Histeria con el dólar

Ezequiel Bauman-. ¿Está justificada la nueva y recurrente histeria con el dólar?







Cada suba del dólar es "histórica" dado que el peso tal y como lo conocemos hoy, arrancó con un valor equivalente a un dólar. 

Los que peinamos canas vimos pasar varias monedas, varias devaluaciones y varias corridas financieras. 


¿Hay elementos para temer un suba del dólar?

En esta columna ya hemos tratado el tema y hemos explicado que es muy probable que luego de las elecciones haya un devaluación, no demasiado brusca pero sí que licúe un poco el poder adquisitivo de los asalariados y jubilados, aumente los márgenes de ganancias de los empresarios rurales e industriales mercadointernistas y aumente la desigualdad social, aunque ésto en la jerga de la religión neoliberal se denomina "bajar los costos laborales". 
Una devaluación más parecida a la de Kicillof en el 2013 tras las elecciones, que la de Duhalde en el 2002. 


Sin embargo, la suba de estos días  -al momento de escribirse esta nota, la suba pasaba los 17 pesos- no es para preocuparse. En realidad, el Banco Central tiene espaldas financieras para hacerse cargo, si quiere, de bajar el dólar. Incluso, si no interviniera en el mercado, el dólar bajaría por la entrada de capitales golondrina para llevarse las ganancias extraordinarias de la bicicleta financiera. 
Las espaldas del Banco Central no son tanto por las reservas, sino por el país desendeudado que el ingeniero Macri heredó. Esa "pesada herencia" que fue asumir en uno de los países con más baja deuda pública en relación a su PBI. 


Por supuesto que los críticos tienen razón: el endeudamiento no puede ser eterno ni la bicicleta financiera puede perdurar mucho tiempo sin arruinar y empobrecer amplios sectores de las capas medias. Pero aún estamos lejos de ese abismo, que por lo general se exagera por motivos políticos. 
 

A su vez, a los pequeños ahorristas, no les conviene comprar dólares, porque la inflación sigue estando por encima de cualquier cálculo devaluatorio.

En realidad, el precio de referencia del modelo macrista no es el dólar, sino el valor de los combustibles. Cuando éstos aumentan, el dólar inmediatamente aumentará en el mismo exacto porcentaje. 

El mercado de cambios sabe que éste es un gobierno modelado por las petroleras extranjeras y actúa en consecuencia. 

Tampoco le conviene al pequeño ahorrista vender hoy los dólares, si ya los tiene, más vale guardarlos. Pero si le queda algún excedente para ahorrar, el mejor modo de cubrirse de la inflación sigue siendo el plazo fijo. 



Básicamente: es mentira que la histeria con el dólar tenga que ver con la política. 
Ni un triunfo de Cristina Kirchner asustará a ningún inversor -las grandes empresas ganaron más en la Década Ganada con el discurso progre que hoy con el discurso neoliberal- ni los vaivenes del mercado negro tienen relevancia, hoy día que no hay controles de cambio. Los arbolitos no están viviendo un momento de fiesta, sino trabajando normalmente para el dinero en negro que proviene de diversos delitos, mayormente, la evasión fiscal. No hay temores reales de una corrida bancaria, dado que los bancos se están haciendo un festín con las Lebacs. 


Lo que sucede es más simple. Una suba parcial hoy día, antes de que la gente comience a pensar en las elecciones, es menos costosa políticamente que una mini devaluación diaria tres semanas antes de que se vote. 

Subir el dólar hoy, además, devuelve márgenes de ganancia a los favorecidos por el modelo inaugurado por Eduardo Duhalde y continuado por Néstor y Cristina Kirchner y hoy por el ingeniero Macri. 
Ese modelo requiere de la intervención del Banco Central para que el dólar acompañe la inflación. Es lo que está pasando. Se denomina técnicamente "flotación sucia" y es una flotación administrada por el Banco Central de la República Argentina. 

Cuanto más cerca estemos de las elecciones, más quieto estará el dólar -incluso, tal vez, el BCRA lo deje bajar- para operar como ancla inflacionaria. 
Luego de las elecciones, seguramente habrá una devaluación pero no brusca ni descontrolada. 

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