La conurbanización de Entre Ríos

Osvaldo Quinteros-. Entre Ríos se suma  ala conurbanización del país.



Las revueltas sociales en los últimos años tienen dos tipos de respuestas institucionales por parte del gobierno nacional (además de los grados variables de represión): la intervención o la caída del gobierno nacional.
La revuelta social de Corrientes con la que arrancó la Alianza, terminó con dos asesinatos de manifestantes por parte de una banda criminal, la Policía Federal, en manos del entonces Ministro del Interior, Federico Storani. La provincia de Corrientes se intervino. El asesinato de María Soedad Morales durante el gobierno de Menem derivó en la intervención de Catamarca. El caso de las escuchas ilegales de Nina Aragonés de Juarez, principal aliado de Néstor Kirchner, terminó con Kirchner impulsando la intervención de Santiago Del Estero. Años después, por el mismo delito pero cometido en la Capital Federal por Mauricio Macri, ningún legislador nacional -el Congreso tiene la potestad, a pedido del Ejecutivo, de pedir la intervención- pidió la intervención de CABA.



En el 2001, los saqueos que comenzaron en Entre Ríos, en Concepción del Uruguay, terminaron en arrestos masivos por parte de un juez que luego se convertiría al garantismo naif en su etapa ultraK: Eduardo Lauritto.
Pero De La Rúa cayó cuando las masas del conurbano se rebelaron en sus narices: la plaza de mayo. Cayó luego de la principal masacre estatal desde el retorno democrático.
Hasta el día de hoy, la UCR no ha sancionado ni tomado ninguna medida disciplinaria con los afiliados que llevaron adelante ese acto de terrorismo de estado en tiempos de democracia.



La conurbanización del país es un hecho. Incluso, intelectuales de la derecha como el lúcido Héctor Huergo, de pasado trotskista y hoy editor del suplemento agropecuario de Clarín (que está a la derecha, de todas los suplementos agropecuarios de todos los diarios del país), mientras los empresarios rurales cortaban todas las rutas del país para desabastecer a la población civil, planteó que hay dos países: uno era el "eje Matanza Riachuelo" dos lugares del conurbano a los que ligaba a las "provincias inviables" del norte, que son las más pobres del país. Y el otro polo, el que defendía con vehemencia, estaba compuesto por la gente bien de la Pampa Húmeda y el puerto, o sea, la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Rosario. La "grieta" era esa. Aunque Huergo la planteaba como un dilema sin resolución. Lo cual tienta a la "aniquilación" de uno u otro. Aunque, cuidadoso y sutil, no lo planteó en eses términos.

Entre Ríos tiene esas dos realidades: la de los ricos y ultrasubsidiados empresarios rurales y las villas miserias que cercan las ciudades viviendo en la indigente, entre el hambre, el frío, la discriminación, el acoso policial y la contaminación.
Las categoría de Huergo no se aplicaban a Entre Ríos, dado que el "eje Matanza Riachuelo" representaba al peronismo y a la Gente Bien la representaba el "republicanismo democrático", o sea, la derecha autoritaria que venía de la enorme masacre del 2001.

La conurbanización del país es otra cosa: en el conurbano residen millones de pobres, millones de trabajadores industriales (muy bien pagos) y las mejores mansiones en barrios privados. Se concentra la riqueza y la pobreza con los más altos estándares de desigualdad social, cosa que no vemos en Entre Ríos, ni siquiera en Concordia, que es además un bastión del peronismo. Y de los peronistas multimillonarios.



Sin embargo, cada vez de manera menos pausada, asistimos a este avance de la conurbanización. Los contrastes económicos extremos, el inicio de la segregación clasista, la policialización de los conflictos sociales. Y la naturalización del mismo.
Días atrás, el gobernador peronista Gustavo Bordet y el intendente radical Sergio Varisco, brindaban con yampein en la inauguración de una concesionaria de autos que fue denunciada por la agresión ecológica y por construir un muro a lo Trump porque detrás hay una villa. Los habitantes de la villa protestaron de todas las formas posible. El consenso neoliberal entrerriano que bien relata Ezequiel Bauman brindaba con yampein: una escena de tanta tilinguería que da verguenza ajena.
Los dueños de la concesionaria, luego de inaugurada y con una foto que les garantizaba impunidad, partieron de la provincia hacia sus tranquilas y lujosas residencias.Debe ser porque aún queda olor a pobre del otro lado del muro.

San Isidro, meca de la grieta social

No es solo Entre Ríos quien sufre este proceso de conurbanización, es todo el país. Aunque en Entre Ríos no sea tan pronunciado, dado que los que más dinero ganan en Entre Ríos (Eskenazi, Popelka, Marissa, Etchevehere, Pérez) no se molestan en residir en Entre Ríos y son, además, más que empresarios son políticos corruptos que hicieron su fortuna a partir del saqueo al estado y burlando todas las leyes que los mortales debemos cumplir puntillosamente.
Por lo tanto, como no viven en Entre Ríos, no se ve el contraste que si se ve San Isidro, por ejemplo.
Pero está avanzando este deterioro con educación para pobres y educación para ricos, o sea, los hijos de los políticos. Hospitales para pobres y clínicas para ricos, o sea, los políticos. Incluso, plazas cercadas -en Paraná, en calle Mitre por dar un ejemplo- para ricos y plazas para pobres (todas las que están fuera de los boulevares: usted escoja) libradas a la buena de Dios y las banditas de narcos.

No está en la agenda pública esta discusión. Lo cual significa que no es considerada un problema. Pero es la raíz de los problemas cotidianos, desde los servicios públicas decadentes fuera de boulevares -excepto en los barrios privados, que crecieron como hongos durante la Década Ganada, al igual que se multiplicaron las villas- la contaminación, la criminalidad, la violencia social, la falta de transporte y un largo etcétera. Si se mira con lupa cada hecho puntual de los que son noticias diarias, se encontrará este proceso de conurbanización que llegó para quedarse.