Instrucciones para abrir una puerta

Lucas Carrasco-. ¿Por qué hay hombre así?


"39. La puerta es la que elige, no el hombre"Jorge Luis Borges, Fragmentos de un Evangelio Apócrifo. 



¿Por qué hay tipos así, capaces de discutir horas y horas sobre temas que a casi nadie apasionarían? ¿Por qué hay personas que se ganan enemigos a montones? ¿Por qué hay gente así, tan poco amable, malhumorada, que no puede evitar callarse un chiste ácido que dejará al otro en ridículo? ¿Por qué hay gente que ama tanto la polémica que es con la única cosa con la que podría contraer matrimonio? ¿Por qué hay gente que equipara matrimonio a la unión entre una persona y una cosa, como acabo de hacer en la oración anterior? ¿Por qué carajo soy así?



Una nota muy interesante, supongo, para mí mismo. Pero seguro que resultará una burla a un lector común. Entre otras razones, porque los lectores comunes no saben que lo que leen en los diarios, en los libros, en los manuales y hasta en el diccionario dice más del autor que del tema que narra, informa, ficciona, explica, deduce o investiga. Por ejemplo, en la oración anterior, el lector creyó que existe la palabra ficciona. Yo la escribí. Sé que no existe. Y sé que la mayoría de la gente no sabe ni sabrá, no buscará, para saber si existe. Mentira: sí, existe. No, no existe. El uso correcto sería ficcionaliza. La oración debería quedar así: "Entre otras razones, porque los lectores comunes no saben que lo que leen en los diarios, en los libros, en los manuales y hasta en el diccionario dice más del autor que del tema que narra, informa, ficcionaliza, explica, deduce o investiga."


Entre otras cosas, porque los lectores comunes no saben que lo que leen en los diarios, en los libros, en los manuales y hasta en el diccionario dice más del lector que del tema que narra, informa, ficcionaliza, explica, deduce o investiga.

Cambié una palabra. En vez de autor, dice lector. Y ambos enunciados son correctos, incluso en el orden de prioridades en que fue expuesto. Aunque acá se abre una discusión que los Lingüistas, Filólogos, Semiólogos, Críticos Estructuralistas y Deconstruccionistas aún no tienen zanjada. Es la siguiente: ¿un texto dice más del autor que del lector? Hay quienes dicen que dice más del autor, luego, en segundo orden, del lector. Y hay quienes invierten el orden de los factores.






Nada de esto implica que el texto no tenga una entidad ontológica en sí misma, que no remita a "un hecho". Obviamente, cada género discursivo se presta más -con tilde diacrítica aunque átono en la cadena hablada- o menos a un tipo de lectura subjetiva, tanto del autor como del lector así como del contexto en el que es leído.
Por ejemplo, ésto:

Este armazón de huesos y pellejos,
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin, y no lo extraño,
pues, aunque es la verdad que no soy viejo,
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día. 

Pertenece a la Rima LVII de Gustavo Adolfo Bécquer. Lo cual dice y dice mucho del poeta en cuestión, pero también dice (y dice mucho) del lector, de ahí su eficacia como texto. Para los expertos en literatura, dice además un conjunto de reglas, técnicas, etcétera; donde abundan las paremias ficcionalizadas (ficcionalizada: participio del verbo no pronominal ficcionalizar).
¡Qué insoportable que soy!

Hay otros textos que se prestan menos para la subjetividad, tanto del autor como del lector. Pongamos un ejemplo fácil: la definición de martillo en el diccionario. Usemos el diccionario de la Real Academia Española (porque está online, pero bue, la elección del diccionario ya dice mucho en sí misma). Vamos a usar la Edición de la RAE del Tricentenario. La elección de esta edición también dice algo sobre el autor de esta nota. Y que sigas leyéndola también dice algo sobre vos. Sí, vos. Pero todavía no te voy a decir qué. Ya es bastante difícil meter algo de suspenso hablando de estos temas que no le importan a ningún ser humano cuerdo.

Bien.
Vamos con el martillo.

Martillo (hay 7...¡SIETE! acepciones de "Martillo"...¡SIETE! ¡Y en ninguna está Martillo Hammer!):

1. m. Herramienta de percusión compuesta de una cabeza, por lo común de hierro, y un mango, generalmente de madera.
2. m. Llave o martillo con que se templan algunos instrumentos de cuerda.
3. m. Cruz de la Orden de San Juan, quitado el brazo derecho.
4. m. Persona que persigue algo con el fin de sofocarlo o acabar con ello. Martillo de las herejías, de los vicios.
5. m. Establecimiento autorizado donde se venden efectos en pública subasta.
6. m. Anat. Uno de los huesecillos que hay en la parte media del oído de los mamíferos, situado entre el tímpano y el yunque.
7. m. Dep. Bola metálica sujeta a un cable en cuyo extremo hay una empuñadura y que se lanza en una prueba atlética.

A la mierda. Yo solamente conocía la primera acepción. ¿Dice algo, esa primera acepción, sobre el autor de esa definición en el Diccionario? Sí, dice muchas cosas. Por ejemplo, el acierto de la utilización de la palabra "percusión". Su uso estricto, riguroso, y aún así, sorprendente.
A ver: antes de seguir, pensá en voz alta: ¿cómo definirías (la acepción común nomás) para un diccionario, el que sea, la palabra Puerta? Es una palabra fácil, simple. Ok, tratá de escribir una definición de cien caracteres de la palabra Puerta. Una definición que no te suene extremadamente ridícula. Tratá. Dale. Verás que no es tan fácil. Verás que todo es mentira, verás que nada es amor....





Alzá la vista de la pantalla en la que estás leyendo esta nota: mirá cualquier objeto, elegí uno, el que quieras. Pensá en cómo lo definirías para un extraterrestre. No es tan sencillo. Ni siquiera para un extraterrestre, al que de última le podemos explicar su uso -que no es lo mismo que definirlo- jugando a ese juego, no recuerdo el nombre, de pantomimas donde tenés que adivinar de qué película habla el otro grupo. Es fácil explicar qué es un martillo cerrando el puño y haciendo como que golpeás algo. No hace falta ser Marcel Marceau. Pero definirlo para la RAE es otra cuestión. Releamos la primer acepción. No es simple la definición: arranca con su uso -la palabra herramienta-, sorprende con el acertado "percusión" y el simplificante "compuesta", para luego describir una imagen, algo que en literatura es harto difícil. Ni que hablar en el periodismo.
O en la poesía.



¿Y qué dice del lector esa primera acepción de la definición de "martillo"?
Dice que el lector es un boludo que no sabe lo que es un martillo. ¿Te parece poca cosa semejante información sobre el lector?


Posdata: ¡La tengo con el martillo! Resulta que, me avisan, ya escribí un nota con el primer título que le puse a ésta "Manual de instrucciones para usar un martillo". Por eso se llama Manual de Instrucciones para abrir una puerta. Y podría cambiar toda la nota reemplazando la acepción de "martillo" por "puerta" y el ejemplo de "puerta" por "martillo", pero no tengo ganas. Además, la palabra martillo tiene más contundencia fonética que la palabra puerta. Capaz que es porque termina en O en vez de terminar en A, o porque tiene tres sílabas o por que...bah, qué se yo. Pará un poco, chiflado. Calláte. Andate a dormir. Dejáte de joder con la puerta y el martillo.
Y eso que el único martillo que realmente me importa es Martillo Hammer, que así como el Chapulín Colorado era una parodia de Superman, Martillo Hammer era una parodia de Harry El Sucio de Clint Eastwood.
El guionista de la serie Martillo Hammer, Alan Spencer, escribió los primeros bocetos cuando tenía 16 años. Sí, 16 años.
La misma edad de John Kennedy Toole cuando escribió La Biblia de neón, la novela más triste que he leído en mi vida. Y una de las mejores.

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