El leninismo posmoderno

Pablo Mori-. Hay que hacerle un monumento al pionero: el Dr Borocotó.



Desde la ciudad de Buenos Aires y la zona metropolitana de la provincia de Buenos Aires, llega una onda anti PASO -Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias- que desconoce lo que acontece en el resto del país. Por ejemplo, en Entre Ríos, donde diez listas compiten en Somos Entre Ríos, el frente conformado por el Partido Justicialista, el Frente Grande y el Frente Entrerriano Federal del ex gobernador Jorge Busti. Tres listas compiten por su parte en Cambiemos, la coalición del PRO con la UCR y partidos menores como el GEN de Margarita Stolbizer y Fe del Momo Venegas, recientemente fallecido.

Se podrá argumentar que estas internas no son competitivas pero si uno recuerda que hay solo cuatro partidos o frentes para votar luego de octubre, recuerda también que hay minorías que necesitan ser contenidas. Esas minorías están por una u otra razón dentro de los dos frentes más grandes.



En el caso de Cambiemos, las tres listas alternan candidatos de todos los partidos. Aunque las tres están encabezadas por el partido mayoritario, que es la Unión Cívica Radical.
Esto revela que hay diferentes posiciones al interior del partido. Lo cual no solo es normal sino que es saludable. Habla de su vigencia, de la democracia interna y del espíritu de participación de sus militantes. Son valores a proteger, no a eliminar en nombre de la antipolítica.



Para que un partido político -pilar fundamental de la vida democrática, según nuestra Constitución Nacional y nuestra Constitución Provincial-  pueda conservar fortaleza y espíritu competitivo garantizando así la alternancia, es necesario salir del leninismo posmoderno de las divas electorales que cambian de partido político como los mediáticos cambian de novia.
Los casos extremos de Martín Lousteau o Graciela Ocaña tienen su expresión en Entre Ríos. El principal saltimbanqui es Emilio Martínez Garbino, pero cada partido tiene el suyo: desde Rosario Romero hasta Juan Domingo Zacarías. La diferencia con Buenos Aires es que acá el electorado los va olvidando, les castiga estas prácticas de zigzagueo oportunista.

¿Es a través de estos Borocotós que se va a moldear la democracia?

Para que un partido político sea fuerte, necesita incorporar y contener a las minorías. El mecanismo de internas abiertas y obligatorias en simultáneo para todos los partidos o frentes, es sin dudas la mejor alternativa para no dinamitar los ya desgastados partidos políticos. Entre Ríos, insistimos, es una muestra de ésto.



Lenin aportó al marxismo, entre otras cuestiones, la Teoría del Partido Único. Es la teoría por la cual un partido compuesto solo por cuadros -los bolcheviques- actuaban en representación de una clase y lo que imaginaban que esa clase quería, aunque esa clase no los apoyaba. Era la Dictadura del Proletariado, que en los hechos terminaba siendo la Aristocracia del Partido en nombre del proletariado. El leninismo posmoderno no llega a tanto, entre otras cosas porque es efímero.

El leninismo posmoderno se conforma de partidos individuales y fugaces, que se hacen llamar "espacios" y representar "valores". Pura cháchara que se desgaja a la priemra de cambio en peleas por la caja, cuestiones matrimoniales y constantes traiciones e idas y vueltas.
En el leninismo posmoderno el culto a la personalidad es en sí mismo una ideología. La cara del candidato es la marca -aunque el nombre lo ponga un publicista, el programa de gobierno un encuestador y los candidatos debajo del "líder" se vendan para financiar la campaña- y su familia oficia de monarquía partidaria.


El auge y la caída de los partiditos que ejercen este leninismo posmoderno depdende siempre del favor de los grandes medios de comunicación, que no son zonzos y saben que tienen en el bolsillo a estos políticos y los usan para sus propios fines (comerciales y políticos, de poder).
El discurso de Alfonsín el 10 de mayo de 1995 en una Plaza de Mayo repleta es clarividente en torno al valor de la democracia, la jornada electoral, la república y los partidos políticos, que deben ser fuertes para poder construir acuerdos programáticos hacia una democracia social. La única manera de llegar a esos acuerdos es fortaleciendo los partidos políticos.

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