Cómo crear empleo rápido en Paraná

Ezequiel Bauman-. Cómo una simple ordenanza municipal puede crear empleos de calidad sin prometer lluvia de inversiones, capitales extranjeros, tercer semestre ni revolución productiva. El simple uso del sentido común alcanza y sobra.



Una manera de crear empleo automáticamente es sancionar una ordenanza, como existe en las principales ciudades europeas que se caracterizan por su equidad y prosperidad, que sencillamente regule que las grandes zonas comerciales (supermercados y shoppings) no puedan estar en la zona urbana, menos en el centro cívico o los centros comerciales nuevos que tiene Paraná, como en San Agustín, las 5 esquinas, Zani y Almafuerte, por poner ejemplos.
Otra ordenanza que sancione que no pueden abrir sábados y domingos (como tiene Santa Fe), multiplicaría inmediatamente el empleo en Paraná.
En esta nota, explicamos por qué.


Probablemente los lectores no sepan lo que sí sabemos los que ya nos jubilamos. Los grandes centros comerciales son relativamente nuevos.  En la ciudad de Paraná tuvieron su boom en la década del noventa, pero antes ya existían aunque con capitales locales y un sistema de franquicias. Mezclaban la política con lo empresarial -uno de los principales "empresarios" del ramo fue Mario Moine, ex gobernador y ex intendente de la capital entrerriana- para obtener los permisos en cuestión. En la década del noventa fueron furor. Había varias empresas, algunas incluso nacionales, pero ya no locales. Al principio, competían entre sí. Luego, el mercado de grandes minoristas se fue concentrando, estrangulando el pequeño comercio, haciendo desaparecer productores agropecuarios y miles y miles de almacenes, kioscos y despensas se fundieron y se siguen fundiendo culpa de la ausencia de una legislación amigable con el capitalismo serio.


La historia cuenta que los supermercados nacieron en Francia, en un suburbio de París cuando un grupito de tres familias muy ricas que tenían también grandes almacenes de ramos generales se unió para abaratar los costos de transporte y logística creando lo que se denomina la primer gran superficie de venta minorista. Esto ocurrió a mediados del siglo pasado. Desde entonces, su crecimiento ha sido vertiginosos en todo el mundo.
De a poco fueron surgiendo legislaciones que limitaban la presencia de estas grandes superficies comerciales en los centros urbanos, por el impacto en los pequeños almacenes, que los fundían con su poder de compra.
Esta legislación restrictiva, en búsqueda de un sano capitalismo que genera condiciones equitativas de competencia, sirvió también para morigerar la inflación, porque se multiplicó la oferta.

La legislación europea en general regulando a las grandes superficies comerciales hizo que éstas se convirtieran en multinacionales, porque los gobiernos de los países subdesarrollados son en general más débiles y corruptos y avalan las prácticas anticomerciales que en sus países de origen están prohibidas. Es exactamente lo que sucede en Argentina y en Paraná.



Es curioso que no surjan propuestas de este estilo entre concejales y legisladores, que con sus primeros sueldos lo primero que hacen es viajar, principalmente a Europa.
Debido a que se trata de salarios que jamás consiguieron en la actividad privada, de la cual casi ninguno proviene, esta vieja tilinguería de la oligarquía argentina de fascinarse con viajes a Europa es
muy propia de nuestra clase política autóctona. Todos conocemos algún que otro caso. Los periodistas de profesión deben conocer muchísimos más y no los publican por una u otra razón.

El efecto multiplicador del empleo en una ordenanza para un capitalismo sano en Paraná se sentiría inmediatamente en la vuelta de las huertas y la cadena frutihortícola, pues tendrían a quien venderle y a un precio justo. También en empresas agroindustriales moribundas como Cotapa o Cartocor. Los estancieros se verían inmediatamente beneficiados, porque obtendrían mejores precios, distintas fuentes de demanda y mejores plazos de pagos (hoy cobran cheques a 120 días y al precio que pongan los intermediarios de las grandes cadenas de supermercados).

El propio Estado se vería beneficiado porque actualmente los supermercados solo pagan como impuesto significativo el IVA, que en realidad lo pagan los consumidores y va todo para Nación. Limitando la presencia de los supermercados en Paraná, ninguno de los cuales es de capital local, se abrirían cientos de despensas y almacenes que sí pagan tasas municipales y los ominosos impuestos provinciales, que están entre los más regresivos del país desde que asumió el contador Gustavo Bordet.
Por otro lado, se crearía más empleo en las propias cadenas de supermercado si se las obligase a instalarse fuera de la zona urbana (además de que exigirían al municipio que lleguen los colectivos, que haya calles asfaltadas, iluminación y seguridad, como hizo Wal Mart en Paraná). Porque al instalarse en las afueras y tener mayor competencia real, no harían esperar hasta media hora en una cola a la gente. Contratarían más personal o desalentarían al que va a comprar pocas cosas. Por lo tanto, mejorarían el clima laboral que se vive al interior de la empresa.



Otro efecto paradójico es que aumentaría el empleo en el sector financiero. Dejemos de lado la ominosa privatización del banco de Entre Ríos, responsable de nuestro subdesarrollo. Pensemos qué tienen para ofrecer los demás bancos. Hoy en día, nada. Solo acuerdos, hechos en Bs As con grandes firmas comerciales para descuentos con sus tarjetas de crédito. Si de casualidad tienen alguna franquicia local esas grandes firmas, se obtienen los beneficios de ese banco. La mayoría de las veces no existen esos negocios en Paraná.
Al ser Paraná un mercado financiero cautivo y monopólico, no pueden competir con descuentos ni les interesa a la banca privada, que por lo general tiene sucursales por mera presencia de imagen corporativa. Por lo tanto, tienen pocos empleados.


Ampliando el mercado interno y las fuentes de oferta y demanda de compras minoristas, brotarían los créditos a productores, seguros de riesgo a comerciantes, tarjetas de crédito a consumidores. Todo eso requiere de personal capacitado y que conozca el lugar, tal como tienen las ciudades argentinas que cuidan su empleo y su mercado interno.

Se trata de una simple ordenanza municipal prohibiendo la presencia de superficies comerciales de gran tamaño para el comercio minorista dentro del casco urbano. Sus fundamentos legales y políticos son sencillos: se trata de copiar la legislación de los países de origen de los capitales que gerencian esos supermercados.
Es cuestión de voluntad política. Voluntad política que hoy falta y seguirá faltando si la ciudadanía conoce los problemas laborales pero desconoce las posibles soluciones.