Drogas y violencia

Joakito.- ¿Es real la relación entre las drogas ilegales y la violencia?




Hay quienes desde una visión mas conservadora, sostienen que sí. También existe una mirada médica sobre las conductas agresivas que genera el uso de drogas, pero también existen otras miradas sobre el tema, que implica correr el velo de la ignorancia y empezar a entender de que estamos hablando.



Los sectores conservadores, sobre todo quienes tienen una visión teológica del mundo, van a sostener contra todo evidencia científica (o contra toda evidencia a secas) que tanto el fenómeno de las drogas y sus  supuestas consecuencias, en este caso la violencia, están estrechamente vinculados. Así puede leerse en casi todos los documentos de la Comisión Episcopal Argentina de los últimos años, y también así -ligados entre sí un tema con el otro-  es como lo aborda el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina para elaborar datos estadísticos al respecto.



Pero no es solo la iglesia católica la que sostiene este postulado, también lo hacen muchas de las ongs (en su mayoría ligada a grandes empresas que las financian) dedicadas al tratamiento de las adicciones. Al business del tratamiento de las adicciones, que necesita, por cierto, de la expansión del narcotráfico para mantener sus puestos de trabajo y, desde ya, hacer el bien...Je. 
Incluso hay quienes desde estas organizaciones llegaron a exigir que se obligue a realizar análisis que busquen sistemáticamente rastros de droga legal e ilegal en cualquier casos de agresión entre jóvenes, hasta inclusive en los casos de tentativas de suicidio, todo esto con la intención de poder elaborar un número estadístico que les justifique la relación entre violencia y consumo de droga.



Este tipo de organizaciones son por lo general, las que ven en el "adicto" a un potencial delincuente (y cliente), y son las que suelen hacer cuantiosos negocios con las llamadas "granjas de rehabilitación" (financiada muchas veces por el propio Estado a través del SEDRONAR)





También  desde el sentido común -potenciado por los grandes medios de comunicación-  se cree que existe una relación estrecha entre las drogas ilegales y la violencia.
El año pasado, en una encuesta realizada por la UADE (otra vez los privados...) y reproducida por los diarios mas importantes del país, sobre el tema violencia, se señala que 30% de los encuestados considera a las drogas como el principal desencadenante de hechos violentos; después según la misma encuesta, le siguen el desempleo (21%) y la pobreza (16%).  En dicha encuesta, nadie aclara -ni los encuestados ni desde la encuestadora- si por "drogas" como causante se refieren al narcotráfico o al consumo de drogas, sean legales o ilegales.
¿Qué factores operan para que la gente piense que el uso problemático de drogas consideradas ilegales sea mas preocupante que la caída de la seguridad social, o de que las escuelas y los hospitales se vengan abajo?

Lo que tampoco dice la encuesta es que en la mayoría de los casos los hechos violentos que se producen no son por el uso y/o abuso de sustancias ilegales, sino al contrario: las peleas callejeras o los casos de violencia de género inclusive, están asociados al consumo desmedido de bebidas alcohólicas. Que son, como se sabe, perfectamente legales.



Este pequeño dato hace caer por debilidad de argumentos el que se sostiene desde la corporación médica que asocia el uso de drogas ilegales con comportamientos violentos.
La violencia aparece a menudo con el consumo de alcohol ya que al beberlo se experimenta una reducción del funcionamiento de la corteza prefrontal del cerebro, una parte que desempeña un papel importante en la regulación del comportamiento y en la toma de decisiones. Es por eso que cuando bebemos alguna bebida espirituosa tendemos a tomar decisiones equivocadas y somos más propensos a reaccionar emocionalmente a situaciones en las que normalmente podríamos responder de forma más racional y reflexiva.
Cuando bebemos también somos menos propensos a considerar las posibles consecuencias de nuestras acciones.
Con las droga "ilegales" pasa todo lo contrario, el éxtasis, por ejemplo, produce una liberación de serotonina en el cerebro para que las personas aumenten su empatía hacia los demás y sean más abiertos a nivel emocional. De ahí que rara vez se asocie al MDMA (tal es el nombre científico del éxtasis) con la violencia a no ser que se tome junto con otras drogas como el alcohol.



Tengamos en cuenta que muchas prepagas aceptan el tratamiento del alcoholismo como parte de las adiciones ´pero no están dispuestos a pagar un tratamiento de adicción a "drogas" como la marihuana o la cocaína.

Se puede pensar también que la lógica de asociar el uso de sustancias ilegales a la violencia, solo es explicable en razón de un fundamento económico: los robos o muertes en ocasión de robos televisados diariamente hacen crecer la paranoia, y produce que los ciudadanos solo se sientan seguros cuando están dentro de sus casas o filmados por circuitos cerrados de televisión.
Esta lógica de asociar la violencia al uso de drogas ilegales, solo les conviene a aquellos que promulgan que las adicciones se resuelven sacando las sustancias de las calles, endureciendo las leyes, poniendo mas policías o derribando aviones. Cuando en realidad de lo que se trata, si queremos intentar llevar adelante políticas públicas que traten seria y adecuadamente el tema. es de pensar políticas anti lavado o  de un fuerte combate de la corrupción, ya que esta harto demostrado que no se puede pensar en el narcotráfico por fuera de la complicidad policial y los lazos con instituciones estatales.

¿Es cierto que las adicciones a las drogas ilegales fomentan los robos entre personas que no tienen dinero para consumir?
No está demostrado que si esa persona no fuera adicta a las drogas no sería ladrona. Aunque los abogados de delincuentes -los que se quedan con lo robado cuando sus clientes no son detenidos, ¿o de dónde sino sacan sus clientes el dinero para pagarles?- lo usan como atenuantes del delito, aprovechando la ignorancia y el vacío científico sobre el tema.
Lo que sí está probado es que es muy difícil que una persona pueda realizar un asalto tomando éxtaiss o fumando marihuana o paco. Distinto es el caso de la cocaína que, al igual que el alcohol, libera de los habituales frenos inhibitorios. Pero la cocaína, a diferencia del alcohol, no genera violencia, aunque potencia las conductas violentas preexistentes en las personas.


No es el uso de drogas ilegales lo que genera violencia en sí, sino más bien, las malas políticas estatales. No se puede apagar el fuego con nafta: si al hablar de "drogas" la política se centra en el ataque al narcomenudeo, solo va a generar que crezcan las situaciones de de violencia territorial, sin lograr desarmar la estructura del negocio. Todos saben que cuando se tira abajo un bunker, enseguida se construye otro, mientras las armas y el negocio solo cambian de bando.

Tampoco es casual que en las encuestas de percepción sobre el tema de la violencia y de las drogas como un problema sea percibido muy por encima de la magnitud real del problema de consumo de drogas en sí, como tampoco es casual que sean los jóvenes pobres los que estén tan estigmatizados por los medios de comunicación, por la policía y por la dirigencia política al hablar del tema "drogas" y de la violencia: son ellos (jóvenes pobres) los que padecen mayor desajuste entre lo que se denomina capital educativo y oportunidades de empleo.



La violencia no se fundamenta en el uso de drogas ilegales, sino que se basa en la marginalidad, en brechas entre estratos sociales, que se ven frustrados por no acceder a bienes y servicios que en la TV, la radio y en la calle promocionan cotidianamente, y sobre todo de una corrupción política y económica que difunde hacia el interior del tejido social la idea que de que “todos roban” y entonces como dice el tango "el que no llora no mama y el que no afana es un gil".


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