El lobby de Etchevehere

Ezequiel Bauman-. Aunque es una constante en los más ricos y los terratenientes, las presión del entrerriano que preside la Sociedad Rural busca condicionar a los candidatos, en pleno lanzamiento de campaña electoral.




En inglés, Lobby significa, textualmente, "salón de espera". En los hechos es una deformación de la democracia, porque se denomina Lobby a los grupos de presión, que por diversos métodos, no todos legales, presionan para obtener beneficios.
Algo de ésto anticipamos en la nota, cuyo título jactancioso no fue elegido por mí pero me parece un acierto, "Los dinosaurios que se escaparon de Tecnópolis Federal".
Así como las categorías "derecha" e "izquierda" nacieron por la ubicación de los diputados franceses en el parlamento durante su gran revolución, con los conservadores a la derecha y los revolucionarios a la izquierda, la palabra Lobby viene de la Cámara de los Comunes, el parlamento de Inglaterra, en cuyas salas de espera durante el siglo diecinueve, estaban los ricos o sus abogados designados para ofrecer "recompensas" a los diputados electos por el voto popular, que eran menos influyentes que la Cámara de los Lores, cuya designación aún respondía a la monarquía y la iglesia. El nombre completo y correcto de la Cámara de los Lores es House of Lords; su nombre completo es The Right Honourable the Lords Spiritual and Temporal of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland in Parliament assembled cuya traducción es la siguiente: Los Muy Honorables Lores espirituales y temporales del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reunidos en el Parlamento.




Frustrada su candidatura a diputado nacional en el 2017 por su mala imagen entre los entrerrianos, el presidente de la Sociedad Rural, que agrupa a los empresarios agropecuarios más concentrados y conservadores, ha arrancado un lobby nada inocente. Luis Miguel Etchevehere pide, en suma, que los más ricos paguen menos y que los más pobres paguen más. Lo mismo que ahora, pero agravado.
En sus palabras, esto significa que actualmente, los impuestos que deben pagar (omitiendo los que no pagan y el alto grado de evasión y elusión fiscal del campo)  son "otra cosa que nos deja afuera de la cancha con nuestros competidores". Por competidores debe imaginarse el mundo entero. Y con el mismo esfuerzo de imaginación, suponer que en Estados Unidos aún reina la esclavitud en el sur y que los fletes y transportes marítimos no son manejados por multinacionales, así como los precios internacionales no serían regulados en los mercados financieros de los Estados Unidos, donde los brokers, en harapos y hurgando en la basura para comer, van comprando y vendiendo en los mercados a futuro. Con salarios tan bajos, es imposible competir...
Con imaginación, todo se puede creer.

Brokers de Chicago definiendo los mercados a futuro y el precio de la soja

Tras reclamar una nebulosa "reforma impositiva de fondo", dijo que "todo el mundo tiene que aportar algo: municipios, provincias, Nación, entes descentralizados, Aduana, gremios, productores". Con lo cual, equipara inteligentemente a los trabajadores con los empresarios (a los que llama "productores",  a la par que no denomina trabajadores a los peones, sino "gremios") y a los municipios con la Nación. Como si todos tuvieran el mismo peso y aportaran lo mismo. O cobraran lo mismo en impuestos. La omisión de la intermediación financiera no es azarosa. 

En declaraciones a Radio Continental, que hace un periodismo militante de los intereses de los grandes empresarios rurales, sostuvo contra toda evidencia que "En definitiva, eso es lo que va a hacer que nuestros productos lleguen a valores competitivos a la mayor cantidad de mercados posibles y eso se traduce en empleo y en el combate o reducción de la pobreza en los lugares en que producimos".

A ellos ya se les hizo un generosísimo regalo, que pagan los trabajadores, los pobres y la clase media, con la devaluación, la desfinanciación estatal al eliminar y bajar retenciones y el endeudamiento consecuente, que se pagará con una estructura impositiva desigual. Ahora, vienen por más.


La Sociedad Rural, aún en su patetismo de vitorear a las peores dictaduras y atacar constantemente a la democracia, siempre representó una derecha cavernícola que se consideraba a sí misma como de alta alcurnia y portadora de los mejores valores y una sofisticada cultura.
A contramano de esta tendencia, el político fracasado que adeuda salarios en El Diario y tiene seres humanos sometidos a esclavitud en su campo, tiene un tendencia hacia el patoterismo y el discurso militante de baja calidad. Lo cual puede tomarse como una muestra de cierta incapacidad de las viejas clases altas para acomodarse en el mercado global financiero.
No obstante, hay que reconocerle que sabe representar el lobby del mercado financiero agropecuario, que es inteligente (por ejemplo, al pedir que baje la inflación, cuando la inflación, especialmente en alimentos, los beneficia exactamente a ellos más que nadie) y que es astuto en su ámbito.
A la vez, que proviene de una familia tradicional entrerriana, cuyo encasillamiento en el conservadurismo no es tan sencillo y, más allá de estas polémicas ideológicas, los Etchevehere han hecho mucho por una Entre Ríos moderna. 
En cuanto a El Diario, ha sido uno de los principales periódicos provinciales del país, el que más se ha mantenido en Entre Ríos y, en la mayoría de las veces, el más plural y democrático.

El devenir de su fallida eventual carrera política tiene como atenuantes que Etchevehere ya casi no reside en Entre Ríos, y que representa a una institución arcaica como la Sociedad Rural, que siempre representó los intereses de los más ricos en desmedro y, a veces, de manera muy agresiva, contra el conjunto del pueblo trabajador.
Que hoy el campo tenga más que ver con los mercados financieros mundiales que con los gauchos y las colonias, no les ha borrado a la Sociedad Rural, una entidad de lobby, su impronta reaccionaria y su sectarismo de jamás aceptar debatir en sus elegantes salones con alguien que no represente los intereses que defienden.
En este sentido, Luis María Etchevehere no es una excepción.

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