y sus familias. Marcando una profunda brecha educativa entre quienes asisten a una escuela en el centro y quienes asisten a una escuela en la periferia o en zonas marginales, ya que las escuelas del centro al no hacerse cargo de satisfacer la necesidad de alimentación de sus estudiantes, el esfuerzo está puesto en los contenidos y la excelencia que alcancen los estudiantes.


Tengamos en cuenta que a la hora de solucionar la brecha existente en términos educativos hay que tener en cuenta que no basta solo con el mejoramiento de los salarios o de tener todas las escuelas en excelentes condiciones edilicias, sino que también es necesario que el Estado encare una buena y continua  formación docente;  que se trabaje fuerte en la renovación de las currículas, adecuadas a cada situación regional; y también en una actualización tecnológica; con el acceso a todos los niveles de la educación (inicial, primario y secundario).

Hay un libro que me parece fundamental para pensar políticas educativas inclusivas y que aporten a reducir la desigualdad. El libro se llama "El Maestro ignorante: Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual" y es del teórico frances Jacques Rancière. Este autor sostenía que 
“La igualdad no es formal ni real; no consiste ni en la enseñanza uniforme a los niños de la República ni en poner a disponibilidad productos a bajo precio en los estantes de los supermercados. La igualdad es fundamental y es intempestiva. Está remitida siempre a la iniciativa de los individuos y los grupos que contra el curso ordinario de las cosas toman el riesgo de verificarla, de inventar las formas individuales o colectivas de su verificación. No alcanza con poner el mismo saber a disposición de todos ni con regalar bienes culturales. El punto es cómo construimos condiciones para la igualdad, cómo estamos convencidos de que todos somos sujetos iguales, y que es esa fuerza intempestiva contra el curso ordinario de las cosas que nos pone a inventar otras formas".  
Ese es uno de los grandes desafíos. Retomar esa fuerza intempestiva, subir la apuesta, para que la igualdad sea un punto de partida y no de llegada,  para que la escuela se enriquezca de experiencias, de conocimientos, de nuestras pasiones.