Iglesia Central del Reino del Dolar

Ezequiel Bauman-. La bicicleta financiera, el Banco Central y la religión neoliberal.




La masiva entrada de dólares al país que luego se cambiaban a pesos comprando Letras del Banco Central (las famosas Lebac) para luego comprar nuevamente dólares y, en este pase mágico, obtener la renta más alta del mundo, es lo que está sucediendo en la Argentina de hoy. A ésto se le llamaba, en tiempos de Martínez de Hoz durante el proceso militar, "bicicleta financiera". 
El gobierno nacional, que ha creado la Dirección Nacional de Bicicleta, fomenta esta bicicleta financiera que además de despilfarrar dinero en el exterior aumentando la deuda y financiando la fuga de capitales locales, desestimula la inversión productiva. 
La falta de inversiones en la economía real, que cree puestos de trabajo, se debe a esta bicicleta financiera, no al supuesto riesgo político de que gane el "populismo" de la doctora Fernández de Kirchner, dado que durante su gobierno las empresas y bancos ganaron más que durante lo que va del mandato del ingeniero Mauricio Macri. 

Esta política es funcional a la búsqueda de aumentar el desempleo y bajar el "costo laboral" (bajar los salarios) para que haya menos consumo y así se baje la inflación. Es la receta clásica de la ortodoxia financiera y se aplica en Argentina, sin resultados, desde el 2012 hasta la fecha. Llevamos cinco años de fracasos ortodoxos con distintos discursos políticos por parte de los ministros de economía. 




Para que la bicicleta financiera sea efectiva, es necesario que el precio del dolar nunca suba por encima de la inflación. Porque los dólares que se pasan a pesos para comprar Lebac, obtener los altos rendimientos de la altísima -la más alta del mundo- tasa de interés, para luego volver a comprar dólares y fugar ese dinero al exterior, se necesita que los dólares que vuelven a comprarse tras obtener el retorno en pesos, valgan lo mismo, de esa manera, se compra mayor cantidad de dólares. Este carry trade se replica con diferentes formatos en la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la estratégica y central Bolsa de Rosario. Es el mecanismo que está debajo de nuestra economía y es la razón que explica por qué seguimos perteneciendo al mundo subdesarrollado teniendo tantas riquezas naturales y talentos humanos. 

Como este carry trade -bicicleta financiera- no es sustentable en el tiempo, se espera una devaluación. Como se espera una devaluación, la misma se va acelerando. 
Es un círculo vicioso, una droga sin efectos colaterales, por el contrarios, los adictos a esta droga ganan fortunas. La clave está en que vaticinan el apocalipsis y luego lo desatan. ¿Por qué? Porque pueden. Tienen el poder y el dinero para hacerlo.  

Este mecanismo de bicicleta financiera lo utiliza la religión neoliberal para bajar la inflación. Fue utilizado por sus devotos durante todo este año y medio. El resultado por todos conocidos es que la inflación se disparó a niveles superiores que durante los peores años de Fernández de Kirchner. Esto lo sabemos gracias a que el gobierno de Cambiemos dejó de truchar las estadísticas del INDEC. 

¿Es sincera la proclama de que se utilizan estos mecanismos para bajar la inflación?
Es difícil decirlo. Al igual que el negociado con el dólar futuro que lanzó el gobierno anterior y se aprovecharon los actuales funcionarios de este gobierno, es difícil decir dónde termina lo que realmente creen y dónde empieza la ganancia personal. 
El caso del dólar futuro es claro en esta confusión. Kicillof, entonces Ministro de Economía, junto a Alejandro Vanoli que presidía el Banco Central, lanzan el negociado privado del dólar futuro. Están imputados por estafar al Estado Argentino con este negociado calamitoso. Sin embargo, está comprobado judicialmente que no se beneficiaron en términos personales con este descalabro, solo hicieron que todos paguemos por hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Fueron denunciados por funcionarios del actual gobierno, que en aquel entonces eran oposición. Pero resulta que fueron funcionarios del actual gobierno quienes compraron esos dólares a futuro y devaluaron, haciendo un meganegocio de una renta extraordinaria. 
Unos no creen en la religión neoliberal pero la fomentan, los otros creen pero en los hechos solo se aprovechan de estos postulados.
La línea para no volverse loco es pensar el neoliberalismo al igual que esas iglesias evangelistas de los Estados Unidos donde los pastores se vuelven multimillonarios predicando misericordia y caridad y están rodeados de abogados y contadores que no creen en nada más que el dinero. Algunos creen y se enriquecen, como los pastores, otros no creen nada de esas tonterías y se enriquecen, como los financistas, abogados y contadores que manejan el dinero. Un dinero que no paga impuestos, porque proviene de la religión y es por tanto un negocio extraordiario.



La bicicleta financiera, el dólar futuro, entre otros ejemplos, son nuestras iglesias evangelistas. Los telepredicadores los conocemos de sobra y sus discursos son desmenuzados con agudeza por los expertos literarios en estas mismas páginas. A los economistas nos queda la tarea de señalar que esto tiene una lógica, que persigue ciertos objetivos racionales y que dentro de sus propios propósitos, incluso puede funcionar.

Podríamos llamarlo Iglesia Central del Reino del Dólar.